¿Unirse para derrotar o construir para transformar?Gustavo Vicencio

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“La política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal 

que las circunstancias hacen posible”

Antonio Cánovas del Castillo

  La oposición mexicana enfrenta hoy una de las decisiones más importantes de su historia reciente. Después de años de derrotas electorales frente a morena y de observar cómo el oficialismo concentra cada vez más poder, muchos ciudadanos y dirigentes opositores coinciden en un objetivo inmediato: sacar a morena del gobierno. Sin embargo, la verdadera pregunta es si ese objetivo justifica cualquier estrategia o si, por el contrario, debe estar subordinado a principios y valores democráticos que permitan construir una alternativa auténtica para México. La tentación de la unidad a toda costa resulta comprensible. Cuando una fuerza política domina las instituciones, controla la narrativa pública y utiliza los recursos del Estado para fortalecer su proyecto, la lógica electoral parece sencilla: sumar todo lo que sea posible, sin importar diferencias ideológicas, para derrotar al adversario común. Bajo esta visión, lo urgente es ganar; lo demás puede resolverse después.

      Pero la historia política de México y del mundo demuestra que las alianzas construidas únicamente sobre el rechazo a un gobierno suelen tener pies de barro. Pueden ganar una elección, pero difícilmente logran gobernar con eficacia o generar cambios profundos. Cuando la única coincidencia es estar en contra de alguien, tarde o temprano aparecen las contradicciones internas, los conflictos de intereses y la ausencia de una visión compartida de país. La oposición mexicana corre precisamente ese riesgo. Si su proyecto se limita a convertirse en una coalición anti-morena, terminará pareciéndose a aquello que critica: una estructura cuyo principal motor es la conquista y conservación del poder. El problema no es solamente estratégico; es moral y político. Porque si el objetivo es restaurar la democracia, fortalecer las instituciones y recuperar el Estado de derecho, entonces los medios utilizados para alcanzar esos fines también deben ser democráticos, coherentes y éticos. Si la oposición busca legítimamente unirse no puede convertirse en un mazacote matemático cuya unidad sea solamente un NO. Cada partido, cada organización tendría que tener muy claro quiénes son, qué buscan, con qué métodos. Solo quienes tienen una identidad definida podrán aportar para bien lo que México requiere.

      México necesita una oposición que hable con claridad sobre libertad, división de poderes, respeto a la ley, combate real a la corrupción, seguridad pública efectiva, desarrollo económico y fortalecimiento de la ciudadanía. Pero también de cómo sacar a la gente de la pobreza, de garantizar su seguridad día a día, de responder a sus necesidades más apremiantes, de presentarse como aliada de las causas más sentidas de la ciudadanía. Necesita organizaciones y líderes capaces de explicar no solo por qué morena representa un problema, sino también cuál es la alternativa concreta que ofrecen. La política no puede reducirse a una simple operación aritmética de votos. Una suma de siglas partidistas no equivale automáticamente a un proyecto nacional. De hecho, muchos ciudadanos que hoy se sienten decepcionados por el oficialismo tampoco encuentran razones para entusiasmarse con la oposición. No basta con señalar los errores del gobierno; es indispensable presentar una visión inspiradora del futuro.

      La disyuntiva, por tanto, no es entre unidad o principios. La verdadera cuestión es qué tipo de unidad se busca construir. Una unidad basada exclusivamente en la urgencia electoral corre el riesgo de convertirse en una alianza efímera y oportunista. En cambio, una unidad fundada en valores democráticos, identidad propia bien definida, respeto institucional y objetivos compartidos puede convertirse en una alternativa duradera para el país. Desde esta perspectiva, la oposición debe resistir la tentación del pragmatismo absoluto. Cuando el fin justifica los medios, la democracia termina perdiendo, incluso si quienes llegan al poder lo hacen en nombre de ella. La construcción de una alternativa política sólida requiere inteligencia, coherencia y convicciones. Requiere formar ciudadanía antes que clientelas; construir instituciones antes que caudillos; defender principios antes que repartir candidaturas.

      Morena no será derrotado únicamente por una alianza electoral. Será derrotado cuando una mayoría de mexicanos encuentre una propuesta más creíble, más ética y más esperanzadora. La pregunta que la oposición debe responder no es solamente cómo ganar la próxima elección, sino para qué quiere ganar y qué país pretende construir después. Porque sacar a morena del gobierno puede ser una meta legítima. Pero si para lograrlo se abandonan los principios democráticos, el resultado podría ser simplemente cambiar de administradores sin transformar realmente el rumbo de México. Pensemos diferente, actuemos disruptivo.

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