la ciudadanía no se engaña y ve, con claridad, la crisis que vive México. Nada más falta que la vea también la autoridad, empezando por la presidenta de la República

Esta “desconexión” entre aprobación personal y desaprobación programática se ha reconocido, pero nunca explicado. En la Ciudad de México tuvimos un ejemplo

El gobierno siempre dice que todo mejora, y la percepción popular suele afirmar lo contrario. Las mediciones de opinión pública tienden a identificar y normalizar este “contraste” de opiniones con relación a la cosa pública. Desde tiempos remotos, cuando las encuestas encuentran que existe “aprobación” del Ejecutivo federal, también descubren la desaprobación de gran parte de sus políticas y programas.

Esta “desconexión” entre aprobación personal y desaprobación programática se ha reconocido, pero nunca explicado. En la Ciudad de México tuvimos un ejemplo de esto cuando la jefe de Gobierno, Clara Brugada, le pidió a los medios de comunicación “bajarle” a la nota roja, insinuando que la mala percepción popular sobre la inseguridad era culpa de los medios. Brugada presentó datos que, según ella, demostraban una reducción sensible en la inseguridad pública. Sin embargo, no encontraba la explicación de por qué la ciudadanía de la ciudad no comparte su optimismo. Y daba su versión: es culpa de los medios de comunicación que exageran los incidentes aislados de violencia en la urbe.

Otro caso de la jefa del Gobierno de la Ciudad de México se reafirmó recientemente. Volvió a criticar a los medios por no dar buenas noticias sobre las recuperaciones medioambientales que, a su decir, estaría realizando su gobierno. Inmediatamente después de dichas frases críticas hacia la prensa, el gobierno de la Ciudad de México tuvo que declarar una contingencia ambiental por los altos valores contaminantes atmosféricos en la zona metropolitana. La contingencia sigue al momento de escribir este artículo.

Desde el poder, tanto las encuestas como la “aprobación” presidencial han sido utilizados como justificación para la validación de todas las políticas y acciones del gobierno en turno. Pero aquí está la desconexión. Junto con la aprobación de la persona presidencial, las encuestas, unánimemente, confirman la desaprobación de su gestión pública en materia de seguridad, violencia, desaparecidos, economía, salud, educación y corrupción. Todas las encuestas muestran aprobación hacia las políticas de reparto de dinero vía los programas sociales. Ahí no puede haber mayor sorpresa.

La desconexión se da cuando se quiere justificar la gestión gubernamental en general, independientemente de que exista constancia de la reprobación de sus políticas públicas. Quizá ese intento de engaño o justificación no sea la peor parte del asunto.

Lo peor sucede cuando las autoridades electas son los primeros en creer sus propias mentiras. Porque cuando así sucede, suelen impulsar campañas mediáticas insistiendo en sus mentiras, afirmando la veracidad de sus datos y acusando a quienes afirman no creerles de ser instigadores o promotores de divisiones en la sociedad. Pero la Presidenta Sheinbaum no se queda atrás en la promoción de visiones distorsionadas de la realidad. En su afán por demostrar al gobierno de Estados Unidos que el problema del crimen organizado y la violencia están bajo el control del gobierno federal, hace aseveraciones que no encuentran correspondencia con la realidad. Ni con la realidad estadística ni con la realidad fáctica.

El una mañanera reciente, la presidenta Sheinbaum resaltó la reducción del 42% de homicidios dolosos en lo que va de su gestión y negó que su gobierno busque “esconder” a los desaparecidos y no localizados. Enfatizó que esa cifra significa 36 homicidios dolosos diarios promedio y aseguró que en enero de 2026 es el enero con menos homicidios dolosos desde el inicio de los gobiernos de la 4T.

Añadió una crítica a la prensa por no reportar adecuadamente sus datos favorables. Este reclamo a la prensa venía acompañado de la matanza de ingenieros en una mina en Sinaloa y la aparición de una camioneta repleta de cadáveres en Sonora. Todo por el crimen organizado. ¿Quién más?

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) publicada el 23 de enero de 2026 por el INEGI ilustra una percepción pública en total discrepancia con las cifras de la presidenta. Demuestra que el 63,8% de los habitantes del país tienen una percepción de inseguridad, un aumento del 2,1% con relación a la encuesta anterior. Además, el 59,3% de los mexicanos consideran que la situación de inseguridad va a “seguir igual de mal o peor” en el futuro próximo.

La agencia TResearch International, que lleva una contabilidad precisa de los homicidios dolosos en el país, desmiente a la presidenta. Mientras en el sexenio de López Obrador se confirmaron 94 homicidios dolosos diarios, en lo que va del sexenio de Sheinbaum lleva contabilizados 72 homicidios dolosos diarios en promedio, utilizando datos oficiales.

En materia de encuestas, le sucede a Sheinbaum lo mismo que a Brugada. En la última encuesta de El Financiero la presidenta recibe una aprobación arriba del 60%, pero sale reprobada en corrupción por el 76% de las personas, en seguridad por el 57% de los encuestados, mientras que en el combate al crimen, la aprueban menos del 20% de los encuestados. Más del 80% de los encuestados la reprueban. Confirma la contradicción de siempre: aprobación bien en lo personal, pero rechazo contundente en sus políticas públicas.

Por cierto, empiezan a aparecer encuestas que tienen a la aprobación presidencial en el rango de 58%-62%. Si buscáramos congruencia en las encuestas entre aprobación presidencial y evaluación de sus políticas públicas, los resultados lógicos andarán por ahí.

No menciono las encuestas internacionales que tienen a Sheinbaum rondando el 43%. Lo que nos confirman los datos de la encuesta de El Financiero es que la ciudadanía está extremadamente preocupada por el rumbo que toma el país. Combinando los datos de la ENSU del INEGI con la encuesta de El Financiero, se llega a una sola conclusión: la ciudadanía vive mayoritariamente con miedo y no sienten que el Estado esté cumpliendo con su deber constitucional de proteger la vida y los bienes de los mexicanos. De hecho, parecería que el Estado ha claudicado en su deber.

Lo más preocupante es que, después de todo, el Estado cree ciegamente en su propia narrativa, y no acepta otra. Tanto que la ceguera de taller se impone en las visiones distorsionadas de los gobernantes y que esas percepciones sean su único referente para su accionar del Estado. También querrá que la sociedad entera adquiera y acepte su propia ceguera de taller para no ver la realidad.

Pero, como nos ilustra y enseña la ENSU, la ciudadanía no se engaña y ve, con claridad, la crisis que vive México. Nada más falta que la vea también la autoridad, empezando por la presidenta de la República. Que salgan del taller y abran los ojos en la calle. La ceguera de los gobernantes, secuestrados por el enjambre que tejen sus propios intereses, es un fenómeno que pone en peligro a México. Su ceguera es uno más de los graves riesgos para la seguridad nacional del país.

POR RICARDO PASCOE

COLABORADOR
ricardopascoe@hotmail.com
@rpascoep

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