El verdadero rival de México no está en la cancha: Armando de la Fuente J
Por Armando de la Fuente
Especial para Arjé Noticias México
Otra Copa del Mundo, otra eliminación en octavos de final y el mismo ritual: ilusión, euforia, justificaciones y, finalmente, frustración. No fue un accidente. Fue el resultado lógico de un sistema que desde hace años dejó de poner al éxito deportivo como su prioridad.
La pregunta ya no es por qué México perdió frente a Inglaterra. La verdadera pregunta es por qué seguimos perdiendo contra nosotros mismos.
Mientras el fútbol mexicano presume estadios modernos, contratos millonarios y una de las ligas con mayor capacidad económica del continente, selecciones como Cabo Verde han demostrado que el dinero no garantiza resultados. Con una estrategia clara, inversión en formación, auditorías transparentes y un sólido programa para detectar talento en su diáspora, construyeron un proyecto competitivo que hoy sorprende al mundo.
México posee mucho más. Sin embargo, obtiene menos.
La raíz del problema está en un modelo que protege la comodidad. La desaparición del ascenso y descenso eliminó la presión por competir; los altos salarios reducen el incentivo para que los jugadores busquen consolidarse en Europa; y los intereses comerciales, muchas veces, pesan más que el desarrollo deportivo.
El fútbol mexicano vive en una burbuja donde casi todos ganan… excepto la selección nacional.
No basta con cambiar entrenadores o señalar errores individuales, como el penalti cometido por Raúl «Tala» Rangel ante Inglaterra. Los errores nacen de procesos. Los campeones también.
La solución exige decisiones incómodas: recuperar el ascenso y descenso, fortalecer verdaderamente las fuerzas básicas, facilitar la exportación de jóvenes a ligas europeas, profesionalizar la gestión deportiva y blindar a la selección de intereses políticos, empresariales o comerciales.
La meritocracia debe volver a ser el principio rector del fútbol mexicano.
La afición está preparada para respaldar un cambio profundo. Lo que ya no está dispuesta a aceptar son discursos reciclados después de cada fracaso mundialista. El aficionado puede perdonar una derrota; lo que no perdona es la falta de ambición.
El talento existe. Lo que falta es un sistema que premie la excelencia y castigue la mediocridad.
Mientras los clubes se administren como franquicias de entretenimiento y no como fábricas de talento, la selección seguirá reflejando esa realidad. El problema nunca ha sido la camiseta; es la estructura que la sostiene.
El verdadero rival de México no viste otro uniforme. Está en casa. Y hasta que no exista el valor para enfrentarlo, cada Mundial terminará exactamente igual: con una nueva promesa de que «la próxima será diferente».
