Morena confunde defensa de la soberanía con defensa política de sus dirigentes
El comunicado de Morena sobre la presunta cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán pretende convertir una decisión migratoria soberana de Estados Unidos en un supuesto acto de “injerencia política”. El argumento resulta, cuando menos, cuestionable.

Estados Unidos tiene el derecho soberano de decidir quién puede ingresar a su territorio y, bajo sus propias leyes y criterios de seguridad, migración y política exterior, puede conceder, negar o cancelar una visa. Ese derecho existe para cualquier persona, independientemente de su nacionalidad, posición política o filiación partidista. México ejerce exactamente la misma facultad con los extranjeros que pretenden ingresar al país.
Por ello, presentar automáticamente la cancelación de una visa como una agresión contra la soberanía mexicana es una exageración política. Una visa estadounidense no constituye un derecho adquirido ni una garantía de entrada. Su otorgamiento es una prerrogativa del gobierno estadounidense y su cancelación, si ocurrió, no implica por sí misma una violación a la soberanía de México.
El comunicado de Morena incluso da un salto todavía más delicado al afirmar que la medida constituye un “mensaje político” destinado a intimidar a quienes defienden la soberanía nacional. ¿Con qué elementos se sostiene semejante conclusión? Hasta ahora, una decisión migratoria no equivale a una acusación penal, ni demuestra persecución política, ni acredita una estrategia de intervención extranjera.
También resulta contradictorio que Morena invoque la soberanía para cuestionar una decisión que corresponde exclusivamente a las autoridades estadounidenses, mientras sostiene que cualquier señalamiento externo sobre funcionarios o personajes vinculados con el poder mexicano constituye necesariamente una campaña de presión.
La soberanía no puede convertirse en un argumento de conveniencia política. México tiene derecho a defenderse de cualquier injerencia extranjera real, pero también debe reconocer que Estados Unidos tiene derecho a tomar decisiones dentro de su propio territorio.
Lo verdaderamente importante sería conocer las razones oficiales de la decisión, si existen, y separar los hechos comprobables de las interpretaciones partidistas.
Morena haría bien en no confundir defensa de la soberanía con defensa política de sus dirigentes. Una cosa es exigir respeto a México y otra muy distinta pretender que una decisión migratoria estadounidense sea considerada, sin pruebas, un acto de intervención política.
La pregunta de fondo es sencilla: ¿dónde termina la soberanía mexicana y dónde comienza el derecho soberano de Estados Unidos a decidir quién entra a su territorio?
La respuesta no debería depender de la conveniencia del partido en el poder.
