Hágase constar de entrada, que mi ayer recordado don Ricardo aplicaba a sus hijos el poco usado verbo majear, frecuentemente  para documentar su ignorancia o ingenuidad, y que los había hecho majes. Pues el verbo majear, en su primera acepción viene obviamente de majar, que es machacar cosas en el molcajete que los ignorantes llaman mortero. No es que la existencia de los majes sea exclusividad de mi patria, sino que solamente aquí se les da el nombre que merecen: pendejos y engañados.

Solamente a los majes se les ocurriría creer en la coincidencia de actos previsibles por la frecuencia de su aparecer en la política mexicana. Digame usted si no:

De pronto, cuando necesita dinero, se aparece en la capital del país un grupo numeroso y perfectamente organizado, de personas que se dicen maestros y pertenecer a  una sección Coordinadora de la disidencia del sindicato de maestros; con una asombrosa logística, se distribuyen y aposentan en sitios estratégicos -entre los que no puede faltar el Palacio Nacional- para habitar tiendas de campaña relucientes de limpio. Hacen  público su pliego petitorio, en el que no pueden faltar el aumento del cien por ciento a su sueldo, la abolición de la ley del ISSSTE y la presencia del presidente de la República en donde ellos indiquen, para un “diálogo”. Si no se cumplen las peticiones harán algo tremendamente dañino para la ciudadanía, su patrimonio, integridad o libertad de desplazamiento.

Esta es la mitad del libreto que se presenta cíclicamente. La segunda mitad es que el gobierno afirma estar dispuesta al diálogo, sin presencia presidencial, ofrece como pared de frontón a los secretarios de Gobernación y Educación. Finalmente, y sin dar cuenta pública de ello, entrega a los “maestros” una cantidad de dinero, para que recojan sus bártulos, aparejos y cachivaches y pasen a retirarse por donde vinieron. Para regresar meses más tarde con el mismo libreto.

Durante toda esta representación teatral un número de niños se quedan sin recibir enseñanza en el país, cosa que a nadie le importa: lo importante es la magia de majear.

La edición de este año del sainete, tuvo como monumental telón de fondo la Copa Infantino, un espectáculo con los 48 mejores equipos de futbol del mundo que antes era la Copa del Mundo.

Para la ocasión, los dirigentes amenazaron con impedir la celebración en México de las migajas que le tocaron del torneo, convertido en un espectáculo para los ricos que podían pagar boletos de acceso a los estadios, y luego los insumos dentro a precios descomunales, aún para los mexicanos acostumbrados a que nos roben en las cajas todos los días.

Los actores interpretaron perfectamente sus papeles, faltaba más. La llegada, el desplazamiento, las tiendas de campaña, las exigencias, las negativas, los diálogos simulados, la dádiva final y el retiro de los que toman las calzas de Villadiego, que diría Cervantes.

Este año, la administración Scheinbaum introdujo una modalidad: dio a conocer que los maestros recibieron del erario 800 millones de pesos. ¿Que se dieron cuando la liga se había estirado y la euforia futbolera necesitaba espacio, que eso suena a pago de rescate, chantaje u lo que sea?

No señor, de ninguna manera. Dice el secretario de Educación Mario Delgado que ese dinero se entregó para mejoras al sistema educativo en Oaxaca y Chiapas, en donde está más jodido. Que desde hace muchos años existe ese fondo, y que si los maestros se fueron chillando la rata -como decían en mi chamba anterior- fue mera coincidencia.

Si usted se siente maje, se preguntará como yo, ¿si todo el tiempo ha habido dinero por ahí, etiquetado precisamente para mejorar escuelas, condiciones de maestros, útiles, salones, agua y baños, ¿por qué se esperó tanto tiempo para aplicarlo?

Es la magia de majear.

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Yo no sé cuánto tiempo se han pasado pidiéndole las mujeres buscadoras de desaparecidos a la señora presidente con A de la lana que las reciba y las oiga.

Porque de ponerles atención y tomar acciones a su favor, ni sueños.

Pero bastó que a alguien le ocurriera ponerle a un pinche pato una camiseta de la no menos Selección Nacional, y llamarle Merlín, para que entrase a la mañanera presidencial y se convirtiera en personaje central.

Hace falta no tener vergüenza.

O entender que es lo que se necesita para hacer política en México.

felixcortescama@gmail.com

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