Ganar una Elección NO es lo Mismo que Saber Gobernar: Miguel H Botello Treviño
Existe una idea profundamente arraigada en nuestra cultura política. Creemos que quien gana una elección está preparado para gobernar. Pero la experiencia, en México y en muchas otras democracias, demuestra que una cosa no garantiza la otra. La semana pasada iniciamos esta serie proponiendo un cambio de enfoque. En lugar de comenzar por los nombres, planteamos la necesidad de empezar por el perfil. Antes de decidir quién merece nuestro voto, primero deberíamos preguntarnos qué tipo de gobernador necesita realmente Nuevo León. Hoy corresponde analizar el primer gran criterio de evaluación. La capacidad para gobernar. Puede parecer obvio, pero durante décadas hemos confundido tres conceptos completamente distintos: hacer política, ganar una elección y gobernar. Las tres actividades requieren habilidades diferentes. Una campaña electoral demanda comunicar, persuadir, movilizar simpatizantes, construir una estructura territorial y convencer a millones de ciudadanos en un tiempo limitado. Gobernar exige algo mucho más complejo. Significa conducir instituciones, administrar recursos públicos con responsabilidad, tomar decisiones difíciles, resolver conflictos, coordinar equipos de alto nivel, enfrentar crisis y mantener el rumbo incluso cuando las circunstancias son adversas. Mientras una campaña busca ganar confianza, un gobierno debe generar resultados. Por eso no resulta extraño que existan excelentes candidatos que terminan siendo malos gobernantes. Ni tampoco que algunas personas, poco visibles durante una campaña, hayan demostrado posteriormente una extraordinaria capacidad para dirigir instituciones públicas o privadas. El problema comienza cuando como ciudadanos evaluamos únicamente las habilidades necesarias para ganar una elección. Nos dejamos impresionar por un discurso convincente, por una presencia constante en redes sociales, por una campaña creativa o por la popularidad del momento. Pero rara vez hacemos preguntas mucho más importantes. ¿Ha administrado organizaciones complejas? ¿Ha tomado decisiones que afecten a miles de personas? ¿Ha dirigido equipos multidisciplinarios? ¿Ha enfrentado crisis reales? ¿Ha rendido cuentas por los resultados de su gestión? Porque gobernar no consiste en prometer. Consiste en decidir. Y cada decisión tiene consecuencias para millones de ciudadanos. Nuevo León es uno de los estados con mayor relevancia económica de México. Su gobierno no administra únicamente programas públicos; coordina infraestructura estratégica, impulsa el desarrollo industrial, enfrenta desafíos en seguridad, movilidad, agua, medio ambiente, educación y salud, además de mantener una relación permanente con el sector empresarial, las universidades, los municipios y el Gobierno Federal. No existe margen para la improvisación. La curva de aprendizaje de un gobernador la termina pagando toda la sociedad. Por ello, el primer requisito que deberíamos exigir a cualquier aspirante no es su capacidad para ganar una campaña. Es su capacidad para gobernar desde el primer día. Quizá esa sea la primera gran lección de esta serie. El mejor candidato no siempre es quien habla más fuerte. Ni quien aparece más en los espectaculares. Ni quien domina las redes sociales. El mejor candidato será quien demuestre, con hechos, que posee las competencias necesarias para conducir uno de los estados más importantes del país. En la siguiente entrega comenzaremos a revisar cuáles son esas competencias y por qué algunas de ellas resultan mucho más determinantes que la propia experiencia política. Porque una elección puede cambiar un gobierno. Pero solamente un buen gobierno puede cambiar el destino de una sociedad.
¡¡Le dejo a usted estimado lector la última palabra!!
“Porque hoy más que nunca, Nuevo León necesita menos ruido… y mucho más rumbo”.
Mtro. Miguel H. Botello Treviño Correo electrónico: mickbotello@gmail.com
