¿Cómo Elegir Bien Si No Hay De Dónde
“Nos dicen que los ciudadanos elegimos mal. Pero antes de responsabilizarnos por los malos gobiernos, habría que preguntarnos quién selecciona a los candidatos, bajo qué intereses y por qué siempre terminamos escogiendo entre las mismas opciones.”
Durante años nos han repetido que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. En Nuevo León, esa sentencia suele traducirse de una manera todavía más severa: tenemos malos gobiernos porque no sabemos elegir. La explicación parece lógica. Al final, somos los ciudadanos quienes acudimos a las urnas y depositamos el voto. Pero hay una pregunta que casi nunca se formula: ¿Cómo puede una sociedad elegir bien cuando las opciones son malas, insuficientes o representan precisamente aquello que se quiere cambiar? La ciudadanía vota, es cierto. Sin embargo, cuando recibe la boleta, las decisiones más importantes ya fueron tomadas. Los partidos eligieron a sus candidatos, los grupos de poder acomodaron sus intereses, las dirigencias negociaron posiciones y las estructuras cerraron el paso a quienes no pertenecen a sus círculos. Después nos presentan tres o cuatro nombres y nos dicen que somos libres de elegir.
MALES QUE NO SE VAN
Nuevo León cambia de gobernador, de partido, de color y hasta de estilo, pero sigue arrastrando problemas que parecen haberse instalado para siempre. La inseguridad regresa. La movilidad empeora. La contaminación se vuelve parte del paisaje. Las finanzas públicas se comprometen, las instituciones se debilitan y la confrontación política consume el tiempo que debería dedicarse a resolver. Cada seis años escuchamos que ahora sí llegará el cambio. Aparecen nuevas campañas, se renuevan las frases, cambian las fotografías y vuelven las promesas. Después ocurre lo mismo. Quienes prometieron escuchar dejan de hacerlo. Los que ofrecieron transparencia comienzan a ocultar. Quienes aseguraron ser diferentes terminan repitiendo las prácticas que antes condenaban. Algunos cambian de partido con una facilidad sorprendente y luego intentan convencernos de que siempre han defendido aquello que hasta hace poco combatían. Dan una cara durante la campaña y muestran otra cuando llegan al poder. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿realmente elegimos mal o simplemente escogimos entre lo malo y lo menos malo?
UNA OFERTA POLÍTICA DEFICIENTE
Cuando algo falla de manera recurrente, no basta con responsabilizar a quien hizo la última elección. También hay que revisar quién diseñó las opciones y bajo qué intereses fueron seleccionadas. En política sucede lo contrario. Los partidos postulan candidatos sin la preparación suficiente, reciclan personajes, privilegian la popularidad, reparten posiciones y protegen intereses. Pero cuando el gobierno fracasa, responsabilizan al ciudadano por haber votado mal. Es una explicación demasiado cómoda. No puede exigirse una buena elección cuando la oferta política fue previamente empobrecida. Tampoco puede pedirse confianza cuando los candidatos prometen una cosa, gobiernan de otra manera y después aparecen defendiendo las siglas que antes cuestionaban. El problema comienza mucho antes de la jornada electoral. Comienza cuando una candidatura se entrega por parentesco, obediencia partidista, nivel de conocimiento, capacidad económica o cercanía con alguna dirigencia. Cuando importa más ganar la elección que saber gobernar. Cuando la experiencia, la integridad, la preparación y los resultados dejan de ser requisitos y se convierten en palabras que todos repiten durante la campaña.
TRES OPCIONES Y LA MISMA DUDA
Bajo el escenario actual, Nuevo León parece encaminarse nuevamente hacia tres opciones conocidas. Morena colocó al frente de su proyecto estatal a una figura que ya compitió por la gubernatura. El PRIAN y sus posibles aliados se perfilan alrededor de un político que también participó en aquella elección. Movimiento Ciudadano parece inclinarse por una candidatura vinculada directamente con el gobierno actual. Son perfiles distintos y cada uno tiene su propia trayectoria. Sin embargo, ninguno representa hasta ahora una ruptura clara con la política que nos condujo a la situación presente. Una opción representa el regreso. Otra, la continuidad de las estructuras tradicionales. La tercera, la prolongación del grupo que actualmente gobierna. Ese escenario puede resultar conveniente para los partidos, pero es insuficiente para una sociedad que busca algo diferente. No basta con ser conocido, tener seguidores, aparecer diariamente en redes sociales o contar con una estructura electoral. Nuevo León necesita experiencia, preparación, independencia, capacidad para construir acuerdos y conocimiento real de la administración pública. Necesita un liderazgo que pueda gobernar desde el primer día, sin utilizar los primeros años para descubrir qué significa dirigir un estado. Hasta ahora no aparece una alternativa fresca que reúna también la experiencia necesaria. Vemos nombres nuevos sin las capacidades suficientes y personajes experimentados que representan las mismas prácticas que la ciudadanía quiere dejar atrás. Otra vez parecemos destinados a escoger entre los malos y los peores.
EL CIUDADANO AL FINAL DE LA FILA
Los partidos hablan constantemente de la ciudadanía. La mencionan en sus discursos, la incluyen en sus documentos y aseguran que todas sus decisiones se toman pensando en ella. Pero cuando llega el momento de definir las candidaturas, el ciudadano queda al final de la fila. Se le busca para llenar eventos, promover mensajes, defender proyectos y votar. Rara vez se le permite participar en la definición del rumbo o competir en condiciones justas frente a las estructuras tradicionales. Fuera de los partidos existen mujeres y hombres con experiencia profesional, capacidad técnica, trayectoria pública y conocimiento de Nuevo León. Personas que podrían encabezar una alternativa seria, pero que no cuentan con padrinos, grupos económicos o maquinarias partidistas. No faltan ciudadanos preparados. Lo que falta es un sistema político dispuesto a abrirles la puerta. Hasta ahora, sólo parece necesitarlos para que apoyen a alguien más. Reconocer que la oferta política es deficiente no nos libera de responsabilidad. Nos obliga a ejercerla mucho antes de llegar a la urna. Debemos exigir procesos abiertos, comparar trayectorias, revisar resultados y preguntar quién financia cada proyecto. También observar quién cambia de convicciones según el partido que le ofrece una candidatura y quién ha mantenido una conducta congruente a lo largo de su vida. Tenemos que dejar de premiar el espectáculo, la ocurrencia y la popularidad sin capacidad. Y, sobre todo, debemos organizarnos para impulsar alternativas. Si permitimos que los partidos decidan todo, volveremos a recibir una boleta construida por los mismos grupos y tendremos que escoger, una vez más, entre opciones que no representan lo que Nuevo León necesita. Hasta hoy tenemos tres posibilidades poco alentadoras. La salida está en construir una opción ciudadana, competente y positiva. De nosotros dependerá que aparezca, crezca y pueda competir. Nuevo León no está condenado a elegir mal. Está atrapado en un sistema que durante demasiado tiempo le ha impedido elegir bien. Romper ese círculo exige abrir las puertas, elevar los requisitos y colocar el interés público por encima de los acuerdos partidistas. Porque la democracia no consiste únicamente en votar por alguno de los nombres que otros decidieron. También significa tener la posibilidad de construir y respaldar una alternativa en la que verdaderamente podamos creer.
¡¡La decisión, como siempre, queda en manos de usted, estimado lector!!
“Porque Nuevo León no necesita más ruido, más excusas ni más personajes. Necesita gobierno. Y, hoy más que nunca, necesita mucho más rumbo”.
Mtro. Miguel H. Botello Treviño Correo electrónico: mickbotello@gmail.com
