Durante mucho tiempo nos enseñaron a minimizarnos, a no reconocernos, a pensar que hablar bonito de uno mismo es ego. Pero en realidad, es un acto de conciencia. Así como no le hablarías con dureza a alguien que amas, tampoco deberías hacerlo contigo. Tu voz interna es el primer hogar donde vive tu energía.
Las palabras no son solo sonidos, son semillas. Cada vez que dices “no puedo”, “no soy suficiente” o “siempre me equivoco”, estás sembrando límites invisibles en tu camino. En cambio, cuando eliges palabras más amables, más justas y más conscientes, comienzas a abrir puertas internas que antes estaban cerradas. No es magia superficial, es coherencia energética.
Hablar bien de tí no significa negar tus errores. Significa reconocerlos sin castigo, aprender sin culpa y avanzar sin cargar vergüenza. Es decirte: “Estoy creciendo”, “Estoy aprendiendo”, “Estoy haciendo lo mejor que puedo hoy”. Esa compasión contigo mismo calma el corazón y ordena la mente.
Cada palabra que te dices es un hechizo que se repite. Si te repites escasez, atraes escasez. Si te repites miedo, tu cuerpo vive en alerta. Pero cuando eliges palabras de respeto, de confianza y de amor propio, algo dentro de tí se alinea. Tu energía cambia… y tu realidad empieza a responder distinto.
Empieza por lo simple.
Observa cómo te hablas cuando te miras al espejo, cuando fallas, cuando te cansas. Cambiar el lenguaje interno es una práctica diaria, como respirar profundo o volver al centro.
No necesitas hacerlo perfecto, solo hacerlo consciente.
Recuerda esto: nadie escucha tus pensamientos tanto como tú. Sé un refugio, no un campo de batalla. Háblate como quien cuida, como quien guía, como quien cree. Porque cuando normalizamos hablarnos bien, sanamos desde adentro… y desde ahí, todo florece.
Feliz y bendecido año 2026. Que este año abunde la alegría, amor, salud, paz y bienestarr. Siempre agradecidos y de la mano de Dios.
Edith Ancona

