noviembre 1, 2026

Nuevo León No Solo Se Corrompió, Se Mediocrizó.

“Lo verdaderamente preocupante no es solamente que existan gobiernos corruptos, sino que como sociedad hayamos aprendido a convivir con ellos, justificar sus abusos y aceptar cada vez menos de quienes deberían servirnos.”

¿Ya nos dimos cuenta de lo que le está pasando a Nuevo León? Durante años hemos hablado de corrupción, desvíos de recursos, amiguismo, nepotismo y funcionarios que utilizan el poder para su beneficio. Nos indignamos cuando aparece un nuevo escándalo, comentamos la noticia, compartimos nuestra inconformidad y, unos días después, seguimos adelante como si nada hubiera ocurrido. Nos hemos acostumbrado tanto que la corrupción parece haber dejado de sorprendernos. El “dinero extra” para evitar una multa, el famoso “moche” para agilizar un trámite, el funcionario que insinúa que las cosas pueden resolverse más rápido mediante un “arreglo”. Prácticas que deberían provocarnos rechazo y que, sin embargo, demasiadas veces terminamos considerando parte de la vida cotidiana. Y aquí comienza el verdadero problema. Cuando una sociedad normaliza las irregularidades, no solamente permite que continúen. También va reduciendo sus propias expectativas sobre lo que significa tener un buen gobierno.

DE LA CORRUPCIÓN A LA MEDIOCRIDAD: Hay algo que considero todavía más preocupante que la corrupción: la “mediocrización” de nuestras instituciones. La corrupción desvía recursos, compra voluntades y destruye la confianza. La mediocridad, por su parte, deteriora la capacidad del gobierno para cumplir con sus responsabilidades. Y cuando ambas se combinan, las consecuencias son mucho más profundas. Antes también existían el nepotismo y los nombramientos por compromisos políticos. No debemos idealizar el pasado. Pero al menos se entendía que determinadas responsabilidades requerían conocimientos específicos. Un abogado en el área jurídica. Un ingeniero o arquitecto en obras públicas. Un especialista en finanzas administrando recursos. Hoy debemos preguntarnos cuántos puestos estratégicos se asignan realmente por capacidad y cuántos responden a amistades, lealtades o compromisos políticos. Porque colocar a una persona sin la preparación necesaria en una responsabilidad pública no es solamente una mala decisión administrativa. Puede convertirse en un problema para miles de ciudadanos que dependen de sus decisiones. Eso también es “mediocrizar” al gobierno. Y lo más grave es que terminamos acostumbrándonos a recibir servicios deficientes, trámites complicados, decisiones improvisadas y explicaciones que no explican nada. Como si exigir capacidad, honestidad y resultados fuera pedir demasiado.

QUE ROBEN, PERO QUE HAGAN OBRAS: Pocas expresiones retratan mejor nuestra tolerancia que aquella de: “Que roben, pero que hagan obras”. Otros justifican diciendo que al menos roban poquito. Y nunca falta quien argumenta que los anteriores robaban más. ¿En qué momento convertimos la corrupción en una competencia para determinar quién se aprovecha menos del dinero público? Una obra no justifica un acto de corrupción. Un resultado administrativo no concede permiso para enriquecerse ilegalmente. Y que un gobierno anterior haya cometido irregularidades no vuelve aceptables las del siguiente. La honestidad no debería ser una virtud extraordinaria de un funcionario. Tendría que ser una condición elemental para ejercer el cargo. Lo mismo ocurre con la preparación. No basta con que alguien sea cercano al gobernante, leal a un partido o eficiente para defenderlo en redes sociales. La administración pública requiere conocimiento, experiencia, criterio y responsabilidad. Gobernar no es repartir puestos entre conocidos. Es administrar recursos que pertenecen a todos y tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas.

EL CÍRCULO VICIOSO QUE NOS ESTÁ ATRAPANDO: Pero sería demasiado cómodo responsabilizar únicamente a los políticos. También necesitamos preguntarnos qué hemos hecho nosotros como sociedad. Nos quejamos de la corrupción, pero en ocasiones participamos en ella para resolver un problema. Criticamos el nepotismo, pero buscamos una recomendación cuando necesitamos un favor. Rechazamos los abusos, pero muchas veces guardamos silencio cuando no nos afectan directamente. Y cuando llega una elección, una parte de la ciudadanía termina decidiendo por simpatía, por enojo, por rechazo al anterior o simplemente por el color de una camiseta. Así se alimenta un círculo vicioso. Los gobiernos que defraudan la confianza provocan desencanto y apatía ciudadana. Y esa apatía reduce la vigilancia pública y facilita que las malas prácticas continúen. Entonces aparece la frase que tanto daño nos hace: “¿Para qué votar, si todos son iguales?”. No, no todos son iguales. Pero tampoco podemos seguir entregando nuestra confianza sin revisar trayectorias, capacidades, propuestas y antecedentes. Cambiar de partido no garantiza cambiar de prácticas. Y cambiar de gobernante sin modificar nuestras exigencias puede terminar reproduciendo los mismos problemas que tanto criticamos.

¿EN QUÉ MOMENTO DEJAMOS DE EXIGIR?: Nuevo León ha construido buena parte de su identidad alrededor del trabajo, la preparación, el esfuerzo y la capacidad para hacer las cosas bien. Por eso resulta necesario preguntarnos si estamos aplicando esos mismos criterios a quienes administran nuestros recursos y toman decisiones públicas. ¿Por qué exigimos experiencia para dirigir una empresa, pero toleramos improvisación en responsabilidades gubernamentales? ¿Por qué pedimos resultados a nuestros trabajadores, pero aceptamos explicaciones insuficientes de nuestros funcionarios? ¿Y por qué nos indignamos ante un escándalo de corrupción, pero después dejamos de exigir que se investigue y, cuando corresponda, se sancione? No se trata de afirmar que todos los servidores públicos sean corruptos o incapaces. Hay personas honestas y preparadas trabajando en las instituciones, muchas veces enfrentando condiciones difíciles. Precisamente por ellas también debemos exigir que el mérito y la capacidad vuelvan a ocupar el lugar que les corresponde. Porque cuando la lealtad personal vale más que la preparación, las instituciones terminan pagando las consecuencias.

EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE QUIÉN GOBIERNA: Rumbo a 2027 volveremos a escuchar promesas de cambio, discursos contra la corrupción y compromisos para transformar Nuevo León. Pero quizá deberíamos comenzar por cambiar nuestras preguntas. No solamente quién quiere gobernar, sino qué sabe hacer, qué experiencia tiene, con quién piensa trabajar y cómo responderá por sus decisiones. No solamente cuántas obras promete, sino cuánto costarán, cómo se contratarán y qué beneficios reales producirán. Y no solamente qué partido representa, sino qué principios y capacidades demuestra en los hechos. La corrupción no debe convertirse en una costumbre. La incompetencia no debe aceptarse como una consecuencia inevitable de la política. Y la mediocridad no puede seguir siendo el precio que pagamos por nuestra indiferencia. Nuevo León necesita recuperar algo más importante que la confianza en un partido o en un gobernante: necesita recuperar su capacidad de exigir. Porque quizá el problema no comenzó solamente en el gobierno. Es posible que haya comenzado el día que dejamos de exigir, cuando confundimos el hartazgo con la conformidad y terminamos aceptando como normal aquello que antes nos parecía inaceptable. Nuevo León no solamente corre el riesgo de acostumbrarse a la corrupción. Corre el riesgo de acostumbrarse a la mediocridad. Y una sociedad que deja de exigir mejores gobiernos termina reduciendo las posibilidades de tenerlos. La pregunta ya no es solamente qué estánhaciendo nuestros gobernantes. La pregunta es: qué estamos dispuestos a seguir tolerando nosotros.

¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!

“Porque Nuevo León no necesita más ruido, más excusas ni más personajes. Necesita gobierno. Y, hoy más que nunca, necesita mucho más rumbo”.

Mtro. Miguel H. Botello Treviño     Correo electrónico: mickbotello@gmail.com

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