Primero la sentencia y después el veredicto

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En mi libro » Poder y Literatura» hay escena del juicio en Alicia en el país de las maravillas funciona como una sátira del autoritarismo y la simulación jurídica, reflejando las deficiencias del sistema de justicia en México. Esta introducción para el libro Poder y Literatura analiza cómo el absurdo procesal retratado por Lewis Carroll, particularmente la presunción de culpabilidad y la valoración arbitraria de pruebas, actúa como un espejo crítico de la realidad judicial mexicana. hay un parte en que se habla de Alicia en el país de las

El juicio en Alicia en el país de las maravillas culmina la obra con un proceso absurdo donde la Reina de Corazones acusa a la Sota de robar tartas ante un tribunal de animales y cartas. Alicia presencia testimonios sin sentido y poemas interpretados de forma ilógica por el Rey, desafiando las normas incoherentes del tribunal. Finalmente, la protagonista se enfrenta a las cartas, denunciando que no son más que un mazo, lo que provoca su despertar y el fin del caos.
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En el caótico juicio de Alicia, el Rey y la Reina de Corazones acusan falsamente a la Sota de robar unas tartas. Los testigos como el Sombrerero y la Cocinera generan un ambiente de absurdo, mientras la Reina exige injustamente la sentencia antes del veredicto. La situación culmina cuando Alicia, tras crecer, confronta al tribunal llamándolos simples naipes, lo que provoca que la fantasía se desmorone.


Texto Integrado para «Poder y Literatura»»El juicio en el País de las Maravillas deja de ser una genialidad del absurdo literario para convertirse en una advertencia sobre la degradación del Estado de derecho.

Desde una perspectiva filosófica, el tribunal de la Reina de Corazones representa la perversión de la simulación jurídica: la ley vaciada de justicia y reducida a un mero teatro institucional que disfraza la voluntad del soberano absoluta. Carroll nos demuestra que el poder autoritario no busca destruir los tribunales, sino capturar su lenguaje para legitimar el abuso.Esta ficción literaria encuentra un eco directo en la actual realidad procesal mexicana tras su reciente Reforma Judicial.

El célebre aforismo de la Reina, ‘¡Sentencia primero, veredicto después!’, se materializa técnicamente en figuras punitivas como la Prisión Preventiva Oficiosa, donde el castigo físico antecede sistemáticamente a la demostración de la culpabilidad. De igual forma, la implementación de los ‘Jueces sin Rostro’ deshumaniza el proceso, transformando a los juzgadores en los naipes anónimos de Carroll: fichas intercambiables que obedecen al diseño del poder político en turno.

Al final, la lección que une a la literatura con la crisis constitucional de México es la misma: un sistema de justicia basado en el espectáculo y la subordinación política es tan frágil como un castillo de naipes; solo basta que la razón civil despierte y lo encare por lo que realmente es: una costosa y peligrosa ficción.»

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