noviembre 2, 2026

El despertar juvenil enarbola la cabeza de Robespierre

Por Andrés Amaro

Hasta ahora no son impugnadores; son acreedores.

Los jóvenes, en multitudes, se han levantado en Europa contra los efectos sociales del Modelo de Libre Mercado con Estado Mayordomo. Pero no lo reprueban. Por lo menos no han llegado a establecer ese cuestionamiento como bandera. Más bien reclaman lo prometido.

Se esfuerzan en el trabajo. Tienen iniciativa. Enaltecen la competitividad. Envían cada año el índice de productividad al décimo cielo de Dante. Y hasta fingen que las activaciones durante la jornada laboral les parecen chidas. A cambio, no tienen dónde vivir. El salario no alcanza. Su Salud está desprotegida. Y su perspectiva de jubilación tiene tanta certidumbre como Cantinflas dando el pronóstico del tiempo.

Aunque el modelo económico contrario a la visión de colectividad ha mostrado en el mundo indicadores financieros positivos durante algunos lapsos, lo han caracterizado la inestabilidad cíclica, la concentración de los beneficios y las oportunidades en pocas manos y crisis destructivas del patrimonio de la gente de a pié.

Los actuales jóvenes recibieron aún más promesas que las dos generaciones anteriores. Se indujeron para ellos más expectativas de bienestar a cambio del esfuerzo individual. Hasta el lujo “porque te lo mereces”. Pero les alcanzó aún para menos.

“Apagar todo”, es la consigna hoy de la convocatoria a huelga en Italia. Los jóvenes irrumpen como eje de insurrección también en España, Francia, Alemania, Portugal. Se adhieren a causas de gremios. En Brasil y Serbia son clave de vuelcos políticos.

En París y Barcelona, los casos de vandalismo y saqueo de comercios (tristísimo en el caso de los pequeños negocios) pueden ser explicados también por esta hipotética postura de frustración y de reclamo de lo no obtenido. Cobrarse a lo chino.

Frente a este escenario de efecto acumulado, las políticas sociales de México impulsadas a partir de 2018 aparecerían como un factor de amortiguamiento. Es difícil estimar la eficacia de esas políticas como retardadores que den oportunidad de avanzar en soluciones para los jóvenes antes de un estallido social.

Se encuentra latente en nuestro país la tentación de la irresponsabilidad. Para los sectores que estimularon la usurpada movilización de la Generación Z contra el Gobierno en Noviembre 2025, repetir ahora esa ocurrencia colocaría en peligro su propio interés. El país tendría inestabilidad. Pero podrían no ser ellos los cangrejeros de ese río revuelto.

Los jóvenes podrían ver a las élites como compañeros de viaje. Aceptando inicialmente su financiamiento y su apoyo político para sacudírselos después.

Un levantamiento juvenil en México ciertamente presionaría al Gobierno. Pero podría terminar por constituirse en  base social para que la 4T realice cambios más profundos que los instrumentados hasta ahora. También fortalecería al ala izquierda del Régimen.

 De surgir el fenómeno, reinterpretaríamos los festejos multitudinarios en torno al Mundial 2026  como un ensayo intuitivo de movilización.

Cabe un deslinde. Los fenómenos sociales no constituyen réplicas. Sus componentes y su desarrollo son diferentes, aunque el concepto vertebrador sea similar. El 68 Francés no contagió el Movimiento del 68 en México.

Ha ocurrido así con los levantamientos populares incluso en Francia. En 1789, durante la Revolución, Maximillien Robespierre, héroe de la igualdad en ese momento, ni siquiera alcanzó a llegar a la Toma de la Bastilla. Por problemas de agenda. Ciertamente tampoco estaría en el Mayo Francés (1968). Menos ha acompañado ahora a los estudiantes en la Colonne de Juillet (Plaza de la Bastilla). Pero sí está su cabeza. Por su cuenta. ¿Quién les mandaba decapitarlo (1794)? Porque lo que él tenía ahí dentro sigue vigente: su pensamiento y su furia.

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