octubre 18, 2026

La izquierda pierde sin autocrítica

El caso de los cubanos Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, creadores del proyecto audiovisual independiente El4tico, se ha convertido en un ejemplo

Tres países de izquierda en América Latina se encuentran atrapados en sus propias telarañas con crisis de sobrevivencia, mientras carecen de toda autocrítica.

El caso de los cubanos Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, creadores del proyecto audiovisual independiente El4tico, se ha convertido en un ejemplo relevante del conflicto entre el gobierno cubano y quienes utilizan las redes sociales para cuestionar el sistema político en la isla. Transmitían desde 2024 en un pequeño cuarto (de ahí su nombre) anexo a la casa de Medina con 140,000 seguidores.

La Fiscalía cubana ha solicitado 8 años de prisión para Medina y 10 años para Zayas. Se les acusa de difundir propaganda contra el orden constitucional. La Fiscalía sostiene que algunos videos promovían el rechazo al orden político y constitucional cubano, incluso llamando a cambiar el sistema socialista.

Los acusa de difamar las instituciones y organizaciones del Estado cubano, incluso de algunas de las figuras reconocidas por la Revolución. La acusación aduce que crearon “deliberadamente” el proyecto digital El4tico “con el propósito de transmitir, a través de las redes sociales, su posición ideológica y exhortar al resto de la población a que se sume a esa forma de pensar y generando contenido de carácter contrarrevolucionario”.

Mientras reprime a su población y rechaza cualquier cambio democrático, Cuba vive un colapso apocalíptico. Y el gobierno no ofrece soluciones creíbles a la crisis que ahoga a todas las generaciones actuales y futuras, excepto criticar a Estados Unidos. La autocrítica es inexistente en un régimen como el cubano.

Casi al mismo tiempo, en Brasil la izquierda pelea por su supervivencia en el poder. El PT brasileño, el partido gobernante encabezado por Luiz Inácio Lula Da Silva, sorpresivamente perdió la primera vuelta de las elecciones presidenciales y se prepara para la segunda vuelta, el 25 de octubre, contra el Partido Liberal que encabeza Flávio Bolsonaro, de derechas.

La izquierda analiza así su situación: La victoria electoral de Flávio Bolsonaro fue una calamidad política de proporciones catastróficas. El balance en el cuartel general del PT es muy claro: El bolsonarismo es el fascismo del siglo XXI. Una expresión de ello es que la Bolsa de Valores de Brasil batió su récord histórico al alza. La burguesía brasileña festejó el triunfo de Bolsonaro.

Según este análisis, la derecha quiere el poder absoluto y aspira a un régimen cada vez más autoritario y cerrado. A la extrema derecha sólo le falta la presidencia para tener el control absoluto del Estado. Ya cuenta con la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en el Senado. Y ya declararon que tomarán el control del Tribunal Supremo Federal. Y nadie deberá olvidar el peso de los fascistas en las Fuerzas Armadas.

Por esta razón, advierte el análisis de izquierda, conviene saber que se encuentran en Brasil ante el peligro inminente de un “invierno siberiano”. Todas las libertades están en peligro. Todos los importantes logros económicos, políticos, sociales y democráticos alcanzados desde el fin de la dictadura, aunque sean parciales, están en peligro.

La derecha pide la congelación de los salarios de los funcionarios públicos por un plazo indefinido. También quiere la desnacionalización de la economía brasileña, con el pretexto de atraer capitales estadounidenses. Los fascistas quieren destruir las normas de protección medioambientales, como permitir el fracking. Son enemigos de los movimientos de las mujeres y sus líderes son corruptos profesionales y están vinculados al crimen organizado.

Concluye la izquierda brasileña: viene una lucha en defensa de la civilización y contra la barbarie. Una conclusión carente de autocrítica. Todo es culpa de otros. México es el tercer país con un gobierno de izquierda. Las próximas elecciones son aún lejanas, en 2030, pero el ambiente político nacional proyecta una tensión como si las grandes definiciones del futuro ya estuvieran a punto de ebullición.

Cuba y México comparten un destino común: hacen frontera con Estados Unidos, lo cual define en gran medida las problemáticas internas y externas de cada nación. Pero cada historia es diferente. México es el país que más recientemente eligió un gobierno de factura izquierdista.

Sus prácticas de gobernanza se reflejan en su poca pericia para encabezar el gobierno. Quieren aplicar políticas como si hubieran estado en el poder durante más de seis décadas, y no ocho años. México no es Cuba para, por ejemplo, desafiar a Estados Unidos en lo político y económico. Pero piensan que sí lo son. Se olvidan de los 20 millones de mexicanos que han hecho sus vidas en Estados Unidos, muchos tienen doble nacionalidad.

El reciente ultranacionalismo les duele. Y el dato de que más del 80% de la economía mexicana funciona como parte de la economía doméstica del país del norte establece una barrera infranqueable a sus pretensiones ultrarradicales.

Para mantenerse en el poder, el gobierno mexicano aplica el libreto heredado del castrismo, y cuyo contenido es criticado por el PT brasileño, pues lo consideran fascista.

El gobierno mexicano califica a su oposición como fascista, injerencista y traidora a la Patria. Se apoderó del Poder Judicial (acción que el PT brasileño califica como “fascista”) y controla el Poder Legislativo, todos subordinados al Ejecutivo. Y siguiendo el libreto castrista, aprueba medidas para controlar a la oposición en sus dichos, expresiones, manifestaciones y escritos.

También a las redes sociales y los medios de comunicación masivos privados. A los partidos políticos de oposición se les dice lo que pueden, o no, decir y expresar o publicar. Las penas judiciales son económicas y corporales. Y controla los órganos electorales como garantía para no perder la siguiente elección. El libreto castrista de control absoluto funciona en la cabeza de los gobernantes de izquierda en México.

El dato central es que la izquierda mexicana gobierna en una cohabitación estrecha y cada vez más determinante con el narcotráfico. Exactamente lo que el PT brasileño acusa a la llamada derecha fascista de su país: su alianza con el narcotráfico.

A diferencia de los cubanos, México busca acuerdos favorables con Washington mientras echa miradas lascivas hacia Rusia y China. Y cree que nadie se percata de su miedo a definirse. Cuba y Brasil son claros en sus respectivas políticas exteriores, mientras México se esconde en el aislacionismo para actuar a trasmano. La autocrítica no tiene lugar en su mundo.

Las izquierdas de estos tres países comparten un gravísimo error. Estando enamorados del poder, han claudicado al uso de la autocrítica como brújula de acompañamiento en sus gobernanzas. Ese error, y no el gran lobo de Estados Unidos, explica mayormente el auge de las derechas en América Latina.

POR RICARDO PASCOE PIERCE

COLABORADOR

ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep

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