Cuando Washington decide apretar el cuello

0

En cuestión de pocos días, México recibió dos golpes duros y directos: la muerte de dos estadounidenses en un operativo en la Sierra Tarahumara y, casi de inmediato, la acusación formal del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios de alto nivel por conspirar con el Cártel de Sinaloa para traficar fentanilo, cocaína y metanfetamina hacia el norte.
Rocha ya hizo lo previsible: rechazó “categóricamente” las acusaciones y las calificó como un ataque político contra la 4T.
Ahora todos miran a Claudia Sheinbaum.
Y aquí no hay misterio. Ya sabemos quién es Claudia y cuáles son sus verdaderas capacidades.
Sabemos que no va a entregar a Rocha. Sabemos que no va a confrontar de frente al Cártel de Sinaloa ni a los intereses que este representa dentro de su propio movimiento. Su estrategia ya está escrita y es la que ha usado siempre: evadir, ganar tiempo y proteger al grupo.
En las últimas horas ha repetido la misma fórmula: “No tengo conocimiento”, “No nos enviaron pruebas” y cortar las conferencias de prensa sin responder preguntas incómodas. Esa es su respuesta real. No la que dará en discursos solemnes, sino la que realmente ejecutará.
Lo que Claudia va a hacer (porque ya la conocemos)

Mantener a Rocha en su cargo el mayor tiempo posible, o al menos no presionarlo públicamente para que renuncie.
Ordenar a la FGR una “investigación” lenta, burocrática y sin dientes, que nunca llegue a ninguna conclusión incómoda.
Escudarse detrás del discurso de “soberanía” y “respeto al debido proceso” mientras exige que Estados Unidos le entregue “pruebas” que, en realidad, no quiere recibir.
Negociar en lo oscurito con Washington para bajar la temperatura, ofreciendo algunos detenidos de bajo nivel a cambio de que no sigan subiendo en la cadena de mando.
Evitar a toda costa que Rocha sea extraditado, porque sabe perfectamente que un Rocha negociando con fiscales estadounidenses podría convertirse en una bomba de tiempo para varios personajes importantes de Morena.

Eso es lo que va a hacer. No porque sea valiente o estratégica, sino porque no tiene la fuerza ni la voluntad para hacer otra cosa.
Lo que debería hacer (y no hará)
Si Claudia tuviera realmente la autoridad y el coraje que presume, debería:

Pedir la renuncia inmediata de Rubén Rocha Moya para separar al gobierno federal de un gobernador formalmente acusado de narcotráfico por Estados Unidos.
Instruir una investigación seria y expedita, sin simulaciones ni pactos de impunidad.
Enviar un mensaje claro a Washington: “México no protege a nadie. Si hay pruebas, actuaremos”.
Aceptar que la era de “no te metas en mis asuntos” terminó y que el precio de seguir protegiendo cuadros podridos será cada vez más alto.

Pero eso no va a pasar.
Porque Claudia Sheinbaum, al igual que su antecesor, entiende que su poder descansa en gran medida en mantener unido un movimiento donde el narco-política sigue teniendo peso significativo. Romper esa estructura implica riesgos que ella no está dispuesta a correr.
Ya lo sabemos.
Ya la conocemos.
Lo que viene no es una defensa de la soberanía nacional. Es la clásica danza mexicana de simulación, dilación y protección mutua entre el poder formal y el poder real.
Y mientras eso ocurre, Washington sigue contando los muertos por fentanilo en su territorio y afinando el siguiente nivel de presión.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *