El puente de Hernán Cortés a ninguna parte: Andrés Amaro

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Mientras tanto en Extremadura…

Cuando todos en México estábamos viendo el Mundial sin hacer nada de provecho (por lo menos que se hubiera sabido), alguien velaba por construirnos un horizonte genético que por fin resolviera nuestra traumática orfandad colectiva.

Desde el 5  de junio pasado, en Medellín, España, María Guardiola (Partido Popular), Presidenta de la Junta de Extremadura, anunció la creación del Instituto Internacional del Mestizaje  “Extremestiza”. Tendría por propósito dar proyección mundial a ese tema y al legado de Hernán Cortés (1485-1547), nativo de ese sitio. 

“Ni América ni México serían hoy lo que son sin su huella…”, sentenció Guardiola.  

La institucionalización del tema muestra la importancia que esos grupos le atribuyen. Intentan convertir a Hernán en concepto eje de una estrategia global. A través de ésta, un sector de la Clase Política en España busca alinear proyectos con núcleos afines en América Latina.

Hay por lo menos un precedente con segunda intención. En 1913, Fernando Rodríguez, del denominado Partido Conservador en España, promovió el Día de la Raza. La Monarquía buscaba un trato comercial privilegiado con sus antiguas colonias, a partir de proclamar un patrón de cultura iberoamericana,

En su momento la Nueva España se construyó integrándose al  imaginario de la civilización preexistente, la indígena, que sobrevivió a la destrucción de casi todo.   

Quienes hoy día portan el estandarte de Hernán Cortés argumentan que la presencia de los españoles dio lugar a México. Es al revés. El arribo de los españoles generó la Nueva España. Pero fue precisamente el término del dominio español y nuestra consiguiente Independencia, en 1821, lo que dio lugar al nacimiento de México. 

Desde otra perspectiva, la mercadotecnia política en torno al mestizaje aparece ahora como un intento  por contrapesar la condena social hacia figuras como Cortés y Colón (Dios los tenga colgados de una pata). Ambos son señalados como genocidas. Quienes defienden su memoria pretextan que en su tiempo no evolucionaba aún el pensamiento sobre los derechos humanos. Mueven a la ternura.  ¿Cómo Colón y Cortés iban a saber que exterminar a las personas sería siglos después algo tan mal visto? 

Nuestro mestizaje tiene además una huella de ultraje. El margen para romantizar es inexistente.  No provenimos de un idilio. No hubo rosas. Ni copa de vino. Tampoco serenatas. Menos hamburguesas triples. No se trató de una historia que empezara con un emoji sonriente. ¿Colgarías papel picado en la plaza para conmemorar eso?

Por razones de ese tipo, el puente que se construye en Extremadura no conduce a ninguna parte. Hay proximidad, coincidencias y afectos entre México y España. Pero respecto al mestizaje, de este lado del Atlántico no hay nada qué celebrar.

Aunque su dimensión como fenómeno sea incomparable, tendría un sentido ético  más transitable  honrar al Exilio Español, de tan valiosa aportación a la cultura y al humanismo en México. 

Es interesante notar el interés del Partido Popular en España por conmemorar el mestizaje asociado a episodios de la historia en que ese país avasalló a otras culturas. Contrasta con su omisión respecto al mismo fenómeno vinculado a sus casi ocho siglos de ocupación árabe.

A menos que ello no hubiera producido mestizaje. Como si desde el Siglo VIII prevaleciera lo que luego sería el espíritu de la dictadura de F. Franco (1939-1975). Era conocido el afán de ese Generalísimo por tener al deseo “atado y bien atado”. Lo que hiciera con el suyo, vaya y pase. Tampoco es que en casa hubiera una gran expectativa. ¿Pero las y los demás qué culpa tenían?

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