Decidir: La Competencia que Define a un Gobernante
“Gobernar no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en tomar las mejores decisiones posibles cuando nadie las tiene.”
En las entregas anteriores hemos construido una idea que hoy vale la pena recordar. Elegir un gobernador no debería ser un acto de simpatía ni de popularidad. Debería ser un ejercicio de evaluación. También comprendimos que ganar una elección y saber gobernar son cosas distintas. Y concluimos que gobernar exige competencias que se desarrollan con preparación, experiencia y liderazgo. La primera de ellas fue la integridad. Porque sin integridad, ninguna otra capacidad puede generar confianza. Ahora corresponde analizar otra competencia indispensable. La capacidad para tomar decisiones. A simple vista podría parecer una habilidad común. No lo es. De hecho, pocas responsabilidades son tan complejas como decidir en nombre de millones de personas. Todos tomamos decisiones todos los días. Elegimos una profesión, un empleo, una inversión o el rumbo que queremos dar a nuestra vida. Un gobernador enfrenta una realidad completamente diferente. Cada decisión que adopta repercute en la seguridad de las familias, en la economía, en el desarrollo del estado, en la confianza para invertir y, en muchas ocasiones, en el futuro de varias generaciones. Por eso gobernar no significa evitar las decisiones difíciles. Significa enfrentarlas con responsabilidad. Existe la idea de que un buen gobernante es aquel que nunca se equivoca. La experiencia demuestra exactamente lo contrario. Los mejores gobiernos no son los que jamás cometen errores. Son aquellos que deciden con oportunidad, sustentan sus determinaciones en información, escuchan a quienes saben más que ellos y tienen la madurez para corregir cuando la realidad demuestra que es necesario hacerlo. También conviene hablar de algo que pocas veces se reconoce. La indecisión tiene un costo. Un proyecto que nunca se autoriza. Una crisis que no se atiende a tiempo. Una obra que permanece detenida. Una inversión que se pierde por falta de certeza. Un problema que se agrava porque nadie quiso asumir la responsabilidad de resolverlo. En el servicio público, no decidir también es una decisión. Y con frecuencia resulta la más costosa de todas. Por eso, cuando llegue el momento de evaluar a quienes aspiren a gobernar Nuevo León, quizá convenga dejar de preguntar únicamente qué proponen. Las preguntas realmente importantes son otras. ¿Ha tomado decisiones complejas a lo largo de su trayectoria? ¿Ha sabido asumir responsabilidades cuando las circunstancias eran adversas? ¿Escucha antes de decidir? ¿Explica las razones de sus decisiones? ¿Tiene la humildad para rectificar cuando la evidencia demuestra que estaba equivocado? Las respuestas a estas preguntas dicen mucho más sobre una persona que cualquier promesa de campaña. Porque las campañas muestran intenciones. Las decisiones revelan carácter. Existe además un aspecto que merece especial atención. Decidir no significa actuar solo. Los mejores gobernantes escuchan, consultan, analizan distintas perspectivas y, una vez que cuentan con los elementos suficientes, asumen la responsabilidad de decidir. Escuchar no debilita el liderazgo. Lo fortalece. Las decisiones verdaderamente importantes casi nunca ofrecen opciones perfectas. Con frecuencia obligan a elegir entre alternativas igualmente complejas, administrar recursos limitados, establecer prioridades y asumir costos políticos que nadie desea enfrentar. Ahí es donde realmente se conoce la capacidad de un gobernante. No cuando todo marcha bien. Sino cuando aparecen la incertidumbre, la presión y la urgencia. Porque una campaña puede construirse con discursos. Un gobierno, en cambio, termina siendo recordado por las decisiones que tomó… y también por aquellas que nunca se atrevió a tomar. En la siguiente entrega analizaremos otra competencia indispensable: el liderazgo. Porque gobernar no consiste únicamente en decidir correctamente; también exige la capacidad de inspirar, coordinar y conducir a las personas e instituciones encargadas de convertir esas decisiones en resultados.
¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!
“Porque hoy más que nunca, Nuevo León necesita menos ruido… y mucho más rumbo”.
Mtro. Miguel H. Botello Treviño Correo electrónico: mickbotello@gmail.com
