https://www.facebook.com/photo/?fbid=10162545856097327&set=pcb.10162545862437327
El silencio no se quedó quieto.
Hubo una visita devuelta.
Una puerta que no se abrió.
Una calle entera mirando.
Las palabras subieron de tono.
El orgullo también.
Y cuando ya no hubo forma de retroceder,
el acero hizo lo que sabe hacer.
No siempre hay muertos.
Pero siempre hay consecuencias.
Crónica prohibida del norte novohispano.
Guárdala.
Estas historias no buscan aplauso,
buscan memoria.
Próximamente: El don que se acabó

