Catedral Metropolitana: devoción en el corazón regio
Desde su de fundación en 1596, Diego de Montemayor encomendó la ciudad a la Concepción y Anunciación de la Virgen y asignó un solar para la iglesia al noreste de la plaza original, al norte de los Ojos de Agua de Santa Lucía. Según Israel Cavazos, la plaza mayor estaba entre las calles de Washington, Escobedo, 5 de Mayo y Zuazua, la primera iglesia debió estar entre Washington, Zuazua, M. Areola y Dr. Coss, aunque la traza inicial continúa siendo objeto de discusión.
Tras la gran inundación de 1611, el justicia mayor Diego Rodríguez dispuso en 1612 trasladar la ciudad hacia el sur, buscando un terreno más elevado para resguardarla de futuras crecidas. Este movimiento histórico definió el lugar del centro de Monterrey, estableciendo la Plaza Mayor en lo que hoy se conoce como la Plaza Zaragoza.
En su nuevo emplazamiento comenzó la construcción del templo que sufrió incendios, derrumbes y daños por el clima. Para 1735, el gobernador Fernández de Jáuregui describía la parroquia como una modesta nave de cal y canto sin torre, donde “sírvele una sola campana”. Con los años se le añadieron los cruceros para darle planta de cruz latina.
Hacia 1783, el segundo obispo de la diócesis, Fray Rafael José Verger, buscó dignificar el templo para que “haga las veces de catedral”. Su fachada barroca se concluyó en 1800, mientras que la torre, la Capilla del Sagrario, el atrio y la decoración interior se finalizaron entre 1886 y 1900. La diócesis, elevada a arquidiócesis en 1891, conservó oficialmente el título de Linares hasta el 9 de junio 1922, cuando la Santa Sede cambió el nombre por Arquidiócesis de Monterrey.
El 9 de noviembre de 1962, durante obras bajo el presbiterio, se halló un sepulcro con un ataúd de plomo, cuyos restos, un morrión (casco) metálico, espuelas y una espada, los historiadores Tomás y Xavier Mendirichaga atribuyeron, con reservas, al gobernador Martín de Zavala, fallecido en 1664.
Hoy, la Catedral Metropolitana se erige como el testimonio arquitectónico de raíces profundas en la memoria e historia de nuestra ciudad.
