No tenemos que opinar sobre todo lo que pasa en el mundo.

No tenemos que opinar sobre todo lo que pasa en el mundo.
​Vivimos bajo la dictadura de la «reacción inmediata». Sentimos que si no opinamos, no existimos o no nos importa.
Sin embargo, hay una verdad más profunda:
La paz mental es directamente proporcional a las opiniones que decidimos no emitir.
​No todo lo que llega a nuestros oídos requiere un veredicto. La mayoría de las cosas en este mundo no dependen de nosotros.
​No nos piden juzgarlas.
​No cambian si las aprobamos o las condenamos.
​»Podemos elegir no tener una opinión sobre algo.
No hay necesidad de molestar al alma por cosas que no se pueden controlar. Esas cosas no están pidiendo ser juzgadas.
Hay que dejarlas en paz.»
¿Por qué practicar la «no-opinión»?
​Para ahorrar energía: Reservar el juicio para lo que sí se puede transformar: El carácter y las acciones.
​Protección del alma: Evitar que el caos externo se convierta en ruido interno.
​Humildad intelectual: Reconocer que no necesitamos (ni podemos) entenderlo todo.
​Hacer la prueba: Cuando pase algo que tiente a la indignación o al juicio innecesario, simplemente decir: «Esto no requiere nada de mí». Y sigo mi camino.
No confundamos «paz mental» con «indiferencia ante la injusticia»
Elegir no tener una opinión sobre cosas triviales o fuera de mi control no es una invitación a la apatía. Ser íntegro se apoya en cuatro virtudes cardinales y una de las más importantes es la Justicia.

About The Author