La Marea Rosa reloaded: Andrés Amaro
Los fenómenos políticos son tan complejos que a veces es difícil saber cómo empezaron. Especialmente cuando hay un fracaso y hasta quienes participaron de aquello quisieran olvidarlo. Por eso la emoción en torno a la Gobernadora de Chihuahua es una oportunidad para analizar los errores de fábrica en el diseño de un liderazgo que pretendería articular un sector de la Oposición, erigiéndose en símbolo de divergencia.
Los componentes del momento y el perfil de la Gobernadora Eugenia Campos no son idóneos para ese propósito. Su presencia pública creció a partir de un tema que puede ser divisor de cualquier núcleo: un señalamiento de traición a la patria, derivado de su probable rol en la intervención de agentes de la CIA en el territorio que se encuentra bajo su mando.
En caso de que se determinara que la culpa de consentir la participación de extranjeros en operaciones de Seguridad fue de personal de la Fiscalía General del Estado, ello no la eximiría del todo. En Chihuahua, esa instancia, a diferencia de otras entidades, se encuentra subordinada al Poder Ejecutivo. Por lo demás, un eventual alegato de ignorancia no es admisible. Un Gobernador del Estado tiene la responsabilidad política de conocer todo lo que ocurre en la Administración Pública que conduce.
Su gestión de crisis, por otro lado, revela una aguda impericia. Durante entrevista en Radio Fórmula admitió involuntariamente haber sabido de la participación de agentes norteamericanos en territorio nacional, por ejemplo, durante un operativo para atrapar a “ese generador de violencia que en ese caso pues era mexicano”. Afirmaciones como esa, en el contexto de una desordenada ronda de medios en CDMX, fueron las que motivaron que la FGR la citara a declarar.
No obstante, su transitorio posicionamiento como antagonista del Régimen ha propiciado que personalidades opositoras empiecen a proyectarla hacia el ámbito nacional. El exPresidente Vicente Fox (2000-2006) la refirió como alguien con las cualidades para aspirar a la Presidencia de la República.
Desde hace tiempo vivimos una modificación peculiar del uso del lenguaje que consiste en emplear adjetivos con un sentido inverso al convencional. Al momento de su aparición, las cervezas “ultra” hacían suponer al consumidor que encontraría en aquellos envases una bebida con una solidez extrema de cuerpo y sabor. Al destaparlos se enfrentaba en cambio a una experiencia lamentablemente nada amarga: beber un caldo absolutamente insulso e insípido.
Algo así podría prefigurarse respecto a una eventual Candidatura Presidencial Opositora en 2030 por parte de la hoy Gobernadora de Chihuahua. Su dispersión y su falta de densidad política emulan a la exAspirante Presidencial Xóchitl Gálvez. Pero su tendencia a la irresponsabilidad permite anticipar que si encabezara una nueva Marea Rosa, ésta sería recargada.
La selección del aspirante a una Candidatura para cualquier puesto de elección requiere un análisis de historia de vida, política, profesional e incluso de personalidad. Precisa además una evaluación de liderazgo, capacidad de gestión, así como experiencia y destreza en campañas electorales.
Esa es la razón por la que, por ejemplo, alguien que podría ser muy buen Alcalde no tenga nunca la oportunidad de demostrarlo si carece de capacidad para ganar una Elección.
Frente a un análisis de ese tipo respecto a la Jefatura del Estado Mexicano, la Gobernadora de Chihuahua sería, en comparación con su antecesora como cabeza de la Oposición, el déficit potenciado.
En caso de que ese escenario se concretara y otros segmentos opositores tampoco tomaran en serio la Elección, podría anticiparse que el nuevo Presidente en 2030 surgiría de la competencia entre alas internas del actual partido gobernante, Morena
