enero 7, 2026
“El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salud, la platita, que no la tire, que no la tire

Tres cosas hay en la vida”, enumera la canción que nos enseñaron desde niños en el colegio. Y al tiempo volvimos a cantar: “El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salud, la platita, que no la tire, que no la tire”. Puede parecer simplista este triple tesoro. ¿Qué es lo que cuidan o, en su caso, tiran hoy hijos, sobrinos, vecinos o prójimos? Es difícil ponerse de acuerdo en lo prescindible y no: incluye relaciones, cosas, lugares, tiempos, proyectos. Son los dilemas del ser feliz.
A mi me parece que sí es posible abarcar en esas “tres cosas” lo que puedo apreciar y desear para los míos, los otros, y para mí mismo, en el 2026 recién iniciado. Salud, para empezar. Un estado de ausencia o del menor mal físico, psicológico, moral o espiritual posibles. Somos cuerpos espiritualizados o espíritus encarnados. La salud supone todas nuestras dimensiones personales, y también las sociales o comunitarias. Tengo para mí que lograr o mantener la salud es mucho más complicado hoy que antes. No obstante, la gente sea más longeva, y haya más soluciones médicas que antes. Pero la salud mental tiene más retos o amenazas para las nuevas generaciones, según estadísticas recientes.
Y me parece que la sensación de bienestar empieza por desde niños conocer capacidades y limitaciones individuales, y las circunstancias en que nos desenvolvemos. E ir construyendo un proyecto de vida lo más aterrizado o soportado en esas capacidades físicas, intelectuales, deportivas, artísticas, morales, espirituales de cada uno. Proyectos de vida que deben implicar esfuerzos en varios órdenes.
Saberse amado y empezar a amar, incluyendo amarse a sí mismo, es condición posibilitadora de la mayor salud posible. Y con ello aprender a perdonar y a perdonarse a uno mismo. De niño, si algo hacía mal que pudiera ser pecado, me iba a confesar con el cura, fuese la falta más o menos leve o grave (examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de enmienda, confesión y propósito de no volver a pecar. Y recibíamos el perdón). Y salía uno ligero, limpio, sin cargas. No necesitábamos de psicólogos ni psiquiatras para reconciliarnos y devolvernos salud, la mayoría. Al tiempo, algunos más que otros, sí los necesitan.La platita, el dinero, “excremento del diablo”, lo llamó Papini. Es invención reciente en el mundo, después de dejar atrás el trueque o intercambio de lo recolectado o producido por unos y otros. Y ahora el bitcoin. En los últimos siglos hemos convertido la platita en una obsesión que parece no tener límites. Hay muchos que cuando ya lograron los bienes o riqueza que querían, quieren más, y así al infinito. A mi me parece que por salud mental, cuando uno ha logrado avanzar en su proyecto de vida, que por supuesto implica el componente económico o material, debe encontrar un equilibrio y satisfacción que aquiete un apetito por lo material. Y es que tendemos a lo infinitito, el asunto es resolver qué sí es infinito y que es solo aparente. Somos seres contingentes y con limitaciones, que hay que reconocer.
El amor es un tesoro. El amor a sí mismo como a los que nos sea próximos, en lo horizontal. Y en lo vertical, amar a Dios sobre todas las cosas, enseña el cristianismo. Esta es la fuerza, motivo o razón más poderosa de vivir. Decía Aristóteles, quien enseñó sin religión o credo alguno, que hay dos motores para la humanidad: el hambre y el amor, el estómago y el corazón. Y él también enseño que estamos diseñados para ser felices: sentir alcanzar lo que se quiere.
Y queremos cosas en el orden del ser (salud, amor, bien en sí), en el del saber (conocimientos, vivencias, bienes honestos) y en el del tener (bienes útiles o deleitables). Lo que es legítimo. Solo conviene darle a cada cosa su justo valor o dimensión.
Mal empieza el año cuando Trump se agandalla Venezuela y da esquinazo a la oposición democrática. Reprobable las dictaduras venezolana o cubana, como la actitud trumpista, violatoria del Orden Internacional. El gobierno mexicano también descuidó nuestra salud, tranquilidad y paz; y tiró la platita en obras costosas, perjudiciales, mortales.
No depende de nosotros querer o no ser felices: esto es cosa natural. ¡Seamos felices!

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