Ser revolucionario en México

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La presidenta pretendía darle un tono de Informe de Gobierno al evento, relatando logros de su gobierno, sin provocar interés. Toda la discusión

La fotografía del evento de la Presidenta Sheinbaum arengando a masas, acarreados la mayoría, en el Monumento a la Revolución no podía ser más elocuente. Pretendiendo ser un acto oficial del Estado mexicano, era, en realidad, un evento partidista, con banderas del partido oficial Morena por miles.

La presidenta pretendía darle un tono de Informe de Gobierno al evento, relatando logros de su gobierno, sin provocar interés. Toda la discusión se ha centrado en el debate político que provocó con su defensa de los narco políticos morenistas y por sus acusaciones sobre injerencismo de Estados Unidos. Era el evento que presentaba, públicamente y por primera vez, la fusión del Estado con el partido.

A ese evento partidista acudieron los nueve Ministros de la Corte, el gabinete ampliado, incluyendo los secretarios de la Defensa y de la Marina. Acudieron representantes de las dos Cámaras de Senadores y Diputados, incluyendo la presidente del Senado, por ser morenista. No acudió la presidente de la Cámara de Diputados, al no haber sido invitada por no ser morenista. Esa exclusión simplemente reafirmó el carácter partidista del evento envuelto en la bandera del Estado mexicano.

La relación estructuralmente unida entre Estado y partido quedó plasmada en esa plaza. Por primera vez se logró el sueño dorado de López Obrador. El evento demostró que Morena logró la captura absoluta del Estado mexicano.

Para configurar plenamente el “nuevo Estado mexicano” lo único que faltó fue la presencia física de representantes de las principales organizaciones representativas del narcotráfico. A pesar de esa omisión, su presencia estaba asegurada en cada una de las ideas y palabras del discurso de la presidenta.

Es más, el narcotráfico y su estrecha relación con el Estado mexicano era el tema central de la alocución presidencial. Así que se puede presumir la presencia del narcotráfico en el evento.

Con todos presentes y en plan de aplauso fácil, se fotografió ese día histórico la confirmación de la inauguración teórica y operativa del Estado totalitario en México.

¿Cómo se define el Estado totalitario? Por el carácter totalitario que se fotografió ese 31 de mayo de 2026. La pretensión del totalitarismo es justamente lograr o imponer la unanimidad de pensamiento y conformismo, obligatorio para la totalidad de los ciudadanos del país.

El partido se convierte en el vehículo que integra a las masas dentro de estructuras de control en un Estado que se autoproclama como ”ético” o “totalitario”, que resulta ser lo mismo. El líder encarna esa unión, ya sea López Obrador o, en su ausencia, su suplente funcional y subordinado, que es Sheinbaum.

La inclusión de las masas en esa ecuación no es una fusión armónica, sino forzosa y jerárquica bajo un mando vertical. Es una fusión en el sentido de una síntesis orgánica impuesta, no democrática. Eso es totalitarismo: sin democracia, pero ofreciendo una utopía a las masas desesperadas.

La pretensión del Estado totalitario en México es consolidar un poder jerárquico severo, asimétrico, pero uniforme, basado en el control sobre los movimientos sociales, además de conducir y tripular las demandas de las clases medias y asegurar la subordinación pactada con las clases empresariales a los intereses de la cúpula gobernante, investida de una supuesta autoridad moral y ética que le permite perseguir a quienes cuestionan su permanencia en el poder.

Detrás de este esquema de control político y social que atestiguamos ese fatídico domingo en el Monumento a la Revolución (sitio escogido deliberadamente para insinuar “totalidad”), se corre la cortina sobre la realidad dramática de la presencia de las armas dentro del esquema de poder en México. Tanto las armas formales como las armas informales. Por supuesto que estuvieron presentes las armas formales.

Estuvieron los secretarios de la Defensa y de la Marina, en pleno evento partidista, como militantes más de Morena. Borraron su papel como representantes del Estado mexicano, obligados por lealtad a la Constitución para servir y defender a todos los mexicanos.

En ese eventos, como unos militantes más de Morena y aplaudiendo los dichos presidenciales, la multitud, militares incluidos, aplaudieron la política de la protección y defensa irrestricta de los narco políticos también militantes de Morena. Ese día eran Rocha y socios. Hoy suman Durazo y Villarreal y mañana serán otros.

¿Nuestros militares aplaudiendo la defensa que hizo la presidenta de los narco políticos? ¿Las armas formales aplaudiendo a las armas informales? Esa contradicción aberrante es lo que caracteriza al Estado totalitario. Debido a su naturaleza misma, el autoritarismo se va enraizando en todos los vericuetos del Estado mexicano, desde el municipio más remoto hasta el Palacio Nacional.

Los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo aplauden, de pie. Los representantes del Congreso de la Unión lo aplauden, de pie. El gabinete ampliado hace coro, como debe ser, a las palabras presidenciales. Y todos aplaudiendo la interpretación oficial de que la soberanía es defender a los narco políticos.

El reto para que el totalitarismo pueda completar su obra de dominio es convencer, u obligar a creer, a toda la población que cualquier discrepancia o crítica con la política oficial es traición a la patria. Por esto, se puede anticipar que, más temprano que tarde, el discrepar o cuestionar las políticas oficiales será considerado legalmente como un acto contra el Estado mexicano.

Esos actos serán merecedores de persecución política y judicial, expulsión laboral y acoso social. Eso está contenido en varias propuestas legales del morenismo en el Congreso. Ya se persigue sistemáticamente a críticos del oficialismo en Puebla, Campeche, Sonora, Morelos y Veracruz. Autorizados todos, por supuesto, por esa bocina mañanera, que es de donde habla la Big Sister.

La persecución a periodistas, y su secuestro y asesinato, son fenomenos de todos los días. El instinto del animal totalitario le exige eliminar, por cualquier vía, a los críticos, a los librepensadores, a los liberales, conservadores, a los izquierdistas críticos de Morena, y a los simples soñadores.

Esto es lo que le espera a la sociedad de ahora en adelante. En el país del “estás conmigo o en mi contra” las consecuencias de la crítica, el disenso, el ver las cosas de otra manera, se va a radicalizar muy rápidamente. Es la consecuencia lógica del evento de ese domingo: fue la fotografía para la presentación en público y a todo color del nuevo modelo totalitario de gobernanza que, hoy por hoy, se asienta en México. Quienes no se adapten o se acoplan al modelo autoritario de gobierno serán considerados enemigos del sistema y deberán ser callados, encarcelados o marginados. Serán clasificados, legalmente, como traidores a la Patria.

Los tiempos del debate respetuoso entre contrarios y, muy especialmente, de la alternancia electoral, se están acabando. La legislación electoral que ha aprobado Morena en fechas recientes está diseñada para impedir la alternancia. La narrativa de la intervención extranjera en las elecciones le sirve al régimen para justificar acciones y disposiciones para intimidar a los electores, buscando orientar su voto contra enemigos fantasmagóricos. El nombre el juego es la imposición total.

Morena ha cambiado el régimen político en México, de la mano del narcotráfico, de la violencia institucional y del fraude electoral. De haber sido una República con tres Poderes independientes y con mecanismos institucionales de vigilancia ciudadana sobre los actos de gobierno, contando con los instrumentos que aseguren la alternancia en el gobierno hasta hace seis años, ahora México se transformó en un régimen totalitario donde el poder es piramidal, altamente jerárquico y centralizado, habiendo eliminado la autonomía de los Poderes del Estado y subordinados al Ejecutivo. Fueron destruídos los órganos autónomos de fiscalización ciudadana, y el sistema electoral fue colonizado por Morena para eliminar la alternancia.

La democracia peligra gravemente y vive días cruciales. La democracia de libertades, de debate y la disputa de las ideas y la libertad del voto corren el riesgo de desaparecer, como sucedió con los órganos autónomos. La defensa de las libertades básicas es el último eslabón donde el gobierno totalitario aún no ha logrado destruir o quebrar el espíritu indomable de expresión del pensamiento mexicano liberal y democrático.

Pero los espacios se acotan cada día porque el régimen, enojado y temeroso sabedor de que sus pies son de barro, busca eliminar toda expresión libertaria por la vía de la represión. Hoy en México ser revolucionario es decir las verdades libertarias que el poder no quiere escuchar.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR

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