El Huachicol, ¿qué tan arriba llega esto?: Guillermo Garza Milling

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Porque lo que tenemos hasta ahorita no es un escándalo menor. Fernando Farías, detenido en Argentina con un pasaporte guatemalteco falso a nombre de Luis Lemus Ramos, es sobrino del ex secretario de Marina Rafael Ojeda. El otro sobrino, también señalado como jefe del huachicol, también secretario particular, también familiar directo, ya lleva un buen rato detenido y de su detención para acá no ha habido ninguna consecuencia concreta. Como si ahí se hubiera terminado el asunto.

Pero el asunto no se termina ahí.

Lo que describió la ministra de Justicia argentina al momento de la detención de Farías fue contundente: pasaporte falso, origen Colombia vía Guatemala, alerta roja de Interpol, acusado de crimen organizado, corrupción, robo de combustible e intento de homicidio a funcionarios mexicanos. Y quien lo buscaba, según sus propias palabras, era la CIA y el FBI. No el gobierno mexicano. No la Secretaría de Seguridad Pública federal. No la Fiscalía. La CIA y el FBI.

Eso solo debería bastar para encender todas las alarmas.

Pero hay más. Porque si uno se detiene a ver el video que circula de las pipas desfilando por una carretera rumbo a la frontera, pipas nuevecitas, una detrás de otra sin fin, no puede evitar recordar aquel momento en que el expresidente López Obrador cerró las válvulas de distribución de combustible en todo el país como solución al huachicol, y el gobierno federal adquirió cientos de pipas.

Las mismas que hoy, al parecer, salen vacías hacia la frontera y regresan llenas de combustible robado desde Estados Unidos. Si eso es así, si esto fue un plan concebido desde adentro, el grado de malignidad del asunto no tiene precedente reciente en la historia del país.

Y sin embargo, más rápido salieron a exonerar a Rafael Ojeda. Él no tiene nada que ver, dijeron. Sus sobrinos eran sus secretarios particulares, eran sus sobrinos, fueron señalados como los jefes de la operación, pero él no tiene nada que ver. Insisten. Insisten.

Hay una voz que cada vez que aparece este tema sale a crear lo que solo puede llamarse un bilimbique verbal, un vocero que de inmediato mueve el encuadre, exonera en automático y cambia el tema. Es parte del mecanismo.

Y el mecanismo funciona porque hay una narrativa acuñada durante años que permite que cualquier señalamiento sea absorbido y neutralizado con una sola etiqueta: la oposición, el PRIAN, los conservadores. No importa que el PRIAN esté en la lona, devastado, sin representación real. La etiqueta sigue funcionando porque todavía no ha llegado el momento en que suficiente gente diga en voz alta: me engañaste.

Ese momento no llegó todavía, entre otras cosas, porque a mucha gente le está cayendo algo. Un programa, una transferencia, algo. Y mientras eso pase, la ecuación es simple: que se roben lo que quieran, a mí me llega lo mío. Es brutal como diagnóstico, pero es honesto.

Lo que no es honesto es la versión oficial. Porque hay tres versiones en juego y ninguna cuadra con las otras. La presidenta dice que no hay intervencionismo estadounidense. Omar García Harfuch reconoce colaboración estrecha con Estados Unidos en inteligencia y operaciones.

Y la ministra argentina dice que quien buscaba a Farías era la CIA. ¿Cuál es la verdad? Las tres no pueden serlo al mismo tiempo.

A todo esto hay que sumarle la mancha de petróleo en el Golfo que ya se acerca a los cien kilómetros y está llegando a aguas texanas, la detención sin consecuencias de Hernán Bermúdez Requena y su vínculo con Adán Augusto López, el hijo de Marcelo Ebrard con seis meses viviendo en una embajada mientras se investiga si se desviaron recursos, los tres nuevos consejeros del INE afines a Morena, la ministra que le da un amparo a su hermano, los agentes de la CIA asesinados en Sinaloa mientras el gobierno dice que eso no pasó, y el supuesto abatimiento del Mencho que nadie ha podido confirmar porque nadie mostró nada.

La pregunta no es si hay impunidad. La pregunta es si alguien dentro del sistema tiene verdadero interés en romperla, o si Bermúdez, los sobrinos y los demás detenidos están ahí simplemente para que parezca que algo se hace, mientras el resto del andamiaje sigue intacto.

Porque tenerlos presos sin consecuencias no es justicia. Es administración de la evidencia.

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