Cuauhtémoc y Dolores
Se fueron ambos el 28 de octubre, un luchador por la democracia, coherente, decente. Una defensora de los derechos de los más vulnerables. ¡Sí se puede!
En la vida profesional se conocen muchos personajes. Algunos se olvidan, a otros preferiríamos no recordarlos y algunos dejan huella. Es el caso de Cuauhtémoc Cárdenas y Dolores Huerta.
Cuauhtémoc Cárdenas, referente ineludible de la transición democrática en México. Lo recuerdo en Madrid en 1990. Llegó acompañado de su madre, Doña Amalia Solórzano y su hijo del mismo nombre. Lo habían invitado a la Universidad Complutense. Inocencio Arias, secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores español, telefoneó al entonces encargado de negocios en España, Agustín Gutiérrez Canet, para solicitar una reunión con Cárdenas. Gutiérrez Canet pidió instrucciones a la cancillería. No dieron instrucciones, le dejaron la responsabilidad de la decisión. Hizo lo que un demócrata, agendar la reunión y acompañar a Cárdenas a la misma.
Arias preguntó a Cárdenas, ¿quién ganó las elecciones en México de 1988? El ingeniero respondió que él. Tras la entrevista, Gutiérrez Canet, mi esposo, informó a México de la conversación e invitó a comer al ingeniero, su madre y su hijo un cocido en Lhardy. Puso a disposición de doña Amalia el auto de la embajada diciéndole: “No puedo permitir que la viuda del general Cárdenas, tan respetado en España, ande en taxi en Madrid”. Doña Amalia me regaló una bolsa de noche que había usado como primera dama. La conservo y atesoro.
No por coincidencia, semanas más tarde llegó la orden de traslado fulminante a mi esposo y nuestra familia al otro lado del mundo: Hong Kong. El compromiso con la democracia y la coherencia tuvo consecuencias.
Años después coincidí con el Ing. Cárdenas en la escuela de nuestras hijas, en reuniones con diplomáticos extranjeros y alguna comida con la gran Ifigenia Martínez y el inolvidable Porfirio Muñoz Ledo. Sin ellos y su valor cívico, México no hubiera alcanzado la democracia, ahora amenazada.
Al llegar a Washington una de mis prioridades fue reunirme con la Unión de Campesinos (United Farmworkers Union), el sindicato de trabajadores agrícolas más conocido y respetado en EU. Fue fundado por César Chávez y Dolores Huerta, a la que admiraba profundamente. Acuñó el lema ¡Sí se puede! Yes we can! Barack Obama lo hizo aún más famoso.
Tuve varias reuniones con su líder y sucesora Teresa Romero, nacida en México, discípula y amiga de Dolores. Conversamos sobre el sindicato, las visas H2-A, su cambio de posición respecto a los trabajadores indocumentados a los que combatieron en un inicio y luego defendieron sus derechos laborales. Dolores Huerta y Teresa recibieron el premio OHTLI del gobierno mexicano por su apoyo a nuestra comunidad en EU. Dolores en 1998. A Teresa se lo entregué en 2019.
Dolores Huerta calló por años las agresiones sexuales de César Chávez. Las hizo públicas en un acto de valentía. Pocos días antes de morir hacía campaña en favor de Xavier Becerra, el próximo gobernador de California y primero de origen mexicanoamericano.
Por Martha Bárcena Coqui
@Martha_Barce
Embajadora Eminente
