La CIA se pide hamburguesas con queso menonita: Andrés Amaro
No para llevar; para comer aquí. Ese es el problema.
La evidencia de que miembros de la CIA disimulados como agentes locales participaron ilegalmente en operaciones de tierra en Chihuahua reedita la tensión México-EU en torno a la colaboración en tareas antinarco. Importa conocer las causas profundas por las que autoridades estatales han considerado normal priorizar el sentido práctico sobre la legislación que pauta nuestra Seguridad Nacional.
La soberanía es un tema que habitualmente admite pocos matices. Por eso quienes lo discuten pueden agruparse solo en dos campos. En el caso de México, el margen para relativizarlo es nulo cuando se trata de EU. Frente a ese país perdimos más de la mitad del territorio tras una guerra asimétrica, como las de hoy día, ocurrida entre 1846 y 1848. Además, la agencia norteamericana es señalada como eje de operaciones para desestabilizar gobiernos, como el del Presidente Allende (Chile, 1973).
¿Porqué actores importantes de la vida nacional, como es el caso de quienes son autoridad en Chihuahua, pueden tener una visión permisiva acerca de la soberanía?
Cuando se busca anticipar el desempeño de un actor político suele cometerse el error de suponer que es suficiente conocer sus ideas. Así sea expuesto de manera tosca, un esquema de análisis para prever como actuará un líder político o social precisa considerar las siguientes proporciones: 10% se explicará por sus convicciones manifiestas; 50% por sus intereses pragmáticos; 40% por sus afectos (personales, políticos, de negocios o culturales).
En nuestro caso de hoy, la identidad cultural explica en buena parte porqué para políticos y gobernantes del norte de México, independientemente de su filiación partidista, la soberanía no es para tanto.
Contemos una historia triste para entenderlo.
Como otras urbes, Monterrey, mi ciudad, tiene vialidades cuyos nombres honran figuras por lo menos controversiales. Una de ellas es Gerónimo Treviño. Héroe de la lucha contra la Intervención Francesa (1861-1867), gobernó NL. Varias veces. Fue beneficiario de lo que hoy llamaríamos “enriquecimiento inexplicable”. El año 1887 lo encontró como socio de empresarios norteamericanos y cofundador de la empresa Ferrocarril al Golfo. En ese carácter, para el 4 de julio de 1891, a través de la Sociedad de Conductores Cerro de la Silla (Sitio de Taxis adosado a la Estación del Golfo), convidó a la comunidad a un reventón.
Marcha, en España. Farra, en Argentina. Rumba, en Colombia.
Todos podían unirse. Vino gente de ondequiera. Hubo corridas especiales del tren hacia la Estación San Juan (Cadereyta), sede del evento. La primera corrida desde Monterrey salió a las 9 AM. Aun hubo otra a las 5 PM. Un peso el pasaje. Miles de vecinos de NL, Coahuila y Tamaulipas disfrutaron de música, baile, bebida, comida, nieve, carrera de caballos. Ya bien entrada la noche, cual mas cual menos traía ya el pelo suelto (Gloria Trevi dixit, 1991, puntualmente un siglo después).
El convite de Gerónimo abonaba a otros elementos del patrimonio cultural local, como la leyenda sobre cierto militar de EU que, durante la ocupación de Monterrey (1846), cortejaba a una chica regiomontana llevándole serenatas. Cuéntame una de vaqueros aunque sean de Rodeo Drive.
La identidad de la Clase Política en todas partes tiene raíces profundas. Historias como estas nutrieron a la del norte de México. Normalizaron la visión de todos acerca de EU, apenas unas décadas después de la guerra. Para ya no ver a ese país como un riesgo para la integridad de nuestro territorio, sino como un vecino gruñón pero en el fondo dispuesto a darte una taza de azúcar.
