Epopeya encubierta: El 27 de septiembre
Salvador Ignacio Reding Vidaña
“Para honrar a Iturbide bastan dos cosas, saber historia y ser justiciero”: Francisco Bulnes.
El 27 de septiembre de 1821, el Ejército de las Tres Garantías, encabezado por Agustín de Iturbide, entró en la Ciudad de México, marcando así el inicio de una nación independiente. Con él llegaba el último jefe insurgente, Don Vicente Guerrero, quien aceptó la propuesta de Iturbide para unir esfuerzos y milicias, y terminar con tan larga y sangrienta guerra, dando así vida a la nueva Nación Mexicana. El abrazo de Acatempan entre ambos próceres permitió que los habitantes de la Nueva España dejaran de matarse entre sí.
A pesar del esfuerzo oficial de muchas décadas, para ignorar a Iturbide, en décadas recientes, tímidamente se ha ido «descubriendo» la consumación de nuestra independencia.En 2021 se tuvo que reconocer el aniversario de la consumación de la independencia, pero dándole el menor impacto social posible.
Qué ironía del anti-iturbidismo oficial de origen masónico. Les molestaba que la fuerza que llevó al criollo Iturbide a terminar la guerra fuese su catolicismo, su sentido católico de patria. Pero no les quedaba más remedio que reconocer que fueron los clérigos y hombres cercanos a ellos quienes iniciaron la guerra de independencia, pelearon y dejaron su vida en el camino. El cura Morelos, fue el gran estratega militar, pero también el genio conceptual de lo que el alma de los mexicanos quería para sí. «Los Sentimientos de la Nación» y la Constitución de Apatzingán así lo atestiguan.
Los mexicanos históricamente conscientes debemos hacer justicia a quienes finalmente nos dieron patria el 27 de septiembre de 1821, y celebrar la fecha con la alegría de quien recuerda el deber cumplido. Debemos dar a Don Agustín de Iturbide el lugar y reconocimiento que merece. Fue él quien terminó la guerra de once años iniciada por el cura Hidalgo, encabezando a los conspiradores que incluían a Allende, otros militares y varios civiles. Para denostar a Iturbide y «justificar» su olvido oficial, se le tachó de «ambicioso», pues el liberalismo anticatólico no pudo encontrarle defecto real. ¿Quién de los grandes políticos del oficialismo puede librarse de la ambición, sin que por ello se les tache de la historia?
La guerra de independencia fue, de principio a fin, católica, iniciada por el cura Hidalgo, seguida por otros curas y hombres de fe, y consumada por un creyente: Agustín de Iturbide. Hidalgo ondeó el pendón guadalupano para llamar a la lucha libertaria, e Iturbide, con Vicente Guerrero, entran a la Ciudad de México con la bandera y el Ejército Trigarantes, aunque recordarlo moleste a liberales trasnochados y quienes malentienden el laicismo de Estado.
No debemos dejar que nuestros ciudadanos, nuestros jóvenes y niños sigan sin poder contestar la fecha de consumación de la independencia mexicana. El 27 de septiembre debe ser proclamado a los cuatro vientos, y dar su lugar, en los pedestales de nuestra historia, a su creador, Agustín de Iturbide, el hombre que supo convertir a los enemigos en amigos y compatriotas, y que hizo realidad el sueño de Hidalgo, Morelos, Matamoros y demás héroes religiosos y seglares que lucharon hasta la muerte.
