Las imágenes de la Tierra tomadas el jueves por astronautas de Artemis 2 en su vuelo a la Luna, espectaculares. “Mirar a la Tierra -desde la nave espacial Orión- es un recordatorio de que no importa lo dividida que esté la humanidad, seguimos siendo una especie que comparte el mismo hogar”, dijo el piloto Glover. ¿Somos la misma especie? ¿Prevalece el sentido de pertenecer a ella?
Los seres humanos encargamos a las máquinas, cada día más, operaciones del pensar y del decidir. No solo las aritméticas -multiplicar o dividir-, las escolares, itinerarios de viaje, iniciativas de ley, presupuestos, o sentencias judiciales. La memoria se guarda también en computadoras (del verbo latín “putare”: pensar, con otro). Y olvidamos datos que antes resguardábamos (número del celular, cumpleaños). Cada vez menos saben calcular. Tomar una “selfie”, y luego subir autorretrato a redes, se hizo funcional para ser visto. Sin procurar el pensar con los otros. Nuevos retos y amenazas del vivir en la era digital.
Las nuevas generaciones pasan más tiempo con el celular o la pantalla; hay quienes eso prefieren a estar con otros humanos, desconectados de la realidad; una despersonalización alarmante. Sometidos crecientemente a decisiones de seres que no son personas. Y así se resuelven negocios o campañas electorales. Fundamentados en emociones, no en hechos ni razonamientos. La inteligencia artificial (IA) aumenta exponencial; la humana (CI) disminuye desde mediados de los años noventa, (0.2 puntos al año en países nórdicos) según estudios europeos expuestos por Juan Villoro en “No soy un robot” (Anagrama, 2024). Usamos menos la cabeza y más el GPS.
Estos días son propicios para pensar a dónde y cómo va la especie humana, e intentar atisbar qué encontrar más allá de la Luna (anoche espectacular). El astronauta de Artemis 2 reconoció implícitamente una humanidad dolida, en la pregunta que le hizo la prensa desde Houston. Los Caín de hoy -Trump, Netanyahu, Putin, Ortega- agravan dolores evitables a los Abel -en Gaza, Líbano, migrantes, madres buscadoras- y usan IA. El sentido de pertenencia a la especie humana no es prevaleciente sobre otros sentidos nacionalistas, religiosos, racistas, sexistas, o de clase.
En estas circunstancias de menos comunicación neuronal y social, orienta el realismo de Aristóteles (los griegos delinearon el pensar ordenado y crítico del mundo occidental, diferente de culturas más añosas, como egipcia o persa). Decía él que la naturaleza de un ser se específica por su operación: de un martillo, golpear; de la flor, florecer; de un pez, nadar; de un caballo, correr; de un ave, volar; del ser humano, pensar y amar.
También comprobó en la realidad hay tres inclinaciones naturales fundamentales en los seres vivos: la de conservar su propio ser o existencia; la de conservar y reproducir la especie, hoy menos frecuente en los humanos. Y el de buscar y conocer verdades y vivir en sociedad, inclinaciones del alma vegetativo-sensitivo-racional. En generaciones jóvenes es más frecuente tener “animales de compañía”, no para trabajar o vigilar, sino para expresar afectividad: escuchan, olfatean o lamen, y recuperan realidad. Les cuesta más convivir con los de la especie humana. Y recién apareció un nuevo acompañante: el IPhone, Smartphone o Android, imprescindible. De ir a vivir a una isla solitaria, es lo que no soltarían.
Hoy celebramos la Pascua de Resurrección. El Alfa y la Omega -primera y última letra del alfabeto griego, y valores numéricos recíprocos- representan el principio y el fin del tiempo y de la Creación, con polvo de estrellas de miles de años luz. En filosofía, matemáticas o física esos signos reflejan totalidad y ciclos completos. Abarcan desde lo más pequeño hasta lo más grande.
Con la razón deducimos: si existe hoy algo, es que siempre ha existido algo. De la nada no sale nada. Razón y fe, ciencia y religión, son complementarios. Del Ser Absoluto, Dios para la religión, ésta puede decir mucho más. El Espíritu se hizo carme, murió por amor, y resucitó para recuperar la alianza con quienes tienen la Dignidad de ser Hijos de Dios, creados a su imagen, y semejantes en el pensar y amar.
¡Felices Pascuas!

