septiembre 24, 2026

PT-Morena: la encuesta que ya nadie quiere creer

La alianza Morena-PT-PVEM comienza a mostrar grietas precisamente donde Morena pretendía exhibir fortaleza: en el método para definir a quienes encabezarán la llamada Defensa de la Transformación rumbo a 2027.

El dirigente nacional del PT, Alberto Anaya, endureció el reclamo y acusó a Morena de incumplir los acuerdos establecidos para seleccionar a los coordinadores estatales. El petismo sostiene que faltó una segunda medición, con casas encuestadoras previamente pactadas y ejercicios espejo que incorporaran las propuestas de Morena, PT y PVEM.

Morena tiene otra versión.

Ariadna Montiel asegura que los perfiles propuestos por PT y PVEM sí fueron incluidos en las encuestas y que los resultados ya están hechos. Incluso sostiene que pueden revisarse nuevamente, pero descarta, por ahora, realizar nuevas mediciones.

Ahí está el verdadero problema: no solamente quién ganó, sino quién controló el mecanismo que decidió quién ganó.

Si existía un acuerdo para realizar una segunda medición científica con participación de los aliados, la pregunta es inevitable: ¿se cumplió o no se cumplió?

Y si Morena asegura que sí, ¿por qué el PT sostiene exactamente lo contrario?

La controversia adquiere todavía mayor dimensión porque Morena ha decidido mantener bajo reserva los resultados completos hasta que concluya todo el proceso, aunque ha anunciado que posteriormente hará públicas las encuestas.

Mientras tanto, las inconformidades crecen.

En Nuevo León, donde todavía está pendiente la definición del coordinador, el asunto resulta particularmente sensible. El proceso ya venía acompañado de cuestionamientos internos y diferencias entre los propios aspirantes.

Ahora aparece una pregunta adicional: ¿qué papel tendrán PT y PVEM en la definición final de Nuevo León?

Porque si el PT considera que sus propuestas no fueron sometidas al mecanismo que originalmente se pactó, difícilmente aceptará que la encuesta de Morena sea presentada como palabra definitiva.

La política de alianzas no se sostiene solamente con discursos de unidad. También requiere reglas claras, confianza y transparencia.

Y hoy la discusión ya no es únicamente por las candidaturas.

Es por la credibilidad de las encuestas.

Porque cuando los resultados no se conocen, la metodología no está completamente sobre la mesa y uno de los aliados afirma que el procedimiento acordado no se cumplió, la encuesta deja de ser el punto final de la discusión y se convierte en el principio de otra: ¿quién decidió realmente quién debía ganar?

Y esa pregunta, en Morena, apenas comienza.

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