«Cuando los errores del poder abren la puerta del futuro»: Gustavo Vicencio
“Los sistemas políticos son tan imperfectos y corruptos
como los hombres que los conciben”
Morris West
Toda democracia necesita contrapesos. No para destruir al gobierno en turno, sino para obligarlo a gobernar mejor. El avasallamiento institucional, legal, territorial de morena podrá dar la sensación de un movimiento todo poderoso que hasta hoy ha logrado lo que ha querido. Pero es bien sabido que “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La sistemática demolición de la democracia mexicana contiene, aunque parezca ironía, su lado positivo. Ya es tan burdo el ejercicio del poder, es tanta la corrupción, mediocridad, cinismo, desfachatez, que los errores cada vez más frecuentes empiezan a minar su poderío. El error más reciente es el haber revivido a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una organización que había perdido todos sus privilegios y fuerza con la reforma educativa del 2013. Ah, pero amlo necesitaba su apoyo en el 2018 y les prometió el cielo y las estrellas a cambio de impunidad y derogación de dicha reforma. Ganaron y les cumplieron. Sin embargo, en el 2024 morena también los necesitaba. La entonces candidata Claudia Sheinbaum les prometió la derogación de la ley del ISSSTE, ya que según ella condenaba a los trabajadores a pensiones de miseria. Y ya que ganó, ahora les dice que no la va a derogar porque no hay dinero. Las consecuencias de su traición a lo prometido lo están sufriendo la CDMX y varias ciudades más con bloqueos, caos vial, molestia para peatones y conductores de vehículos y pérdidas de empleo por el inevitable cierre de negocios. El partido que prometió no traicionar, lo hizo con sus propios aliados.
Otro error fue el haber atacado con toda la furia del Estado a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por “haber permitido” que agentes de la CIA intervinieran en el desmantelamiento de un narcolaboratorio. Día tras día, no había mañanera en la que no se le acusara de vendepatrias, de aliada al intervencionismo extranjero, de privilegiar el apoyo externo en lugar del interno. Fue tal lo absurdo de la acusación que convirtieron a la gobernadora en noticia nacional. Y lo más irónico es que revivió a la oposición dándole una líder que mucha falta le hacía. En esta ocasión, la presidente se dio cuenta de su error y ya hasta minimizó el tema. Ahora la pelota está en la cancha de la oposición a fin de no perder el gran impulso recibido sin haberlo esperado.
Aquí existe una oportunidad extraordinaria para la oposición. La ciudadanía espera soluciones, no confrontaciones. Quien logre ofrecerlas ganará credibilidad. Es aquí donde la oposición puede diferenciarse. No mediante acusaciones estridentes ni campañas de descalificación, sino impulsando una agenda seria de respeto al estado de derecho, de la imperiosa necesidad de equilibrio de poderes, de transparencia, rendición de cuentas y fortalecimiento institucional. Los ciudadanos están cansados de la corrupción sin importar el color partidista de quien la cometa. La demanda social debe ser clara: reglas iguales para todos, investigaciones imparciales y cero tolerancia a la impunidad. La verdadera oportunidad para la oposición no consiste en celebrar los problemas de morena. Consiste en demostrar que existe una forma distinta de gobernar basada en la ética, en la eficacia y en el pluralismo.
Cada error del oficialismo representa una invitación para construir propuestas mejores. Cada contradicción gubernamental abre espacio para nuevas ideas. Cada promesa incumplida genera la posibilidad de presentar soluciones más realistas y más eficaces. México está entrando en una nueva etapa política, donde la democracia parece haber desaparecido. Esto obliga a la oposición, partidista y ciudadana, a elevar su nivel. El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad. Nunca como ahora existe un espacio tan amplio para construir una agenda basada en crecimiento económico, seguridad, fortalecimiento institucional, educación de calidad, innovación tecnológica y prosperidad compartida. Todo ello traducido en mensajes claros, simples, entendibles, que le llegue al corazón a la ciudadanía.
Las próximas elecciones no se ganarán únicamente criticando al gobierno. Se ganarán convenciendo a los mexicanos de que existe un proyecto capaz de llevar al país a una mejor versión de sí mismo. La historia demuestra que ningún proyecto político es eterno. Pero también demuestra que las alternativas exitosas no nacen del descontento; nacen de la esperanza. Y precisamente ahí, en medio de las contradicciones, los conflictos y los errores del poder, es donde comienza a abrirse la gran oportunidad para la oposición mexicana.
