noviembre 4, 2026

Estrategia ante la guerra sucia electoral

La estrategia de desprestigio, calumnia y difamación de un adversario electoral es parte de planes de las campañas en todo el mundo, no algo privativo de México. Se practica por estrategas sin escrúpulos morales y hasta por quienes honestamente lo creen “normal” o “inevitable”. ¿Qué hacer al respecto?

Ante la guerra sucia electoral (o política en general), deben cubrirse varios frentes. El primero es la preparación psicológica para enfrentarla: tragarse el enojo, la furia y reaccionar con frialdad para contraatacar y neutralizarla. Mente fría para no enredar las cosas y que la defensa no sea contraproducente.

Como un estratega militar, el político y su equipo de apoyo deben dedicar grandes esfuerzos de investigación y deducción para anticipar acciones agresivas. Así reduce la sorpresa de cómo pueden pegarle en medios de comunicación o por campañas de rumores. Cualquier militar sabe que la sorpresa es clave en batalla, y ponerse en los zapatos del adversario es muy útil para prevenirse.

Debe preverse lo mejor posible el por dónde, el con qué y el cuándo seremos difamados, con hechos ciertos o falsos, o verdades a medias, torcidas. Los estrategas, con sesiones tipo “think-tank”, preverán ataques y estarán listos.

Recordar el Evangelio: “Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz”.

Un experto en guerra sucia política hurga en lo más recóndito de la vida y milagros de candidatos, familias, amigos y asociados, busca materia para construir ataques o campañas completas de desprestigio. No tienen que ser verdades, solo ataques creíbles para el electorado. Para planear la defensa ante la guerra sucia por venir, los estrategas deben hacer exactamente lo mismo: hurgar en los puntos débiles de sus candidatos. Es más, publicar el flanco débil primero puede evitar ataques quitándoles materia.

¿Hay forma de evitar la guerra sucia electoral, producto de mentes moralmente corruptas de políticos y asesores? Probablemente no totalmente, pero sí se puede reducir al mínimo con diversas acciones, como son la denuncia inmediata ante la autoridad electoral, la respuesta también inmediata de ésta, con retiro de propaganda en medios y sanciones.

¿Cómo puede combatirse la guerra sucia, además de la denuncia a la autoridad, bien publicitada? Desmintiéndola, poniéndola en evidencia, por comunicados y declaraciones a los medios, por ejemplo. La enorme influencia de las redes sociales debe usarse a favor ante los ataques. Por otra parte, con auténtica denuncia de hechos ante la ciudadanía, bien presentada, de acciones y políticas torcidas e ilegales de los priistas en gobierno. Se hace esto, pero falta más.

Una vez aparecida la nota sucia destacada, la columna política pagada, el desplegado o la entrevista al aire, el mensaje o imagen de redes sociales, la réplica aclaratoria debe ser inmediata. Electoralmente, las horas cuentan. 

Otra preparación es prever acciones ante los medios por un gazapo, un error en entrevistas (sobre todo de las llamadas “de banqueta”) del candidato o por haber usado un lenguaje fácilmente distorsionable como ataque del adversario. Prepararse y hacer de inmediato las aclaraciones del caso puede ser vital.

Por último, no olvidar que “el fin NO justifica los medios”, y no hacer guerra sucia ofensiva. Pero sí debemos conocer al adversario y tener datos ciertos, denuncias y su propia campaña política, para hacerle legítimas descalificaciones, presentar su verdadera cara, falsas promesas y violaciones en curso de la legislación penal electoral.

La línea divisoria entre la denuncia y la ofensiva sucia es poco definida, pero debemos aclararla y respetarla. El viejo refrán de que “amor con amor se paga” no significa lodazal se paga igual con lodo. Los buenos estrategas político-electorales saben muy bien cómo tratar y enfrentar campañas de desprestigio.

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