FÉLIX CORTÉS CAMARILLO
Supuestamente, como sucede con las frases célebres que no tienen origen cierto, esta fue repetida al teléfono por Adolf Hitler en 1944, cuando, luego del desembarco aliado en Normandía, los nazis ocupantes de la capital francesa no tenían más opción que morir o rendirse. Un Paris muy diferente al que un par de años antes Hitler había visitado, por primera y única vez, la capital francesa.
Dietrich Von Choltitz, entonces jefe de los ocupantes de Francia y quien obedeciendo a su jefe había ordenado colocar cargas explosivas en la Torre Eifel, el Louvre, el puente de Alma, el puente nuevo y el de los inválidos, prefirió entregar la plaza; gracias a él, conservamos una de las más bellas ciudades del mundo.
Con ese título, ¿Arde París?, René Clement hizo una película en 1966 con un reparto que ya quisiera cualquier director de Hollywood. Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Orson Wells, Leslie Caron, Charles Boyer.
El Ayatolah heredero del mando en Teherán, Ali Jamenei no pudo hacer esa pregunta, que tal vez le hubiera gustado: ha muerto, nos dicen los Estados Unidos, entre los escombros de un edificio destrozado por los cohetes de Israel o de los Estados Unidos, en este nuevo ensayo de la gran guerra.
Muy probablemente, Jamenei pudo haber hecho la pregunta. La capacidad de fuego de lo que fue el país del que tuvo que huir un breve huésped de la playa Guitarrón de Acapulco, el Sha Mohammed Reza Pahlevi y su mujer Farah Diva, no es pequeña. Dicen los que saben de estas cosas, que los cohetes de largo alcance que Irán tiene listos pueden llegar hasta ciudades de Europa, por cierto como Paris.
Para que les arda.
Nadie se atreve a especular si esos cohetes pueden transportar explosivos nucleares o que los puedan lanzar -digamos- a Nueva York, Washington o la Florida. El miedo no anda en burro.
Los bombardeos de Israel y los Estados Unidos sobre Irán tampoco.
Donald Trump y el señor Netanyaju nos afirman que están solamente protegiendo a sus países y su gente, de las perversas intenciones de los Ayatholas. Dicen saber que Teherán tiene ya la bomba atómica y que por eso hay que ponerlo en orden.
Lo mismo dijeron de Saddam Hussein y de Irak. Y no era cierto.
Desde luego, los cinéfilos queremos ver un París en llamas, solamente en la pantalla de un cine. O en la barra de una cantina; París en llamas es cognac -del de cinco estrellas- y Coca Cola, que ni a medio lucero llega.
Yo prefiero la Cuba Libre, por cierto.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): A partir de hoy comienza la cuenta regresiva que tanto teme el mentirosillo gobernador del “nuevo” Nuevo León, Samuel García.
Faltan 99 días para la Copa del Mundo de futbol.
Desde luego que las prometidas y fastidiosas líneas del metro ni a centímetro llegan. No va a estar lista ninguna de las baboseadas promesas. La gente trabajadora seguirá haciendo cola en las paradas de los dos o tres camiones que los llevan de su casa al trabajo y de regreso. Los miles de nuevos camiones solamente circulan en los discursos o videos- del gobernador.
Escucharemos, apuesto, la repartición de culpas hacia los legisladores estatales que no le autorizaron deuda enorme, a la falta de apoyo federal, a los brotes de sarampión, la muerte de Mencho o la tía de las muchachas.Todo menos Samuelito.
Yo no dudaría que el miniescándalo de Karina Barrón, funcionaria del municipio de Monterrey, encarcelada por supuestas afrentas a Waldo Fernández. Ambos sueñan con ser gobernadores de Nuevo León.
La falta de congruencia le va a pasar una factura grande al mentirosillo Samuel.
Especialmente si insiste en su proyecto de colocar a su esposa en alguna silla que le cuadre. A ella.
Tuesday, March 3, 2026

