Cuando el árbitro pierde legitimidad.

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La Suprema Corte de Estados Unidos y el poder invisible de la confianza

“El poder de una Suprema Corte no descansa únicamente en 

la Constitución ni en el carácter definitivo de sus decisiones. 

Descansa, sobre todo, en la confianza colectiva de que sus fallos 

son producto del Derecho y no de preferencias políticas.”

INTRODUCCIÓN

Durante más de dos siglos, la Suprema Corte de los Estados Unidos ha sido considerada uno de los pilares más sólidos del constitucionalismo moderno. Su autoridad nunca descansó únicamente en la fuerza de sus resoluciones, sino en la convicción de que sus decisiones respondían al Derecho y no a intereses políticos.

Sin embargo, toda institución vive no sólo de su autoridad jurídica, sino también de su legitimidad social. Cuando una parte importante de la ciudadanía comienza a percibir que un tribunal favorece sistemáticamente a un mismo proyecto político, la confianza pública puede erosionarse aun cuando cada una de sus decisiones sea jurídicamente defendible.

Éste es precisamente el desafío que enfrenta hoy la Suprema Corte estadounidense.

La pregunta ya no es únicamente si sus decisiones son constitucionalmente correctas. La pregunta es si continúa siendo percibida como un árbitro imparcial.

LEGITIMIDAD Y PERCEPCIÓN

En Micropolítica existe un principio sencillo:

El poder depende tanto de la percepción como de la autoridad formal.

Un juez puede conservar todas sus atribuciones constitucionales.

Pero si una parte creciente de la sociedad deja de confiar en su imparcialidad, comienza a perder uno de los activos más importantes de cualquier institución: su legitimidad.

No basta con tener razón.

También es necesario que la sociedad crea que las decisiones fueron tomadas por razones jurídicas y no políticas.

UNA SECUENCIA QUE ALIMENTA LA PERCEPCIÓN

Durante los últimos años la Suprema Corte ha emitido diversas resoluciones de enorme trascendencia relacionadas con la agenda impulsada por la administración Trump.

Aunque cada caso posee fundamentos jurídicos propios, el efecto acumulado ha fortalecido la percepción pública de que la mayoría conservadora suele interpretar la Constitución de manera compatible con los principales objetivos del Ejecutivo.

EL DEBATE TAMBIÉN HA LLEGADO A LA ACADEMIA

La discusión sobre la legitimidad de la Suprema Corte no se limita a los medios de comunicación ni al debate político. También ocupa un lugar central entre juristas, constitucionalistas y académicos del Derecho. Mientras algunos sostienen que la Corte simplemente aplica una interpretación originalista y conservadora de la Constitución, otros consideran que la acumulación de determinadas decisiones ha contribuido a fortalecer la percepción de una creciente cercanía con la agenda política del actual Ejecutivo. La existencia misma de este debate constituye un indicador de que la legitimidad institucional del tribunal se ha convertido en objeto de reflexión dentro de la propia comunidad jurídica.

Principales decisiones y su impacto

DecisiónFundamento jurídico invocado por la CorteEfecto institucional inmediatoProyección política o utilización posterior de la decisión
Inmunidad presidencialSeparación de poderes y protección del ejercicio presidencialLimitó procesos penales contra un presidente por actos oficialesFortaleció la posición jurídica de Trump.
Restricción de la acción afirmativaIgual protección ante la ley y prohibición de preferencias racialesEliminó las admisiones basadas en razaLa administración amplió investigaciones contra universidades como Yale por presunta discriminación racial.
Facultades migratoriasAmplia discrecionalidad del Ejecutivo en inmigraciónFacilitó diversas medidas migratoriasSirvió de base para políticas migratorias más agresivas.
Reducción del poder regulatorio federalDoctrina sobre límites a la delegación administrativaDebilitó la capacidad reguladora de agencias federalesFavoreció la agenda de desregulación impulsada por Trump.
Otros casos sobre poderes presidencialesInterpretación amplia de atribuciones ejecutivasIncrementó el margen de acción presidencialConsolidó una visión de una presidencia con mayores márgenes de actuación, fortaleciendo la narrativa del “Ejecutivo fuerte”.

Ninguna de estas decisiones, considerada aisladamente, prueba una intención política de la Corte. Sin embargo, observadas en conjunto, ayudan a explicar por qué una parte de la opinión pública percibe un patrón consistente.

LA SUPREMA CORTE NO ES TODO EL PODER JUDICIAL

Sería un error concluir que toda la justicia estadounidense actúa de manera uniforme.

La Suprema Corte constituye únicamente la cúspide de un complejo sistema integrado por cientos de jueces federales y miles de jueces estatales.

En numerosas ocasiones, tribunales inferiores han suspendido órdenes ejecutivas de la administración Trump, limitando temporalmente su aplicación o modificando su alcance.

En consecuencia, la evolución del Derecho estadounidense depende del diálogo permanente entre distintos niveles judiciales y no exclusivamente de las decisiones del máximo tribunal.

Este matiz resulta indispensable para comprender la complejidad institucional del sistema.

LAS EXCEPCIONES TAMBIÉN IMPORTAN

Tampoco sería correcto afirmar que la Suprema Corte ha respaldado sistemáticamente todas las posiciones del presidente Trump.

Existen decisiones relevantes en las que el Ejecutivo no obtuvo el resultado que buscaba. Entre ellas destacan los fallos que limitaron la aplicación de algunos de los aranceles impuestos al amparo de poderes de emergencia económica, así como resoluciones en otros litigios relacionados con el alcance de determinadas facultades presidenciales. Estas decisiones muestran que la Corte no ha renunciado por completo a ejercer controles sobre el Poder Ejecutivo cuando considera que éste ha excedido los límites establecidos por la ley.

Reconocer estas excepciones no debilita el análisis. Al contrario, permite distinguir entre una tendencia general y una afirmación absoluta.

Lo que resulta significativo no es que Trump haya ganado todos los casos —lo cual sería falso—, sino que, en aquellos asuntos que afectan la arquitectura constitucional del poder presidencial, las atribuciones del Ejecutivo, la inmunidad, la capacidad regulatoria del Estado o la política migratoria, la orientación predominante de la Corte ha tendido a ampliar el margen de acción presidencial. Es precisamente esa acumulación de decisiones, más que cualquier fallo aislado, la que explica el intenso debate actual sobre la dirección que ha tomado el máximo tribunal de los Estados Unidos.

¿Y SI LOS MINISTROS ESTÁN BUSCANDO PROTEGER A LA CORTE?

Existe otra interpretación posible.

Algunos ministros podrían considerar que la mejor manera de preservar la autoridad institucional de la Suprema Corte consiste en evitar confrontaciones permanentes con el Poder Ejecutivo.

Desde esta perspectiva, la cautela judicial también sería una estrategia para proteger la legitimidad del tribunal.

No necesariamente porque compartan las posiciones del Presidente, sino porque consideran que una Corte excesivamente confrontativa terminaría siendo vista como un actor político más.

Ésta es una interpretación razonable que merece ser tomada en consideración.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Micropolítica surge una pregunta inevitable:

¿Qué pesa más: las intenciones de los jueces o la percepción pública que producen sus decisiones?

Las instituciones viven de ambas.

EL CASO YALE: CUANDO EL PODER CAMBIA DE MANOS

La reciente investigación del Departamento de Justicia contra Yale ilustra este fenómeno.

La Suprema Corte prohibió las admisiones universitarias basadas en preferencias raciales.

La administración Trump interpreta ahora esa sentencia en su versión más amplia y la utiliza para revisar no sólo la Escuela de Medicina de Yale, sino también las admisiones de licenciatura y de Derecho.

Aquí aparece un aspecto central de la Micropolítica:

La Corte establece el principio jurídico.

El Ejecutivo decide hasta dónde llevarlo.

Entre la sentencia y su aplicación cotidiana existe un amplio espacio de interpretación donde también opera el poder.

LA LEGITIMIDAD COMO CAPITAL INSTITUCIONAL

Las democracias sobreviven porque sus instituciones conservan credibilidad.

Cuando esa confianza disminuye, incluso las decisiones jurídicamente correctas comienzan a ser vistas con sospecha.

Éste constituye el verdadero riesgo para cualquier tribunal constitucional.

No perder un caso.

Sino perder la confianza de quienes aceptan sus fallos.


OTRO PRINCIPIO DE LA MICROPOLÍTICA

La Micropolítica parte de un supuesto distinto al del ideal jurídico clásico.

Ningún actor que ejerce poder decide desde una absoluta neutralidad. Toda decisión humana está influida, consciente o inconscientemente, por la formación, las experiencias, los valores, las convicciones, la cultura institucional y el contexto en el que se ejerce el poder.

Los jueces tampoco constituyen una excepción. La independencia judicial representa un ideal indispensable para el Estado de Derecho y una aspiración que toda democracia debe proteger. La neutralidad absoluta, en cambio, pertenece más al terreno del ideal normativo que al de la naturaleza humana.

Precisamente por ello, la legitimidad de un tribunal no depende únicamente de la corrección jurídica de sus sentencias. También depende de que la sociedad conserve la convicción de que esas decisiones fueron adoptadas con independencia, imparcialidad y fidelidad al Derecho. Cuando esa confianza comienza a erosionarse, el poder formal permanece, pero su legitimidad empieza a debilitarse.

REFLEXIÓN FINAL

La historia demuestra que la autoridad formal puede mantenerse durante muchos años.

La legitimidad social, en cambio, puede deteriorarse lentamente hasta convertirse en el principal problema de una institución.

Quizá la Suprema Corte de los Estados Unidos siga siendo uno de los tribunales más poderosos del mundo.

La pregunta es otra.

¿Seguirá siendo también uno de los más confiables?

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