noviembre 3, 2026

Cuando el poder convierte la carencia en virtud y manda la cuenta a quienes dice honrar

«Los hombres, en general, juzgan más por los ojos que por las manos,

porque a todos es dado ver, pero a pocos tocar.

Todos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres.»

— Maquiavelo, El Príncipe, cap. XVIII

EL MÉXICO ELEGIDO

López Obrador y Sheinbaum eligieron un México para gobernar, y ese México no existe. Es un país rural,

primitivo, ignorante y vulgar, armado desde el poder y presentado como reserva moral de la nación. El

otro, el mayoritario, queda fuera del cuadro: el de las ciudades, las fábricas, las aulas y las familias que se

endeudan para que sus hijos vivan mejor que ellas.

La elección no es folclor. Es método. Sheinbaum proclama que la grandeza cultural de México está en los

pueblos originarios y que gobierno y pueblo son lo mismo. Las dos frases se completan: la primera fija

dónde está la virtud y la segunda declara que quien manda la posee. Desde ese momento, criticar al

gobierno equivale a ofender al pueblo, y señalar la pobreza de ese México equivale a despreciarlo.

Lo que se presenta como homenaje es lo contrario. Quien glorifica la carencia ya decidió que el carente

no saldrá de ella.

EL PRESTIGIO AL REVÉS

La promesa moderna de México fue el ascenso: estudia, trabaja y tus hijos vivirán mejor. Se cumplió para

muchos, hoy una amplia clase media, pero los excesos de quienes gobernaban la descarrilaron y su fracaso

dejó un vacío. López Obrador lo llenó con una oferta más barata: no necesitas subir, porque ya eres mejor

que los de arriba.

Weber describió esa operación en las religiones de los desposeídos: cuando no se puede cambiar el lugar

en el mundo, se ofrece un sentido que lo vuelve superior. El pueblo bueno es esa teodicea en versión de

mañanera. La transferencia pone el dinero, el discurso pone el estatus, y juntos producen lealtad.

El viejo nacionalismo revolucionario también exaltó al pueblo, pero Vasconcelos lo hizo con escuelas,

bibliotecas y clásicos en las manos de todos. Quería elevarlo. La 4T quiere retratarlo. Cambió la ventana

por el espejo.

1.EL DESPRECIO POR EL SABER

Para que la carencia sea virtud, el saber debe ser sospechoso. De ahí la fórmula de noventa por ciento de

honestidad y diez de experiencia, que vale por una doctrina de Estado: la lealtad sustituye a la competencia

y nadie puede medirla. De ahí también la advertencia de López Obrador a quienes ascienden: que no se

vuelvan ladinos ni sabiondos. El pobre que estudia y deja de necesitar al gobierno es el verdadero peligro.

La consecuencia es una guerra contra quien puede revisar las cuentas. El técnico estorba, el académico

conspira, el auditor miente. Cuando la Auditoría Superior calculó el costo de cancelar Texcoco, López

Obrador la llamó exagerada y, horas después, ella reconocía inconsistencias. El Coneval, que medía la

política social desde fuera del gobierno, desapareció. Cuando PISA exhibió la caída, la SEP restó

importancia a la prueba.

Sheinbaum es el caso más elocuente. Es doctora, debe su carrera a todo lo que su discurso devalúa, y aun

así repite la liturgia. López Obrador podía alegar biografía. Ella solo puede alegar herencia. Nadie sabe

mejor lo que vale una buena escuela, y por eso su complicidad pesa más.

EL CAPRICHO CON PRESUPUESTO

Un gobierno que desprecia el saber decide por símbolo, y el símbolo siempre sale caro. Texcoco se canceló

con un costo que el gobierno estimó en 100 mil millones de pesos; las cuentas oficiales posteriores lo

situaron entre 113 mil y 163 mil millones, y la obra quedó enterrada. Dos Bocas se estimó en unos 8,900

millones de dólares y terminó en casi 332 mil millones de pesos, más del doble. El Tren Maya triplicó su

presupuesto original.

Segalmex, creada para impulsar el campo y distribuir alimentos, es la estampa perfecta. La Auditoría

Superior reportó irregularidades por más de 15 mil millones de pesos en sus primeros tres años, el doble

de la Estafa Maestra. El gobierno rebajó la cifra a 2,700 millones, y López Obrador la llamó la mancha que

se llevaba. El dinero del pueblo bueno se esfumó en el organismo creado para servirle.

LA FACTURA DEL PUEBLO BUENO

La factura no llega a Palacio Nacional. Llega a la ventanilla. El Seguro Popular se eliminó para crear el Insabi,

un organismo improvisado que desapareció en 2023. Las recetas no surtidas pasaron de 7.5 millones en

2019 a 24 millones en 2021, según Cero Desabasto. Ese es el precio real de la retórica: el enfermo pobre,

sin aseguradora ni farmacia privada, sale con la receta en la mano.

La escuela cobra más tarde y cobra más. En matemáticas, México bajó de 409 puntos en 2018 a 395 en

2022 y a 388 en PISA 2025, su nivel más bajo desde 2006. Al joven que no aprendió a razonar a los quince

años nadie le devuelve ese tiempo.

Entretanto, López Obrador prometió crecer 4% anual y dejó 0.81%, y Sheinbaum admite que la deuda de

Pemex frena la reducción del déficit. Se repartió lo que había sin construir lo que faltaba. La transferencia

alivia este mes; la mala escuela, el hospital vacío y la economía estancada se quedan décadas. Un puente

caído se levanta en años. Una generación mal educada no se repone.

2.LA PANDILLA Y EL ESPEJO

Mientras se predicaba la justa medianía, la cúpula salía de viaje. Circularon los helicópteros, los hoteles, la

ropa de marca y las fiestas de quienes juraron vivir con poco. Sheinbaum regaña y luego apapacha.

Proclama que no hay justificación para el lujo y, según recogió The New York Times, resuelve el reclamo

con la fórmula que absuelve a todos: ¿quién nos juzga? El pueblo.

Ahí se cierra el círculo. El pueblo exaltado funciona como un tribunal que nunca sesiona. Una pandilla de

ambiciosos puede abusar y dilapidar porque se ampara en quienes dice representar.

La ostentación tiene su lógica. La contención era una norma sostenida por quienes tenían autoridad para

avergonzar: la escuela, la prensa, la clase media. Declarada ilegítima esa autoridad, nadie puede decir que

algo es demasiado. La desmesura deja de ser falta y pasa a ser identidad, y quien la señala queda marcado

como clasista. El exceso se exhibe sin pudor porque ya nadie tiene derecho a sonrojar a nadie.

LO QUE PARECES, LO QUE ERES

Maquiavelo sabía que los hombres juzgan más con los ojos que con las manos. La 4T lo aprendió bien:

ofrece al ojo un pueblo glorioso, un Zócalo lleno y una austeridad de discurso. Pero la mano llega tarde o

temprano. Toca el mostrador de la farmacia, el examen reprobado, la obra que costó el doble.

El México que exaltan no necesita su elogio. Necesita lo que le negaron: escuelas que enseñen, hospitales

surtidos, un Estado que sepa hacer cuentas. Respetar a un pueblo es exigirle más y darle con qué. Elogiar

su ignorancia es la forma más rentable de perpetuarla, y de esa renta, a fin de cuentas, ha vivido esta

pandilla.

En el pecado llevarán la penitencia. Sus supuestos adversarios son mayoría. Su desencanto y su irritación

se evidencian todos los días, y el grito de «¡Fuera Sheinbaum! ¡Fuera Morena!» no sale en las encuestas

pagadas. Los exacerba la propia mañanera: cada discurso y cada explicación van dirigidos a un pueblo de

idiotas. Ese pueblo no existe. El México elegido siempre fue una ficción, y el México real empieza a notar

que le hablan como si fuera aquel.

En este momento y en estas circunstancias, las experiencias de Serbia y de Hungría adquieren enorme

relevancia.

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