noviembre 3, 2026

Demócratas socialistas, elecciones USA: Vito Saint Germain

La etiqueta del miedo favorita de Trump y Vance perdió filo: los votantes reconocen en ella los programas de los que depende su bienestar.

Aquejado por un ataque de influenza durante sus vacaciones en Chicago, James MacMillan,académico británico y vecino londinense del barrio Mayfair, preguntó al Head Concierge del hotel donde se hospedaba por la clínica de atención pública en salud más cercana. “Aquí en Chicago no hay, de hecho no existe algo así como tal en los Estados Unidos”, contestó el Concierge, puedo ayudarle llamando a un médico que atiende a nuestros huéspedes, el costo de la consulta no será alto”. 

Mister James se mostró sorprendido, “pero en Inglaterra con nuestro sistema de salud vamos a una clínica pública y no desembolsamos ni una libra, ni siquiera por el medicamento”, explicó. “Eso se llama socialismo señor MacMillan”, en América, no hay socialismo”, contestó amable el gerente, “pero que bueno sería tener algo así”, añadió. 

Durante décadas, en Estados Unidos bastó pronunciar la palabra «socialismo» para acabar cualquier debate. Era un espantapájaros perfecto: evocaba anaqueles vacíos, partido único y la sombra de la Guerra Fría, Fidel Castro, Stalin, Chávez o el temido fin de la libertad entre otras calamidades. Donald Trump lo ha explotado sin pudor en la campaña electoral que terminó apenas ayer. 

Además de solazarse vertiendo vulgaridades hacia los candidatos demócratas, impropias de un presidente, Trump les ha descrito como “comunistas sin Dios dispuestos a cerrar iglesias”; JD Vance, el vicepresidente, ha recorrido el país presentando las elecciones como una batalla contra el socialismo, y el presidente de la cámara baja, Mike Johnson, alerta de candidatos demócratas que se declaran marxistas.

El problema para el trumpismo es que la etiqueta ya no asusta, describe en realidad las necesidades que la clase media norteamericana promedio tiene que satisfacer cotidianamente.Circula en redes una lista que lo exhibe con crudeza. Se identifican con socialismo en Estados Unidos:

• Retiro y salud: Seguro Social, Medicare, Medicaid y la Administración de Salud para Veteranos.

• Servicios públicos: escuelas, bibliotecas, bomberos, policía, parques, carreteras, transporte público, agua potable y drenaje, recolección de basura, aeropuertos y puertos, el Servicio Postal, el Servicio Meteorológico, presas y control de inundaciones, eléctricas municipales y autoridades públicas de energía, y hasta las tiendas estatales de licores.

• Red de protección: seguro de desempleo, compensación por accidentes de trabajo, vivienda pública, cupones de alimentos (SNAP, WIC, TANF), ayuda para pagar la energía del hogar, los créditos fiscales por ingreso del trabajo y por hijos, y la ayuda federal en desastres.

• Apoyo a la economía privada: subsidios y seguros agrícolas, préstamos a pequeñas empresas, garantías hipotecarias federales, préstamos estudiantiles y el seguro de depósitos bancarios (FDIC).

• Y, por supuesto: las Fuerzas Armadas.

La lista remata con una advertencia: cuidado con lo que pides.

No todo esto es obra demócrata. Fue Eisenhower quien construyó las autopistas interestatales, y Gerald Ford, quien firmó el crédito fiscal por ingreso del trabajo. Ningún economista serio llamaría socialismo a la policía o al Pentágono. El Estado de bienestar estadounidense es una obra bipartidista de casi un siglo, y cada vez que los demócratas proponen ampliarlo —Medicare para más personas, vivienda accesible, cuidado infantil— el trumpismo lo ha bautizado como «socialismo». El votante empieza a advertir que la palabra no describe ninguna revolución con antorchas tomando el Palacio de Invierno con Vladimir Lenin a la cabeza, sino algo más simpleparecido a las políticas de bienestar europeas: Seguro Social en Salud y la consulta de su madre pagada por Medicaid.

Según Gallup, el 43% de los estadounidenses tiene hoy una imagen positiva del socialismo, la cifra más alta en dieciséis años de medición; entre los menores de 35 años, la mayoría ya lo ve con mejores ojos que al capitalismo. Obvio, el capitalismo conserva más aprobación, y en el sondeo de NBC la opinión negativa sobre el socialismo todavía duplica a la positiva. Pero elmiedo se ha diluido. lo que la gente más asocia con «socialismo» es la salud universal y la universidad gratuita. Aspiraciones concretas, no gulags.

Michigan es el laboratorio. Abdul El-Sayed, médico progresista respaldado por Bernie Sanders y defensor de Medicare para todos, ganó la primaria demócrata al Senado en un estado que Trump conquistó en 2024. Hace cinco años lo habrían descartado por «socialista». Hoy llega a la víspera con ventaja sobre el republicano Mike Rogers: la encuesta de Mitchell Research para CBS Detroit le da siete puntos, y el promedio de RealClearPolitics, unos dos. En el mismo estado, la demócrata Jocelyn Benson aventaja por seis en la carrera por la gubernatura, según Marist.

Alexandria Ocasio-Cortez, popular rostro nacional del socialismo democrático y probable contendiente por la candidatura a la presidencia por el Partido Demócrata, busca la reelección en Nueva York mientras recorre el país en apoyo de candidatos a la Cámara de representantes, y ya encabeza algunos sondeos rumbo a 2028. Para ella, el triunfo de El-Sayed confirma una renovación generacional. Nueva York, además, ya tiene un alcalde socialista democrático, Zohran Mamdani.

Los demócratas aventajan por entre seis y nueve puntos en la preferencia genérica para el Congreso, mientras que la aprobación de Trump cayó en octubre a un mínimo de 31% en el sondeo Reuters/Ipsos. Con una Cámara de Representantes en disputa, un Senado de 53 a 47 y decenas de gubernaturas en juego, el desgaste de la palabra socialismo en boca del trumpismo puede costarle caro.

Las elecciones no se deciden por una sola causa: pesan la economía, la impopularidad presidencial, su corrupción, la crueldad de su política migratoria y la participación. Pero algo cambió. Durante años, «cuidado con lo que pides» fue la amenaza de la derecha contra quienes pedían más Estado. Hoy la frase se ha volteado: un fantasma recorre la elección norteamericana, el fantasma del socialismo democrático que busca el Medicare.

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