Las Murallas de Constantinopla: Carlos González Valdepeña

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“Pensar alto, sentir hondo y hablar claro”

De Constantinopla se pueden decir muchas cosas. Pero esta vez, nos vamos a referir a su sistema de defensa. Específicamente a sus murallas. Sus “infranqueables” murallas.

Constantinopla era la capital del imperio romano de oriente, y se llamaba así por su fundador, el emperador Constantino. Que fue quien adoptó la religión cristiana en el imperio romano.

Sin embargo, aquí lo que queremos resaltar es un error que ha sido muy común a lo largo de la Historia, y que ha resultado muy costoso. Nos referimos al exceso de confianza. Específicamente el exceso de confianza en las murallas que protegían a la ciudad de Constantinopla.

Resulta que para mayo de 1453, ya se había generalizado el uso de la pólvora como arma, y eran varios los ejércitos que dominaban su uso. Principalmente tratándose de el arma que hoy conocemos como cañón. 

Los habitantes de Constantinopla, tenían mucha confianza en sus murallas, ya que nunca habían sido violadas. Ni perforadas, ni escaladas, ni mucho menos demolidas.

Pero el problema es que esas murallas se construyeron cuando aun no se inventaba la pólvora, y por lo tanto, no se hicieron pensando en que un arma tan poderosa como el cañón, podía algún día horadarlas.

Pero ese día llegó, y los bizantinos no tenían defensa para ello. Cabe aclarar que esa ciudad ha tenido varios nombres, Constantinopla, Bizancio y otros mas. Hoy es conocida como Estambul, Turquía.

El caso es que las murallas de Constantinopla, estaban hechas para resistir asedios y golpes con catapultas, con arietes y con otras armas que nada tenían que ver con la pólvora.

Los bizantinos nunca se preocuparon por reforzarlas ante el uso de las nuevas armas. Mejor se dedicaron a atender algo que hoy llamamos discusiones bizantinas. Esto es: discutir por temas totalmente irrelevantes, como por ejemplo alegar si los ángeles tienen ombligo o no.

Total que un día de 1453 llegaron los musulmanes otomanos, y empezaron a cañonear las murallas hasta que las perforaron. Entraron en la ciudad, hicieron una matazón espantosa y ahí desapareció el imperio romano de oriente.

Hay otro ejemplo de actualización de tecnología muy similar. Resulta que las vías de los trenes soviéticos, eran mucho mas anchas que las de cualquier tren del mundo, para que ningún país los pudiera invadir por tren. Los soviéticos se sentían muy seguros.

Hasta que llegó la segunda guerra mundial y los nazis los invadieron de una manera muy ingeniosa: colocaron un tercer riel, para dar la angostura necesaria para sus propios trenes. Y ya con ese tercer riel, pudieron meter sus propias locomotoras y sus propios carros.

Moraleja: la tecnología que funcionó muy bien ayer, puede ser que ya se volvió obsoleta hoy. De manera que si se busca el éxito, hay que estar al día. O mejor aun: ir un paso delante de tus competidores.

El tema de hoy de esta columna, fue sugerido por el Ing. Roberto Bonilla, co-piloto organizacional de Novarum México.

                                   F  I  N

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