José Mario de la Garza Marroquín
Esta semana The Economist pone la bandera de México manchada, como escena del crimen, y el título no puede ser más certero: “Power on paper”. Poder en el papel. Morena lo tiene todo: Presidencia, Congreso, estados, discurso, votos. Pero cuando el poder no se convierte en Estado, lo que queda es una sensación incómoda: fuerza política sin capacidad real para cambiar lo que importa.
El reportaje lo dice sin rodeos: el crimen sigue ahí, la corrupción también, y la economía camina lento. Sheinbaum hereda una maquinaria electoral formidable, pero gobernar no es ganar. Combatir al narco implica tocar a los propios; reformar instituciones cuesta dinero que no hay; sostener el bienestar sin crecimiento es una apuesta frágil. Las leyes se anuncian, las reformas se prometen… y muchas se patean hacia adelante. Mucho control, pocos resultados estructurales.
El mensaje de The Economist es brutal porque es simple: la luna de miel se acaba cuando la realidad deja huellas. Bajo la presión de un Estados Unidos impredecible y exigente, México enfrenta su verdadero reto: pasar del poder que se presume al Estado que funciona. Porque el poder que no se ejecuta, tarde o temprano, se desmorona.

