En México le decimos el juego de las vencidas.

Es un primitivo forcejeo en el que los hombres del bosque enlazaban sus manos para, a fuerza de presión, doblar el antebrazo del otro hasta que el dorso de su mano tocaba la mesa. Se aplica a todas las áreas de la actividad humana cuando tienen que emplearse a fondo los recursos todos para la victoria.

Desde que el astuto apóstol, fundador, líder y profeta de Morena puso en movimiento el ardid de su sucesión en el poder, al frente de un país que tiene decenios de llamarse democrático a sabiendas que es una monarquía carente de ilustración, quedó en evidencia que su muy estudiada selección buscó entregarle el mayete a la más débil de las que llamó con vulgar desprecio “corcholatas”, todavía peor que la caballada flaca que inventó Figueroa.

Así, entramos en el juego tradicional de la política sucesoria mexicana, que se implementa cíclicamente al son de un viejo violín que maulla un “me voy, me voy, me voy, pero me quedo” que ha sido acallado de formas diversas desde Lázaro Cárdenas con Calles hasta López Portillo con su “hermano” Echeverría.

Sabíamos que venía al llegar el juego de las vencidas. El asunto es que aún en ese juego, hay estilos, modos y lenguajes que Cosío Villegas detectó magistralmente. El de Claudia Scheinbaum tardaron en mostrarse precisamente porque están anclados en la paciencia. Esa misma a la que tiene ya casi dos años de acudir cuando se le pone retobón el vecino del Norte.

El choque de poder que estamos presenciando no surgió intempestivamente con la imprudente carta de Andy, o con la cuatro meses antes cancelada visa del gordito para visitar Disneylandia. Los gladiadores se fueron definiendo poco a poco, y poco a poco Claudia Scheinbaum les fue reduciendo su esfera de influencia así se apellidaran Gertz o Hertz, o se llamaran Adán Augusto. Los peones de Andrés Manuel fuero saliendo del tablero mayor.

La partida de hoy la desató la petición del departamento de Justicia de los Estados Unidos para que México detuviera a diez funcionarios del gobierno de Sinaloa (!) por las muy fundadas sospechas de que han sido y son cómplices del narcotráfico que comparte el poder en nuestro país con el aparato de Estado. La -gratuita o no- vinculación de Andy con las sinvergüenzadas del huachicol, ese que por verbo presidencial desapareció en el sexenio de López Obrador, sólo vino a darle más sabor a este caldo, o espolvorear ajonjolí sobre este mole, de tantos chiles elaborado.

La presidente con A de mujer tuvo que darle una salida al pillín de Rocha Moya, llamado explícitamente hermano por el barón de Macuspana; esa era la institucionalidad que siguió exigiendo pruebas para alargar un proceso que bien sabemos cómo va a acabar.Y en eso estábamos, cuando las ganas e comer ansias vencieron al gobernador oculto en la licencia, que un viernes decidió retomar la silla que le entregaron por confesadas órdenes de su hermano Andrés.

Hay un dicho mexicano que les queda muy bien a Rocha Moya y a Andy: es mejor pedir perdón que pedir permiso. Los dos se tomaron la pequeña libertad de transitar caminos de cuota sin pagar peaje.

Y así tenemos hoy al México que diseñó y echó a caminar López Obrador: un México radicalmente dividido y dispuesto a jugarse el todo por el todo en unas vencidas. Con la salvedad de que en este tipo de enfrenamientos suele estar viendo muy de cerca el gobierno de los Estados Unidos. Que en esta mano quiere jugar.  

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas):El contralmirante de la  Marina nuestra Fernando Farías Laguna, sobrino político del anterior secretario del arma y acusado de encabezar la red más grande de huchicol que México imaginó, fue extraditado por el gobierno argentino gracias a las gestiones de Omar García Harfuch en su gira triunfal de la otra semana por Buenos Aires.

Pudo sin embargo, pasar buenos siete años como prisionero de lujo en sudamérica. A la manera del proxeneta argentino Raúl Martins, el rey del burdel en Buenos Aires y la Riviera Maya,que casi cumplió siete años en una cómoda prisión caribeña, luego de ser detenido por la policía de México en 2019.

Raúl Martins, espía y torturador de presos políticos en la dictadura de Videla, regenteó los prostíbulos más lujosos de Buenos Aires -negocio de cuya extinción no hay noticia- con guapas y pobres muchachas de América del Sur engañadas primero y obligadas a prostituirse después para clientes ricos.

Caída la dictadura y cuando se enteró de que ya por ay lo andaban buscando, Martins huyó a Tijuana, México, en donde puso unos negocios de Table Dance. Algo -me dicen que alguien- le dijo que el negocio de la carne de importación forzada estaba en el sureste. Si usted conoce el Maxim en Playa el Carmen, o The One en Cancún, son prostíublos caros. Son de él.

No sufrió cárcel ruda: es rico. Sus últimos años estaba recluido en un departamento con vista al mar en Cancún. A no ser por las negociaciones de García Harfuch ahí seguiría.

felixcortescama@gmail.com

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