PRI y PAN ante la oportunidad de recuperar la gubernatura
Por Rodin
Hace algunos años parecía difícil imaginar que el PRI y el PAN volvieran a tener posibilidades reales de ganar la gubernatura de Nuevo León. Ambos partidos llegaron desgastados, cargando sus propios errores y enfrentando a una ciudadanía que buscaba una opción diferente.
Esa inconformidad llevó primero al triunfo de el bronco, Jaime Rodríguez Calderón por la vía independiente. Su llegada despertó grandes expectativas entre quienes deseaban romper con los partidos tradicionales; sin embargo, su malogrado gobierno terminó desgastando también la figura de las candidaturas independientes.
Posteriormente, el descontento ciudadano fue aprovechado por Movimiento Ciudadano. Samuel García se presentó como representante de una nueva generación y prometió dejar atrás las antiguas formas de gobernar. Sin embargo, el entusiasmo inicial se ha ido perdiendo entre confrontaciones políticas, anuncios superfluos y problemas que continúan afectando la vida cotidiana de los nuevoleoneses. Para muchos, el resultado ha sido un gobierno con demasiada publicidad, pero vacío de resultados.
La contaminación, las deficiencias del transporte público, la movilidad, las obras inconclusas, los cortes de agua y los constantes enfrentamientos con otros poderes han provocado malestar entre la población. La imagen difundida en las redes sociales no siempre coincide con la realidad que diariamente encuentra la gente en las calles.
A este desgaste se suman las versiones de que Samuel García podría dejar la gubernatura antes de concluir su mandato para buscar una posición legislativa y obtener fuero ante una eventual persecución penal. Aunque el propio gobernador ha negado esta posibilidad, el rumor ha alimentado nuevamente las dudas sobre su permanencia al frente del estado.
Por otra parte, Morena busca aprovechar el debilitamiento de Movimiento Ciudadano para ganar terreno en el estado. Sin embargo, una parte importante de los nuevoleoneses observa con preocupación la influencia que el Gobierno federal pretende ejercer sobre las decisiones locales, así como la concentración del poder y el debilitamiento de los contrapesos políticos e institucionales.
En ese escenario, el PRI y el PAN perfilan competir juntos por la gubernatura en 2027. La suma de sus estructuras, experiencia, presencia territorial y cuadros políticos puede convertirlos en una opción con posibilidades reales de triunfo. Separados podrían dividir el voto opositor; unidos pueden representar una fuerza capaz de enfrentar tanto a Movimiento Ciudadano como a Morena.
La experiencia también cuenta. Gobernar Nuevo León exige mucho más que popularidad, publicidad o presencia en las redes sociales. Se necesita conocer la administración pública, coordinarse con los municipios, dialogar con los distintos sectores y resolver problemas que no pueden esperar otra campaña electoral.
Pero la alianza no ganará solamente por presentarse unida. El PRI y el PAN tendrán que evitar las disputas internas y presentar un proyecto que responda a las necesidades actuales del estado. La ciudadanía no quiere una alianza construida únicamente para repartir candidaturas y posiciones; espera compromisos concretos y resultados.
También será determinante la elección de quien encabece la alianza. Extraoficialmente, tanto en el PRI como en el PAN se menciona al actual alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza Santos, como la figura con mayores posibilidades de convertirse en candidato a la gubernatura.
Su experiencia como procurador de Justicia y como presidente municipal en tres ocasiones le concede conocimiento de la administración pública, presencia política y una estructura electoral que podría unir a ambos partidos. Aunque todavía no existe una candidatura formal, su nombre comienza a colocarse como el posible punto de encuentro entre priistas y panistas.
Adrián de la Garza ya compitió por la gubernatura en 2021 y conoce el tamaño del reto. Una nueva candidatura requeriría algo más que experiencia y estructura partidista. Tendría que convencer a quienes dejaron de confiar en el PRI y en el PAN, pero también a quienes votaron en las pasadas elecciones por Movimiento Ciudadano o Morena esperando un cambio que consideran incumplido.
El mal desempeño del actual gobierno y el rechazo que Morena provoca entre determinados sectores pueden abrirle el camino a la alianza. Sin embargo, el triunfo no llegará automáticamente por las fallas de sus adversarios. El PRI y el PAN deberán demostrar que aprendieron de sus derrotas y que no pretenden regresar únicamente para repetir los errores del pasado.
Nuevo León ha pasado de la esperanza depositada en una candidatura independiente a la expectativa provocada por un gobernador joven. En ambos casos, una parte considerable de la ciudadanía terminó decepcionada. Por eso, en la próxima elección muchos nuevoleoneses podrían volver a buscar experiencia,orden y capacidad para gobernar.
Si el PRI y el PAN consiguen mantenerse unidos, presentar una propuesta seria y postular a una figura competitiva —como extraoficialmente se menciona a Adrián de la Garza Santos—, tendrán posibilidades reales de recuperar la gubernatura.
Samuel García y Morena pueden contribuir con sus errores al crecimiento de esta opción. Pero corresponderá al PRI y al PAN demostrar que cuentan con la unidad, y las propuestas necesarias para recuperar la confianza ciudadana y gobernar nuevamente Nuevo León.
