Ya sabemos qué hacer para echar a la 4T
Del diagnóstico al cómo: ideas para quitarle la mayoría calificada
«No hay cosa más difícil de emprender, ni más dudosa de lograr, ni más peligrosa de manejar,
que ponerse a la cabeza de la introducción de un nuevo orden de cosas.» — Nicolás
Maquiavelo, El Príncipe, cap. VI
Este ensayo no es una estrategia. Es una primera colección de ideas, sacadas de lo ocurrido en Hungría, en
Serbia y en el Maidán de Kiev, sobre cómo puede derrotarse a un régimen autoritario arraigado como la
Cuarta Transformación. De esas experiencias se desprenden condiciones que se repiten y que valen para
México.
El vehículo que gana es nuevo. Lo encabeza alguien que conoce el sistema por dentro. Enfrenta al
oficialismo con un solo candidato en cada plaza en juego. Construye su causa con expedientes, no con
abstracciones. Lleva a votar a los ciudadanos de forma masiva. Y defiende la elección con la verificación
independiente de cada voto.
El texto aplica esas condiciones al México de 2027: la aritmética distrital que dejó la elección de 2024, la
sobrerrepresentación que convirtió una mayoría de votos en una mayoría calificada y los 91 distritos que
separan a la 4T de los 334 escaños que necesita para reformar la Constitución por sí sola.
No hay aquí un plan acabado, sino un punto de partida. Lo que sigue —candidaturas, alianzas, organización
territorial, la red que reúna y publique las actas— les toca a quienes puedan llevarlo del dicho al hecho.
Apelamos a ciudadanos honestos, preparados, preocupados y capaces de aportar ideas y formas de
organización para el caso mexicano. A la manera de Serbia: lejos de los partidos, de los intelectuales y de
las organizaciones sociales y empresariales. Ninguno ha dado resultado en el pasado reciente.
EL TAMAÑO DEL ADVERSARIO
La Cuarta Transformación cumple ocho años en el gobierno federal, y la corriente de la que proviene
gobierna la capital desde 1997. Por su duración pertenece a la misma familia que Fidesz, dieciséis años en
el poder en Hungría, y que el Partido Progresista Serbio, que gobernaba Serbia desde 2012. En 2026 ambos
cayeron en las urnas: Viktor Orbán el 12 de abril, Aleksandar Vučić el 25 de octubre.
Ninguno cayó ante la oposición que los había combatido durante su hegemonía. Ambos cayeron ante
formaciones ciudadanas que dos años antes no existían. Esa es la coincidencia de origen; de ella se
desprenden todas las demás.
1.EL VEHÍCULO DEL CAMBIO
En Hungría, Tisza se fundó en 2024. Su líder, Péter Magyar, venía del propio Fidesz y rompió con él a raíz
de un escándalo de gobierno. En abril obtuvo cerca del 53 por ciento de los votos y más de dos tercios del
Parlamento, con una participación cercana al 80 por ciento, la más alta de la historia democrática húngara.
Orbán reconoció la derrota esa misma noche.
En Serbia, el movimiento estudiantil se negó durante dos años a entregar su conducción a los partidos de
oposición. Llegó a la elección como Lista Estudiantil, encabezada por un cardiólogo, con catedráticos,
maestros y especialistas en sus candidaturas y sin un solo estudiante entre ellas. Obtuvo entre 135 y 140
de los 250 escaños de la Asamblea.
Un régimen autoritario arraigado no se derrota con las marcas que ya perdieron contra él, ni con marcas
nuevas encabezadas por políticos viejos. La oposición y los políticos históricos cargan dos lastres: el pasado
que el régimen les imputa y la derrota que el electorado ya les asestó.
El vehículo que gana reúne tres rasgos. Es nuevo. Lo encabeza alguien que conoce el sistema por dentro,
sin ser su rostro y sin ataduras políticas o empresariales. Y presenta un solo candidato frente al oficialismo
en cada distrito. En México, la tercera condición es aritmética antes que política.
En 2024, Fuerza y Corazón por México y Movimiento Ciudadano compitieron por separado, y en Jalisco y
Nuevo León, gobernados por Movimiento Ciudadano, la oferta opositora llegó partida en dos.
EL TERRITORIO
En Hungría, Magyar dedicó meses a recorrer el campo húngaro, la base rural sobre la que Orbán había
construido cuatro mayorías consecutivas. Budapest votaba contra Fidesz desde hacía años; la elección se
decidió fuera de ella.
Un régimen clientelar se sostiene en el voto de quienes reciben sus transferencias, y ese voto se mueve
cuando el beneficiario deja de temer que el cambio le quite lo que tiene. En México los programas sociales
son la base de la 4T en el sur, en el campo y en las periferias urbanas. La oposición que los pone en duda
entrega ese voto; la que los garantiza por escrito lo vuelve disputable.
Esta lección opera en una escala distinta de la distrital. El voto del sur y del campo no decide los distritos
que se examinan más adelante, casi todos urbanos, pero sí la lista de representación proporcional, que es
la otra parte de la aritmética. Cada punto que la 4T pierde en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla
o Michoacán le cuesta diputados plurinominales, aunque no le cueste un solo distrito.
En estas zonas, el abandono, la indiferencia ante la violencia que expulsa a la gente de sus tierras y la falta
de servicios básicos para los marginados y los más pobres son caldo de cultivo para que la población le
pase la cuenta al gobierno de Sheinbaum. Son personas con poca instrucción, pero con mucho orgullo y
resentimiento por las promesas que Morena y sus aliados llevan ocho años sin cumplir.
LAS CAUSAS QUE MOVIERON EL MARCO
Serbia no salió a la calle por el Estado de derecho. Salió el 1 de noviembre de 2024, cuando la marquesina
recién renovada de la estación de Novi Sad se desplomó y mató a dieciséis personas.
2.Los estudiantes atribuyeron la tragedia a la corrupción en la obra, y la exigencia de responsabilidades
derribó al primer ministro en enero de 2025. De ahí en adelante, cada demanda del movimiento remitió a
esos dieciséis nombres.
Durante meses, los serbios guardaron dieciséis minutos de silencio a las 11:52, la hora del derrumbe: uno
por cada muerto. La indignación que moviliza tiene muertos con nombre y una cadena de responsables
identificable. La corrupción abstracta no saca a nadie de su casa.
México tiene ese material desde hace años: los veintiséis muertos de la Línea 12, el niño sin quimioterapia,
el comerciante que paga piso, el despojo de viviendas en las capitales, los desplazados del sur, los
desaparecidos, los pacientes que duermen en sillas o en el suelo.
En cada caso aparece el régimen, por negligencia, por protección o por complicidad. La causa no se
construye con la palabra democracia. Se construye con esos expedientes. La gente se moviliza por miedo
o por coraje. El miedo ya quedó atrás.
LA CALLE Y LA CASILLA
En Ucrania, Maidán es la lección inversa. Entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, la protesta en Kiev
derribó a Víktor Yanukóvich, que huyó del país. La calle ganó sin cauce institucional, y lo que siguió fue la
agresión rusa: la anexión de Crimea y la guerra en el Donbás. Una movilización que no se traduce en votos
produce ruptura, no alternancia.
Serbia hizo lo contrario. Los estudiantes sostuvieron la protesta casi dos años, cambiaron su demanda de
renuncias a elecciones anticipadas, registraron su lista ante la comisión electoral en septiembre y ganaron
en octubre. La energía de la calle se convirtió en candidaturas, en representantes y en votos.
En México, las marchas valen lo que valga su conversión en estructura electoral: un representante en cada
una de las más de 170 mil casillas, la defensa del cómputo distrital y una participación que rompa el techo
de las intermedias.
Hungría lo muestra en una cifra: casi seis millones de húngaros votaron, y esa participación récord derrotó
a Orbán. México, en cambio, tiene clases medias y jóvenes que no votan. El reto es movilizarlos sin
depender de los partidos, de liderazgos efímeros ni de marchas dominicales con bloqueador, sombrero,
playera del color de moda y protagonistas de ocasión.
LA ARITMÉTICA PARA 2027
En 2021 la coalición de la 4T obtuvo 44.3 por ciento del voto distrital y ganó 183 distritos; Va por México,
41 por ciento y 110; Movimiento Ciudadano, 7.3 por ciento y 7. En 2024 la coalición oficialista subió a 56.8
por ciento y ganó 256 distritos; Fuerza y Corazón por México cayó a 31.6 por ciento y retuvo 42;
Movimiento Ciudadano subió a 11.3 por ciento y ganó uno, y un independiente ganó en Michoacán. Con
108 plurinominales, la 4T sumó 364 escaños, treinta por encima de la mayoría calificada.
3.Esos 364 escaños son el 72.8 por ciento de la Cámara, dieciséis puntos más que su votación. Esa distancia
entre votos y escaños es la sobrerrepresentación, y se fabrica en dos tiempos. Primero, la mayoría relativa
amplifica: quien gana un distrito por un voto se lleva el escaño entero, y así el 56.8 por ciento del voto se
convirtió en el 85 por ciento de los distritos. Después, los plurinominales, que deberían compensar, no
compensan.
La Constitución prohíbe que un partido tenga más de ocho puntos de escaños por encima de su votación,
pero el tope se aplica partido por partido, no por coalición. El convenio repartió los triunfos distritales
entre Morena, el PT y el Verde; cada partido recibió plurinominales bajo su propio tope, y la coalición
rebasó en conjunto el límite que ninguno rebasó por separado.
El mapa distrital aprobado en 2023 es el mismo que regirá en 2027. Por eso 2024 es el tablero y 2021 es
la evidencia de dónde se movió el voto cuando la 4T fue sometida a juicio. La regla de selección se
desprende de ambos: retener los 44 distritos que la 4T no ganó en 2024 y recuperar los 47 distritos que se
le asignaron, cuya cabecera es un municipio o una alcaldía que la oposición gobernó a partir de 2021.
El resultado es un objetivo de 91 distritos, veintiséis menos de los que la oposición sumó en 2021. Si la 4T
se queda con 209 distritos y conserva los 108 plurinominales de 2024, llega a 317 escaños, diecisiete por
debajo de los 334. Sin mayoría calificada no hay reforma electoral a la medida ni reforma constitucional
unilateral.
La aritmética no se cumple sola: se cumple con votos. En 2021 votó el 52.7 por ciento del padrón, la cifra
más alta para una intermedia, y aun así la 4T conservó la mayoría absoluta; en 2024 votó cerca del 61 por
ciento. Una intermedia con poca participación favorece a quien tiene la maquinaria más grande.
El voto clientelar sale siempre; el voto opositor sale solo cuando tiene razones, y los expedientes son esas
razones. La participación masiva es, además, la primera defensa del resultado: un margen amplio es mucho
más difícil de revertir en la mesa que uno estrecho.
LOS 91 DISTRITOS
El Valle de México aporta 22. En la capital se retienen los cuatro distritos ganados en 2024, con
cabecera en Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán, y se disputan siete:
Azcapotzalco (3), Tlalpan (5 y 14), La Magdalena Contreras (6), Coyoacán (8) y Álvaro Obregón (16 y
17), todas alcaldías que la oposición ganó en 2021.
En el Estado de México se retiene Naucalpan (22) y se disputan diez en el corredor poniente y el
valle de Toluca: Coacalco (6), Cuautitlán Izcalli (7), Atizapán (15), Huixquilucan (18), Tlalnepantla
(19), Naucalpan (24), Toluca (26 y 34), Metepec (27) y Zinacantepec (40).
El Bajío y el Occidente aportan 37. Guanajuato retiene siete distritos, cuatro de ellos en León, y
disputa San Miguel de Allende (2), Guanajuato (4), Celaya (12) e Irapuato (15). Querétaro retiene
tres y disputa San Juan del Río (2) y la capital (6). Aguascalientes retiene sus tres distritos.
En Jalisco se retienen Lagos de Moreno (2), Tepatitlán (3), Guadalajara (8), Zapopan (10) y La Barca
(15), y se disputan ocho en la zona metropolitana que Movimiento Ciudadano ganó en 2021:
Zapopan (4 y 6), Guadalajara (9 y 11), Tlajomulco (12 y 14) y Tlaquepaque (13 y 16). Michoacán
retiene Uruapan (9) y Morelia (10) y disputa Morelia (8). San Luis Potosí retiene la capital (5) y
disputa la capital (6).
4. El Norte aporta 22. Nuevo León retiene siete distritos, entre ellos Santa Catarina, Apodaca, San
Nicolás y dos de Monterrey, y disputa Monterrey (5) y Guadalupe (8). Chihuahua retiene Delicias,
Parral y los dos distritos de la capital. Coahuila retiene Monclova (3), Saltillo (4) y Torreón (5), y
disputa Torreón (6) y Saltillo (7), municipios que el PRI conservó en 2021. Tamaulipas retiene
Tampico (8). Sonora disputa los dos distritos de Hermosillo (3 y 5). A ellos se suma el distrito que
Movimiento Ciudadano ganó en los cómputos de 2024.
El Centro, el Golfo y el Sureste aportan 10. Puebla disputa los cuatro distritos de su capital (6, 9, 11
y 12), que la oposición gobernó desde 2021; Morelos disputa Cuernavaca (1); Veracruz retiene Boca
del Río (4) y disputa el puerto (12); Yucatán retiene Mérida (4) y disputa los otros dos distritos de
Mérida (3 y 6).
Los 91 distritos se concentran en 17 entidades y, dentro de ellas, en una veintena de zonas metropolitanas.
Las otras 15 entidades, del Pacífico sur a la península, de Zacatecas a Baja California, no aportan un solo
distrito a esta primera lista. Su función es la de votos para la lista proporcional, salvo en sus capitales y
zonas metropolitanas, donde opera la segunda lista.
LA SEGUNDA LISTA: EL DESGASTE LOCAL
La primera lista, ya detallada, sale de la historia electoral. La segunda sale del desgaste de los gobiernos
estatales. En el Ranking de Desempeño de Gobernadores de mayo de 2026, los quince gobernadores peor
evaluados son todos de Morena: desde Delfina Gómez en el Estado de México, con 49 por ciento de
aprobación, y Rubén Rocha Moya en Sinaloa, con 45, hasta Alfredo Ramírez Bedolla en Michoacán, con
28, y David Monreal en Zacatecas, con 23.
En esas entidades, el juicio de la intermedia no recae solo sobre ocho años de gobierno federal; recae
también sobre un gobernador reprobado por su propio electorado. La Ciudad de México queda fuera de
esa lista, pero no del desgaste: en mayo, según El Financiero, Clara Brugada cayó a 56 por ciento de
aprobación, el punto más bajo de su gestión, y su desaprobación subió a 43.
La segunda lista reúne 35 distritos urbanos: 29 en catorce entidades gobernadas por Morena con
aprobación inferior al 50 por ciento y seis en la capital. En Zacatecas, el corredor Zacatecas–Guadalupe (3
y 4). En Michoacán, Zamora (5). En Baja California Sur, La Paz (1) y Los Cabos (2). En Campeche, la capital
(1) y Ciudad del Carmen (2). En Chiapas, los dos distritos de Tuxtla Gutiérrez (6 y 9). En Oaxaca, la capital
(8). En Morelos, Jiutepec (2), en la zona metropolitana de Cuernavaca, y Cuautla (3).
En Veracruz, Xalapa (10) y Coatepec (9), en su zona metropolitana, Coatzacoalcos (11), Orizaba (15) y
Córdoba (16). En Yucatán, Progreso (2) y Umán (5), que completan la zona metropolitana de Mérida. En
Tabasco, Villahermosa (4). En Colima, la capital (1) y Manzanillo (2). En Tlaxcala, la capital (2) y Apizaco (1).
En Nayarit, Tepic (2). En Sinaloa, los dos distritos de Culiacán (5 y 7) y los dos de Mazatlán (1 y 6).
En la Ciudad de México, donde más coraje hay y menos se vota: Iztapalapa (4, 18, 20 y 22), Tláhuac (9) y
Xochimilco (21, que comparte con Milpa Alta).
Con las dos listas, el objetivo sube a 126 distritos, nueve más de los que la oposición ganó en 2021. Si la 4T
se queda con 174 distritos y conserva los 108 plurinominales de 2024, llega a 282 escaños, cincuenta y dos
por debajo de la mayoría calificada. La primera lista es la condición necesaria; la segunda es el margen que
protege el resultado de los distritos de la primera que no se ganen.
5.EL ÁRBITRO VENDIDO
Hungría y Serbia ganaron con árbitros que el régimen no controlaba del todo. En México el órgano
electoral ya no cumple esa condición: está corrupto y cooptado por la 4T. La cadena de hechos es pública.
En abril de 2023, sin acuerdo en la Cámara, la presidencia del INE se decidió por tómbola y recayó
en Guadalupe Taddei, de una familia con cargos en gobiernos de Morena.
En agosto de 2024 el INE avaló la sobrerrepresentación que llevó a la 4T a 364 diputados con el 56.8
por ciento del voto distrital.
En 2025 declaró válida la elección judicial con una participación de entre 12.6 y 13.3 por ciento pese
al uso de acordeones denunciado dentro de su propio Consejo General.
El 26 de octubre de 2026 Taddei renunció a la presidencia del Instituto bajo investigación de la
Auditoría Superior de la Federación y de la Unidad de Inteligencia Financiera por cerca de 197
millones de pesos en contratos de material electoral, con señalamientos de conflicto de interés,
competencia simulada y desvío de recursos.
Su sustituto lo elegirá, por dos tercios, la Cámara donde la 4T tiene 364 votos. El partido que compite en
2027 nombrará al árbitro que contará sus votos, y ese árbitro ya centralizó los conteos rápidos de las 17
gubernaturas.
CONTEMOS NOSOTROS
Aunque el relevo resultara impecable, lo decidiría la misma mayoría que sostuvo a Taddei, por más que
Sheinbaum y la 4T insinúen que fue la oposición quien la puso. Por eso la exigencia que no puede
descalificarse como partidista no es la cabeza de nadie: es la verificación independiente de los votos.
Para eso sirve el ejemplo de Venezuela. En julio de 2024 la oposición reunió copias de más del 80 por
ciento de las actas, las digitalizó y las publicó mesa por mesa. El régimen proclamó un resultado sin
desglosarlo; las actas, al alcance de cualquiera, decían otro. Con esa prueba, buena parte de la comunidad
internacional se negó a reconocer la proclamación, y Maduro quedó sin la legitimidad que, en enero de
2026, ya nadie salió a defender.
Como ya señalamos en otro ensayo, México tiene una ventaja que Venezuela no tenía: al cierre de cada
casilla el resultado se pega en una sábana a la vista de todos. No hace falta pedirle nada al INE. Hace falta
fotografiar unas 170 mil sábanas antes de que el paquete salga rumbo al distrito y construir el sistema que
las convierta en un conteo paralelo, público y en tiempo real.
Ésa es la plataforma Contemos Nosotros. Cada foto llega con geolocalización, sello de tiempo y al menos
dos capturas independientes por casilla; la huella criptográfica de cada imagen se ancla en un registro
público inalterable al momento de subirla; los modelos leen las cifras y los voluntarios validan cada caso
dudoso antes de publicarlo.
El sistema cruza cada acta con el PREP y, días después, con el cómputo distrital, y reporta cualquier
diferencia con las dos imágenes lado a lado. El código es abierto y la auditoría independiente se publica
antes de la jornada. Una cifra se da por buena sólo cuando varias capturas de la misma casilla coinciden:
una plataforma que dispare falsas alarmas le regala al poder el argumento para descalificarlo todo.
6.El despliegue tiene un orden de prioridad que ya está definido: las cerca de 50 mil casillas de los 91 distritos
de la primera lista y, después, las de los 36 de la segunda. Ahí se decide la mayoría calificada, y ahí el voto
tiene que contarse dos veces.
CIERRE: HUNGRÍA Y SERBIA APLICARON CUATRO VERBOS
Hungría y Serbia demostraron en el mismo año que un régimen de más de una década puede perder en
las urnas cuando enfrente tiene un vehículo nuevo, un territorio disputado, una causa con nombres, una
calle convertida en casillas y una elección planteada como juicio. México tiene un antecedente propio: en
2021 la oposición ganó 117 distritos y le negó a la 4T la mayoría calificada.
El objetivo de 2027 no es ganar la Cámara, sino quitarle a la 4T la mayoría calificada —que no pueda
reescribir la Constitución ni las reglas de la elección presidencial— y llegar a 2030 con un árbitro vigilado
y un electorado que ya comprobó que puede castigarla. 2027 es el medio; 2030, el fin. A partir de los casos
revisados, el cómo puede caber en cuatro verbos, que habría que adaptar a las condiciones mexicanas.
Seleccionar. Los candidatos de los 126 distritos no pueden salir de las cúpulas que perdieron en
2024. Tienen que salir de la ciudadanía, con nombre propio en su distrito, y llegar a los partidos
como condición, no como petición: los partidos ponen el registro y las prerrogativas; los ciudadanos,
la credibilidad que los partidos ya no tienen. Es la lección serbia: la lista se hizo fuera de los partidos
y ganó por eso.
Votar. Una intermedia la decide quien sale. La de 2021 movilizó a poco más de la mitad del padrón;
la de Hungría, a cuatro de cada cinco electores. Cada punto de participación en las secciones urbanas
de las dos listas es un punto de castigo.
Defender. Un representante en cada casilla, el cómputo distrital vigilado de principio a fin y cada
impugnación presentada con el acta en la mano.
Contar. Unos 100 millones de electores para unas 170 mil casillas son cerca de 600 por casilla. Basta
con que dos o tres saquen el celular frente a la sábana y la suban a Contemos Nosotros.
Nada de esto habría que esperarlo de los partidos, de las organizaciones sociales ni de las cúpulas
empresariales. Todo dependerá de lo que hagamos los ciudadanos organizados como en Hungría y Serbia.
