Trump y Netanyahu, incontenidos en generar conflictos dentro y fuera de sus países.

Los dioses de la guerra: Marte, para los romanos, – “marzo” es por él, su inicio de calendario-; Ares, dios de la brutalidad y del conflicto para los griegos; Huitzilopochtli, divinidad azteca para guerrear, tienen idólatras tocando tambores.

Los idus de marzo-marte, marcan un antes y un después al iniciar primavera del 2026. Trump y Netanyahu, incontenidos en generar conflictos dentro y fuera de sus países. Declararon, el domingo 1°, la guerra contra Irán, sin ningún respaldo de Derecho Internacional.

Los tiranos religiosos iraníes – en la antigua Persia-, responden con ataques a otros países vecinos. Acá Sheinbaum toca tambores: presentó su iniciativa de reforma electoral a la Constitución, ninguneando a los otros, hasta a sus aliados. Guerrea no solo contra los cárteles que le exige Trump.

Trump hizo ayer sábado su cumbre del “Escudo de las Américas”, con líderes de 12 países. “México es el epicentro de la violencia de los cárteles, tamborileó.

México, Brasil o Colombia, no fueron invitados.

Días antes se celebró la Conferencia con autoridades militares y de seguridad de 17 países, en sede del Comando Sur hemisférico; tampoco invitaron a México.

EU reiteró la vigencia de la “doctrina Monroe” (el continente americano es suyo); y que está dispuesto a luchar por sí solo en contra de los nuevos enemigos hemisféricos, en particular el narcoterrorismo.

Compararon a cárteles de acá con el Estado Islámico y Al Qaeda “por lo que deben ser tratados despiadadamente por medio de la fuerza militar” (Stephen Miller dijo).

Cuando fui Subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de PGR, me correspondió presidir la Conferencia Interamericana contra el Terrorismo (CICTE), en la OEA. México tenía un rol relevante en el hemisferio, y era respetado.


El papa León XIV condenó en el Ángelus de ese primer domingo el recurso a la guerra: es “una tragedia de proporciones enormes”; alertó de “una vorágine irreparable”. El martes insistió: “está aumentando cada vez más el odio en el mundo”. Y su secretario de Estado, Pietro Parolin resaltó luego: “Si se concediera a los Estados el derecho a la guerra preventiva, según sus propios criterios y sin un marco jurídico supranacional, el mundo entero correría el riesgo de estar en llamas”.


Allá y acá se ahonda división. Francia y Alemania pronto se pusieron los guantes de box. Inglaterra dudó al inicio. Actitud diferente la del presidente del gobierno español. El socialista Pedro Sánchez respondió pronto: España no está en guerra. Y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, de ultraderecha, tardía reculo, tampoco su país es aliado en la guerra de Trump. La OTAN, dividida.


León XIV insistió desde el primer día marciano: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con armas; sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”. Que “la diplomacia recupere su papel”.

Trump y Sheinbaum coinciden: no sirve la ONU ni el marco jurídico supranacional.
Las anteojeras ideológicas de extremismos políticos o religiosos, de derechas e izquierdas, intentan torcer la realidad, y esto provocan: polarización, división, miedo, guerras, muerte. Los trompistas de allá y de acá. Los obradoristas, igual. No saben ni quieren dialogar de manera razonable y responsable con quienes piensan distinto.


Acullá, la presidenta electa de Costa Rica dijo esta semana: “México tiene un crecimiento exponencial de redes del narcotráfico y contra la vida de las personas. Ese país es un referente de a donde no queremos llegar. Yo no quiero que Costa Rica se convierta nunca en una bodega de fentanilo ni de precursores”. Bombardearon campamento de las FARC colombianas, por narcoterroristas en Ecuador, con EU.


Acá Sheinbaum machaca las reglas del juego electoral con las que llegaron al poder: dañan al servicio profesional electoral; se sobrerrepresentará Morena en las Cámaras legislativas para imponer lo que la guerrera azteca quiera. Sus reglas electorales serán ilegítimas por falta de deliberación y consensos democráticos.


Cómo se parecen los idólatras de dioses guerreros: pensamiento rígido, no crítico, incapaces de aceptar la otredad (a los otros, lo otro y El Otro que no sea el suyo), indispuestos a deliberar y conciliar. No redoblemos esos tambores bélicos.

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