La muerte de un gran capo no marca el fin de una organización criminal. Con frecuencia, marca el inicio de una etapa más peligrosa.


El desafío de administrar el vacío

La muerte de un gran capo no marca el fin de una organización criminal. Con frecuencia, marca el inicio de una etapa más peligrosa.

Si quieren saber por qué es probable que México enfrente una nueva ola de violencia tras el abatimiento de “El Mencho”, sigan leyendo.

Lo que estamos observando no es improvisación histórica; es un patrón ampliamente documentado en estudios de seguridad comparada. En estrategia se conoce como decapitation strategy: eliminar o capturar al líder de una organización criminal con la expectativa de desarticularla. Sin embargo, la experiencia muestra que esa medida produce efectos secundarios previsibles.

1. Fragmentación interna

Un líder criminal no solo coordina operaciones.

También distribuye territorios, media disputas internas, controla flujos financieros e impone disciplina.

Cuando esa figura desaparece, se rompe el equilibrio que mantenía cohesionada a la estructura. Surgen subgrupos que compiten por el control territorial, por las rutas de tráfico, por las redes de extorsión y por el liderazgo simbólico.

Las organizaciones no se disuelven; se fracturan.

En lugar de una jerarquía centralizada aparece una constelación de células que buscan legitimarse por la vía más inmediata: la violencia.

2. Violencia transitoria — pero intensa

La disputa por el poder no se resuelve con comunicados. Se resuelve con balas.

Tras la captura o muerte de un capo, es común observar:

  • Ajustes de cuentas
  • Ruptura de pactos locales
  • Invasión de plazas rivales
  • Expansión oportunista hacia territorios debilitados

Los índices de homicidio suelen elevarse temporalmente. Ocurrió tras la caída de Juan García Ábrego, Osiel Cárdenas, “El Chapo”, y durante la fragmentación de Los Zetas y del Cártel del Golfo.

La eliminación del líder no elimina la estructura económica que sostiene al negocio. Solo elimina al árbitro.

3. Reconfiguración, no desaparición

El crimen organizado no es una pirámide rígida; es una red adaptable.

Cuando cae la cabeza:

  • Se descentraliza
  • Se regionaliza
  • Se vuelve más impredecible

En algunos casos, incluso más violento y menos controlable.

El poder criminal no desaparece; se redistribuye.

¿Sirve abatir capos?

Sí. Negarlo sería ingenuo.

Eliminar líderes reduce capacidad estratégica, desorganiza temporalmente a la organización y debilita su coordinación nacional e internacional. Es un golpe real.

Pero no es suficiente.

Si no existe reconstrucción institucional local, control territorial permanente, reformas judiciales eficaces, estrategia financiera contra el lavado de dinero y presencia social y económica sostenida del Estado, el vacío no permanece vacío. Otros lo ocupan.

Una lectura desde la Micropolítica

El crimen organizado no es solo una estructura armada. Es también:

  • Un sistema de lealtades
  • Una red de incentivos económicos
  • Un orden informal de poder en comunidades donde el Estado es débil o ausente

Si se elimina al líder, pero no se transforma el ecosistema que hace rentable su existencia, el sistema se recompone.

El problema no es únicamente “quitar al jefe”.

Es alterar las condiciones que permiten que otro emerja.

Conclusión sobria

La caída de un capo representa un triunfo operativo y simbólico para el Estado. Pero también puede inaugurar una fase de reacomodo violento.

La pregunta no es si habrá violencia posterior.

La pregunta real es:

¿Tiene el Estado la capacidad territorial e institucional para administrar el vacío?

Si la respuesta es negativa, la fragmentación no se convierte en pacificación. Se convierte en expansión.

Escenario probable

En los próximos meses es razonable anticipar intentos de reacomodo interno dentro del CJNG y movimientos oportunistas de grupos rivales en regiones estratégicas como Jalisco, Michoacán, Colima y Guanajuato. Es posible que veamos una fase de violencia focalizada —más intensa que extensa— mientras se define una nueva correlación de fuerzas. Si el Estado logra sostener presencia territorial continua, inteligencia financiera y coordinación interinstitucional, el impacto podría contenerse. Si la reacción es intermitente o fragmentada, la disputa puede prolongarse y extenderse hacia corredores logísticos clave.

El desenlace no dependerá únicamente del golpe dado, sino de la capacidad del Estado para consolidar el terreno que hoy queda en disputa.

*Dr. Alfredo Cuéllar. Académico, consultor internacional y creador de la Micropolítica como disciplina de análisis del poder invisible en organizaciones y sistemas políticos. Fue el primer mexicano en enseñar en la Universidad de Harvard y es profesor jubilado de Fresno State University. alfredocuellar@me.com

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