noviembre 1, 2026

Cuauhtémoc Cárdenas 

Vito SainT Germain

Cuando un líder se equivoca, se hace responsable de sus actos y consecuencias. Ofrece una solución y corrige. Retrocede pero avanza. Reconoce, no miente, no se escuda en otros y construye una nueva y mejor solución. Eso hace un líder. El comportamiento de quienes en un cargo directivo de alto nivel evaden los problemas y errores que comenten, buscando culpables en otros, haciéndose a un lado, tratando de esquivar el bulto que ya cargan, para luego vestirse de víctimas inocentes, no corresponde al de un líder, el liderazgo, ante todo, requiere asumir responsabilidad.  

Cuauhtémoc Cárdenas fue un líder, ejemplo de honestidad y nobleza, aguantó de todo, y continuó, un verdadero quijote de la democracia mexicana. En el futuro será reconocido como un héroe de estos tiempos. Un privilegio haberle conocido y ser contemporáneo de le época en la que él luchó.

Al mismo tiempo, en un juego paradójico del destino, la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE puso a Morena frente al espejo que representa estilo de liderazgo practicando por Cárdenas. Morena escogiendo el deslinde, la victimización, el “yo no fui” fue ¡Lorenzo!, es que los malos ya estaban ahí (¿Y por qué si eran tan malos mantuviste sus contratos?). Los dirigentes morenistas, santos varones, no asumen su responsabilidad.

Los hechos son tercos. Taddei llegó al Instituto por tómbola, pero su nombre entró a la quinteta que escogieron un grupo de afines a Morena, el nombramiento fue celebrado desde Palacio Nacional. En 2024, la mayoría morenista reformó el artículo 45 de la LGIPE para que la consejera presidenta designara por sí sola a directores ejecutivos y titulares de unidades técnicas, sin pasar por el Consejo General. Cuando seis consejeros acudieron a la Corte, Morena quiso elevar esas facultades a rango constitucional. Con esos “superpoderes”, Taddei hizo 17 nombramientos; entre ellos, el de un apoderado de una empresa proveedora como director de Administración. Después vinieron los bochornosos videos que la muestran, a ella y a familiares, demasiado cerca de un contratista. Hoy está bajo investigación y le asiste la presunción de inocencia, pero la responsabilidad política de quien le quitó los contrapesos no admite presunción alguna: está documentada.

Y, sin embargo, Morena se lava las manos. Más que a Pilatos, el partido recuerda al apóstol Pedro en el patio del sumo sacerdote negando a Jesús de Nazareth tres veces. Salvando toda distancia —Taddei no es ningún mesías—, la escena se parece: mientras se llevan preso al maestro, el discípulo jura no conocerlo. Primera negación: sus legisladores repiten que Taddei “no es del partido”. Segunda: la dirigente Ariadna Montiel declara que lo ocurrido en el INE no es responsabilidad de Morena ni de partido alguno. Tercera: la misma Montiel y la presidenta Claudia Sheinbaum piden que se investigue también a Lorenzo Córdova, como si eso absolviera el pecado propio. El gallo ya cantó y Pedro, al menos, salió y lloró amargamente. Morena no.

Contrasta esa conducta con la de Cuauhtémoc Cárdenas. En 1988, despojado de una elección que millones creyeron suya, pudo incendiar al país; prefirió encauzar la indignación en un partido y en la lucha institucional. En 2014, cuando el alcalde perredista de Iguala quedó ligado a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Cárdenas no culpó a la “mafia del poder” ni a los medios. 

Pidió públicamente la renuncia de toda la dirigencia de su propio partido y, al no ser escuchado, renunció de forma irrevocable al PRD que él mismo había fundado. Asumió que la mancha era de casa. No se victimizó: se fue. Ayotzinapa fue el detonante, no la única causa. En la carta de renuncia, sin embargo, no culpó solo a Ayotzinapa. Escribió que mantenía profundas diferencias sobre cómo enfrentar los problemas internos del partido. Además, se quejó de años de desviaciones y claudicaciones de las dirigencias anteriores, en referencia a la corriente de Los Chuchos.

¿Por qué ese hombre, padre político de la izquierda mexicana, nunca militó en Morena, pese a las invitaciones de López Obrador? Porque las diferencias fueron siempre de método. Cárdenas construyó con reglas órganos colegiados y deliberación; López Obrador, un liderazgo personal que no admite contrapesos. Cárdenas defendió las instituciones autónomas; el obradorismo las ha debilitado o capturado, el INE de Taddei es el ejemplo más reciente. Cárdenas criticó la salida de López Obrador del PRD en 2012, objetó que la Guardia Nacional pasara a control militar y ha dicho que Morena no es de izquierda ni su fundador es cardenista. Cuando Morena en la presidencia en 2018 publicó una ilustración con héroes nacionales, Madero, Hidalgo, Morelos y el propio Lázaro Cárdenas entre otros, le preguntaron a Cuauhtémoc ¿quién de los políticos actuales puede estar en ese recuadro? Lacónicamente respondió: no veo a nadie que puedo ocupar ese lugar.  Cuando en 2023 se asomó a un foro plural de reflexión, el entonces presidente lo llamó “adversario”. Quien exige lealtad incondicional no sabe convivir con un hombre libre.

 Ahora queda más claro por qué nunca se afilió a Morena. Cárdenas dio la cara aunque le costara su casa política. Morena, que le construyó a Taddei la suya ladrillo a ladrillo, hoy jura no haberla promovido, la desconoce.

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