Israel: soberbia destructiva

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En la historia moderna del Estado de Israel, desde su independencia en 1948, la cultura sionista que gobierna y conduce al pueblo no ha dejado de ser, lamentablemente para ellos y el mundo, necia ante los reclamos de Dios. Hace ya cientos de años, el profeta Oseas presenta a los judíos un mensaje profético: «Israel, conviértete al Señor, Dios tuyo, pues tu maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor para decirle: ‘Perdona todas nuestras maldades, acepta nuestro arrepentimiento sincero, que solemnemente te prometemos’».

El Antiguo Testamento nos narra las diversas ocasiones en que el Señor reclamó al pueblo elegido su tozudez y alejamiento de sus mandatos y cómo fue castigado. Y ya en los siglos XX y XXI el pueblo judío en Israel no parece haber aprendido lo que es el arrepentimiento ni mucho menos públicamente prometerlo.

Tras siglos de persecución, desprecio y maltrato, el pueblo judío recuperó territorio para reestablecerse formal e independientemente junto al Mediterráneo. Y ha crecido y se ha desarrollado en mucho de manera ejemplar, cierto. Resistió varios intentos de sus vecinos para “echarlos al mar”.

Pero amén de sus esfuerzos de supervivencia, creando una pequeña pero muy eficiente fuerza militar, y haberse desarrollado en una tierra con mucha carencias, ha cometido muy graves daños a sus vecinos, al pueblo palestino.

Una cosa es que el Estado de Israel se prepare para su defensa para sobrevivir y se haya defendido, y otra cosa, absolutamente inaceptable conforme a los mandatos de Yahveh es sistemáticamente dañar, destruir y asesinar al pueblo palestino, el cual tiene el mismo derecho a vivir y ser respetado.

 A través de muchos años, el gobierno israelita ha apoyado y hasta promovido subrepticiamente a ciudadanos israelís invadir los territorios que habían sido respetados para los palestinos, en Cisjordania, estableciendo colonias de judíos dentro de esos territorios. Allí han atacado y asesinado impunemente a palestinos, tanto por civiles como por militares israelís. El mundo ha reclamado y los judíos abiertamente se han burlado de ello.

El Estado de Israel enfrenta dos grandes organizaciones propalestina que lo amenazan y atacan, Hezbolá y Hamas, respaldados por fuerzas extranjeras como Irán. Y tras cada ataque al territorio israelí, las represalias han sido terribles, afectando tanto a militantes de esas organizaciones como a civiles inocentes palestinos y libaneses, ajenos a las acciones de esas guerrillas. Los daños y muertes de civiles son injustificables, e inaceptables desde el punto de vista militar.

Tras el gran ataque de Hamas en tierra israelí en 2023, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), con el pretexto de acabar “para siempre” con Hamas destruyeron sistemáticamente escuelas, hospitales, templos, casas y edificios diversos en Gaza, todo. Con la tecnología militar presente no puede pensarse en errores, la destrucción ha sido intencional. En El Líbano, para combatir a Hezbolá, las FDI han atacado y destruido poblaciones civiles ajenas al conflicto con muertes de libaneses inocentes.

El gobierno y la milicia israelí no tienen justificación alguna para matar palestinos y libaneses inocentes y destruir sus poblaciones, y hasta impedirles recibir ayudas extranjeras en Gaza. Israel no responde al llamado, que no deja de ser vigente, citado por Oseas (14,2): «Tomad con vosotros palabras, volved a Yahveh». Quienes gobiernan la nación israelí no muestran tener esa intención. La realidad, grave, indica lo contrario, soberbia del Estado de Israel. Y decir esto no es injuria, es citar la verdad.

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