EUA reduce 20% gas natural a México, upppps
Gas natural; cuando la improvisación cuesta caro
México acaba de recibir una llamada de atención que no debería sorprender a nadie: Estados Unidos redujo temporalmente alrededor de 20% el suministro de gas natural que llega a nuestro país por ductos. El propio CENAGAS reconoció que, ante un corte total de las importaciones, México apenas tendría capacidad para sostener el suministro durante unos tres días.
Tres días.
Pero lo verdaderamente preocupante no es solamente la cifra. Lo grave es que esta vulnerabilidad era conocida desde hace años y no se ha resuelto.
El propio gobierno reconoce que México prácticamente carece de almacenamiento estratégico de gas natural. Más aún: desde hace años existe la obligación de construir un inventario estratégico equivalente a cinco días de demanda proyectada. Sin embargo, en octubre de 2026 seguimos dependiendo de la operación de los ductos y de la coordinación de las instituciones para enfrentar una eventual emergencia.
¿Dónde quedó la planeación?
México consume enormes cantidades de gas natural y alrededor de tres cuartas partes de las importaciones provienen de Estados Unidos. El combustible es indispensable para la generación eléctrica, para Pemex y para buena parte de la industria nacional. Por eso, cualquier reducción importante en el suministro puede convertirse rápidamente en un problema económico y social.
Y aquí es donde la displicencia gubernamental adquiere otra dimensión.
No estamos hablando solamente de una amenaza para la Comisión Federal de Electricidad o Petróleos Mexicanos. Estamos hablando de empresas privadas que necesitan gas para producir, de industrias que podrían enfrentar restricciones, de costos que eventualmente terminarían trasladándose al consumidor y de millones de hogares cuya vida cotidiana depende de un sistema eléctrico confiable.
El propio CENAGAS reconoce en su Programa Institucional que una reducción en la disponibilidad de gas impacta directamente a la economía nacional y que la falta de infraestructura puede trasladar costos a los sectores eléctrico, residencial e industrial.
La pregunta inevitable es: ¿por qué esperar hasta estar contra la pared?
La respuesta inmediata no puede limitarse a confiar en que Pemex, CFE y CENAGAS logren sortear otra contingencia. El gobierno debe establecer un plan de emergencia de corto plazo: asegurar contratos de suministro alternativos, maximizar temporalmente la producción nacional disponible, utilizar la capacidad existente de almacenamiento de gas natural licuado, establecer protocolos de ahorro y sustitución para grandes consumidores y transparentar diariamente las condiciones del sistema mientras persista la reducción estadounidense.
Y, sobre todo, debe acelerar la construcción del almacenamiento estratégico que México lleva años prometiendo.
La seguridad energética no se construye con discursos de soberanía. Se construye con infraestructura, reservas y previsión.
Porque cuando un país tiene apenas tres días de margen frente a una interrupción externa, el problema ya no es solamente energético.
Es un problema de Estado.
