MORENA RUMBO A 2027:
EL COSTO DE LA CREDIBILIDAD PERDIDA
De la promesa de no mentir y no robar al grito de «fuera Sheinbaum, fuera Morena»
«No mentir, no robar, no traicionar al pueblo.» — Andrés Manuel López Obrador
Visto lo visto, el chiste se cuenta solo.
LA CREDIBILIDAD PERDIDA
Morena llega a 2027 con una presidenta bien evaluada por los encuestadores y rechazada en las plazas
públicas al grito de «fuera Sheinbaum, fuera Morena». Las dos cosas conviven, y quien lee el país sólo por
las encuestas ve la mitad del cuadro.
La Cuarta Transformación se fundó sobre una promesa moral antes que programática: no mentir, no robar,
no traicionar al pueblo. Esa promesa era su capital político verdadero, el que le permitió absorber errores
de gobierno sin pagar costo.
Durante el sexenio de Sheinbaum, ese capital se agotó. No por una sola falla, sino por acumulación: el
huachicol fiscal, La Barredora, el gobernador de Sinaloa acusado en Nueva York de trabajar para Los
Chapitos, y una cúpula que respondió a cada señalamiento exigiendo pruebas a otros en lugar de darlas.
Lo más corrosivo no fue la corrupción, sino la ostentación. El partido de la austeridad republicana exhibió
a sus figuras en hoteles de lujo en Tokio, en vuelos de primera clase a Europa, en vacaciones en Madrid y
Lisboa, en residencias imposibles de explicar con un sueldo público.
La familia del fundador y su círculo más cercano quedaron en el centro de esa percepción. No hay
sentencias, pero el país dictó su veredicto antes que la Fiscalía: en la conversación pública, la 4T dejó de
ser el movimiento contra el robo para volverse sospechosa del mismo robo que denunciaba.
El síntoma está en la calle. Ese grito se repite en marchas, estadios y plazas que hace dos años eran
territorio oficialista. Las encuestas de aprobación no los acallan porque miden otra cosa: miden la
transferencia que llega cada bimestre, no la confianza. Un ciudadano puede aprobar el apoyo que recibe
y despreciar a quienes lo administran. Esa brecha entre aprobación y credibilidad es el dato político central
de 2027.
La pregunta de este ensayo no es si Morena gana 2027. Lo más probable es que conserve la mayoría
simple. La pregunta es qué combinación de debilidades y agravios puede costarle la mayoría calificada, y
cómo se daría.
1.LAS DOS CAPAS DEL VOTO
El voto de Morena tiene dos capas, y 2027 se decide en la segunda. La primera es el piso duro: clientela
de programas sociales, identidad obradorista y estructura territorial. La elección judicial lo midió con
precisión de laboratorio: unos 13 millones de votantes, movilizados sin candidato, sin entusiasmo y sin
competencia. Ese es el núcleo que sale pase lo que pase.
La segunda es el voto contingente: los más de 20 millones adicionales que llegaron en 2024 por el arrastre
de la candidata, el rechazo a la oposición y la expectativa económica. Ese voto no es leal. No se pasa al
adversario cuando se decepciona; simplemente se queda en casa. Y es precisamente el voto que más
resiente la pérdida de credibilidad, porque nunca fue ideológico: fue un voto de confianza.
LO QUE TODAVÍA SOSTIENE A MORENA
Morena conserva cuatro ventajas estructurales, y ninguna depende de su credibilidad.
No hay alternativa nacional. La oposición no tiene marca ni liderazgo. Gana sólo donde tiene
aparato propio: el PRI donde gobierna, MC en lo municipal urbano. Eso le asegura a Morena la
mayoría simple casi por omisión.
El gasto social. Es lo único del gobierno que la población aprueba sin reservas. En año electoral se
amplía y llega casa por casa, con operadores que recuerdan quién lo da y la amenaza de quién lo
quitaría.
La concurrencia con 17 gubernaturas. Eleva la participación y premia a quien tiene estructura.
Morena gobierna la mayoría de esas entidades.
La sobrerrepresentación. Con alrededor de 40% del voto propio y sus aliados, el sistema le convierte
votos en curules muy por encima de su porcentaje.
LO QUE LA DEBILITA
Sin Sheinbaum en la boleta, la elección es un referéndum sobre gobernadores y alcaldes. Ahí
Morena no tiene la aprobación de la presidenta; tiene la de sus gobiernos locales, que es mucho
menor. Cada estado mal gobernado es un distrito en riesgo.
Los aliados ya no son satélites. Morena le dio al Verde lo que pidió y dejó al PT sin una sola
gubernatura. El PT no puede ganar solo, pero puede hacer perder: en un distrito cerrado, el 3 o 5%
que se va por su cuenta basta para voltear el resultado. Y sin la coalición no hay mayoría calificada.
La selección de candidatos dejó heridos. Cada coordinador designado produjo un aspirante
derrotado con estructura propia. Las miles de candidaturas por repartir sirven para comprar la paz,
pero abren otra ronda de inconformes.
La economía. Si se frena, el voto contingente pierde su última razón para salir a votar.
2.Los resultados recientes confirman el patrón. Donde Morena gobierna y opera, retiene. Donde enfrenta
un aparato ajeno, pierde: Durango en 2025, Coahuila en 2026, donde una oposición sin prestigio nacional
le dobló la votación. Y cuando no hay candidata que arrastre, el voto no sale, como mostró la elección
judicial.
CORRUPCIÓN Y OSTENTACIÓN: DÓNDE PEGAN
La corrupción no derrotará a Morena por transferencia de votos. La erosionará por abstención y por
fractura. Opera en tres niveles, y cada uno daña de forma distinta.
La cúpula y la familia. Los señalamientos por huachicol fiscal y La Barredora tocan al primer círculo del
fundador: a su operador político de toda la vida y a su hijo. El voto duro los procesa como guerra de la
derecha. El daño es otro: esos mismos hombres conducen la operación electoral de 2027. Uno dejó la
coordinación del Senado para dedicarse a las candidaturas; el otro busca una diputación. El señalado no
se va: se vuelve candidato u operador.
La ostentación. Pesa más que el expediente, porque no necesita prueba. Un vuelo en primera clase, una
suite en Tokio o una casa que no cuadra con la declaración patrimonial se entienden sin abogados. Para el
votante de bajos ingresos, que es la base de Morena, la ostentación es la traición más legible: confirma
que los que pidieron austeridad no la practican.
Los gobernadores ligados al narco. Es el nivel más peligroso, porque el calendario lo controla Washington.
Una acusación nueva, una extradición o un testigo cooperante en plena campaña no se contienen desde
la mañanera. Y convierten el tema en seguridad nacional, no en propaganda opositora.
El mecanismo de daño es simple. El votante contingente no se pasa al PRIAN, que carga su propio
desprestigio. Se queda en casa. Y cuando se queda en casa, el piso duro de Morena compite cuerpo a
cuerpo contra el aparato de quien gobierne el estado. Ahí pierde.
El dilema de Sheinbaum es que depurar fractura al bloque obradorista, que controla estructura y
candidaturas, y proteger le traslada el costo a ella. Hasta ahora ha elegido aplazar. Ese aplazamiento tiene
intereses, y vence en junio de 2027.
LOS AGRAVIADOS
Hay que separar a los agraviados en dos grupos: los que ya están fuera de la base de Morena y los que
todavía están dentro. Los segundos son los peligrosos.
Fuera de la base. Las clases medias urbanas y los profesionistas, agraviados por la inseguridad, la inflación,
la reforma judicial y el estilo autoritario. Ya castigaron en 2021, cuando Morena perdió media Ciudad de
México sin que la oposición tuviera buenos candidatos. Con ellos, los pequeños y medianos empresarios,
asfixiados por la extorsión. Su voto anti-Morena ya está casi asegurado, pero hay que llevarlo a las urnas.
Dentro o al borde de la base. Aquí cada desertor le cuesta doble a Morena: un voto menos y un
movilizador menos.
Maestros y trabajadores del Estado, por pensiones, ISSSTE y USICAMM. Son estructura histórica de
la izquierda en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán.
3. Trabajadores y usuarios de la salud pública, por el desabasto de medicamentos y el desorden del
sistema. Es el único agravio que contradice de frente el discurso del bienestar, y pega a la misma
población que recibe los programas.
Productores del campo y transportistas, por precios insuficientes y extorsión en carreteras.
Rompen el mito del México rural como territorio seguro.
Víctimas de la violencia: buscadoras, familias de desaparecidos, comunidades bajo control criminal.
Es el agravio con más carga moral y el más difícil de descalificar.
Jóvenes, que no reciben el grueso de las transferencias, enfrentan empleo precario y no tienen
memoria del PRIAN. Votan poco, pero con volatilidad y gran capacidad de contagio.
SI SE MOVILIZAN, SIN IMPORTAR LOS CANDIDATOS
El candidato importa menos de lo que se cree. En una intermedia, el voto de castigo es un voto contra
algo, no a favor de alguien. 2021 lo demostró en la capital. La variable crítica no es la calidad del opositor,
sino la coordinación: que el voto anti se concentre en una sola opción por distrito. Repartido entre PAN,
PRI y MC, Morena gana con 38%. Concentrado, Morena pierde distritos donde todavía tiene 45%.
La aritmética de la Cámara. La mayoría calificada es frágil por construcción: depende de la
sobrerrepresentación y de los aliados. Basta una caída de 5 a 7 puntos en la coalición, con el voto anti
concentrado, para perderla. Perder la mayoría simple exige más: una caída de más de 10 puntos y alta
participación de los agraviados. Es improbable, pero ya no imposible.
Las gubernaturas. Son más vulnerables que la Cámara, porque hay una sola boleta y un solo opositor
fuerte. Donde el gobernador está señalado o gobernó mal, la movilización de los agraviados de la base
puede voltear el resultado aunque el candidato opositor sea mediocre.
El encuadre se rompe. La respuesta habitual de Morena es llamar «conservadores» a quienes protestan.
Funciona contra las clases medias y los empresarios, y hasta polariza a su favor. No funciona contra
maestros, médicos, campesinos, buscadoras y jóvenes de colonias populares. Si la protesta viene de abajo
y grita «fuera Morena», la descalificación o la represión cuestan el triple.
El límite: la violencia. En los territorios bajo control criminal, los más agraviados son los que menos pueden
expresarse. Ahí el voto no lo decide el agravio, sino quien controla el territorio. Eso protege a Morena justo
donde, en condiciones libres, perdería, y es el factor que más distorsiona cualquier cálculo. La huella que
deje en 2027 engrosará los expedientes que las autoridades estadounidenses acumulen para 2030.
LA ARITMÉTICA DE LOS DOS TERCIOS
La mayoría calificada es 334 de 500 diputados. En 2024 la coalición la obtuvo con holgura: alrededor de
54% del voto, más de 250 de los 300 distritos y la sobrerrepresentación que le dio el reparto de
plurinominales entre tres partidos. Para quitársela, a la oposición le bastan 167 curules.
Esa cifra se alcanza con desgaste, no con derrota. Como orden de magnitud: si la coalición cae de 6 a 9
puntos, a la franja de 45 a 48%, y la oposición le gana entre 30 y 40 distritos, los dos tercios se van. Cada
distrito perdido cuesta doble: resta una curul de mayoría y reduce el colchón de sobrerrepresentación.
4.Perder la mayoría simple exige mucho más: una caída superior a 10 puntos y alta participación de los
agraviados. Es improbable, pero ya no imposible.
La mayoría calificada es frágil por construcción. Depende de la sobrerrepresentación y es la suma de tres
partidos; basta que uno se mueva para que se rompa. Y si la reforma electoral cambia las reglas de las
plurinominales antes de 2027, el umbral se mueve con ella.
DOS TABLEROS: LA CÁMARA Y LOS CONGRESOS LOCALES
Una reforma constitucional necesita tres llaves: dos tercios en la Cámara de Diputados, dos tercios en el
Senado y la aprobación de la mayoría de los congresos locales, 17 de 32. El Senado no se renueva en 2027;
la coalición conserva lo que ganó en 2024, en el filo de los dos tercios y con bajas como la de Inzunza. La
disputa de 2027 es por las otras dos llaves.
La Cámara de Diputados. Se renueva completa: 300 distritos y 200 plurinominales. Es la llave más
vulnerable, por la aritmética descrita arriba. Si se pierde, la mayoría calificada desaparece sin importar lo
que pase en los estados.
Los congresos locales. Se renueva la gran mayoría de ellos, en la misma boleta que las diputaciones
federales y las gubernaturas. Aquí la elección es todavía más local que la federal: pesan el gobernador, los
alcaldes y los liderazgos de cada distrito, no la presidenta.
Es el terreno donde el aparato ajeno le ganó a Morena en Coahuila, y donde los agraviados de la base,
como maestros y campesinos, operan con más fuerza. También es donde el PT y el Verde tienen más
incentivos para ir por su cuenta, porque una curul local se negocia mejor que una federal.
Perder 16 congresos locales es improbable; Morena controla hoy una mayoría amplia de ellos. Pero el
daño local no se mide sólo en la llave constitucional. Un congreso perdido le quita al gobernador de
Morena el control del presupuesto, de las cuentas públicas y de los nombramientos, y le entrega a la
oposición una plataforma para 2030. Y cada congreso donde Morena pierde la mayoría absoluta lo obliga
a negociar con sus aliados, que cobran caro.
Los dos tableros se mueven juntos. Las mismas combinaciones que voltean distritos federales voltean
distritos locales, y en sentido inverso: el inconforme local que se va con el PT arrastra votos en la boleta
federal del mismo distrito. Por eso la elección local no es un apéndice de la federal, sino su mecanismo de
transmisión.
LAS COMBINACIONES QUE LA ROMPEN
Ninguna debilidad sola basta. Lo que rompe los dos tercios es la coincidencia de una debilidad de Morena
con un agravio que la activa. Hay cuatro combinaciones plausibles, de más a menos probable.
Abstención del voto contingente + PT por su cuenta. Es la combinación más probable, porque no
requiere que nadie se pase a la oposición. La pérdida de credibilidad deja en casa al votante que
llegó en 2024 por confianza. El PT, resentido por quedarse sin gubernaturas, postula por separado
en distritos cerrados. En cada uno, Morena pierde entre tres y cinco puntos de un lado y la
participación de su votante blando del otro. Es suficiente para voltear decenas de distritos sin que
la oposición crezca un voto.
5. Base agraviada del sur + gobernadores señalados. Maestros, trabajadores de la salud y campesinos
en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán dejan de operar para Morena o votan en su contra. Se
suma el desgaste de gobernadores mal evaluados o tocados por el narco. Esa región le dio a Morena
sus distritos más seguros; perder ahí no es perder márgenes, es perder plazas.
Golpe externo + ostentación. Una acusación o extradición desde Estados Unidos contra una figura
nacional en plena campaña convierte la corrupción en el tema de la elección. La ostentación de la
cúpula le da imágenes al voto anti Morena. Ese relato moviliza a jóvenes y clases medias urbanas,
que concentran su voto en el opositor con más posibilidades de cada distrito.
Voto anti concentrado. Sin alianza formal, el electorado hace la coordinación que los partidos no
hacen: vota por PAN, PRI o MC según quién pueda ganar ahí. Es la menos probable, porque exige
un electorado opositor disciplinado, pero es la que más distritos voltea.
La regla práctica: con la primera combinación, Morena queda en el filo de los dos tercios. Con la primera
y cualquier otra, los pierde.
CÓMO SE DARÍA
La pérdida de los dos tercios no ocurriría en junio, sino a lo largo de una secuencia que empieza ahora.
Otoño e invierno de 2026: el reparto. Morena define miles de candidaturas a diputaciones y
alcaldías. Cada designación deja un inconforme con estructura. Si los derrotados de las gubernaturas
no reciben compensación, se van con el PT, con MC o se quedan quietos el día de la elección.
Enero a marzo de 2027: la coalición se decide. El PT y el Verde registran sus candidaturas. Si el PT
va solo en una docena de estados, el primer eslabón está puesto.
Primavera de 2027: la calle. Si en estos meses coinciden marchas de maestros, médicos y
campesinos con el grito de «fuera Sheinbaum, fuera Morena», el agravio de la base se vuelve visible.
El gobierno tendrá que elegir entre descalificar o ceder, y ambas cosas cuestan.
Abril a junio de 2027: el calendario de Washington. Un movimiento judicial en Estados Unidos
durante la campaña no se controla desde México. Es el eslabón que puede convertir un desgaste
local en un relato nacional.
Junio de 2027: la composición de la participación. No decide cuántos votan, sino quiénes. Si sale el
piso duro y no sale el voto contingente, mientras los agraviados sí salen, el resultado se define
distrito por distrito, y la coalición pierde los dos tercios aunque gane el voto nacional.
CONCLUSIÓN
Perder la mayoría calificada pasó de escenario de riesgo a desenlace probable. Para eso no hace falta un
cambio de ánimo nacional ni una oposición renovada. La abstención del votante blando y la desbandada
de un aliado, dos procesos que ya están en curso, dejan a Morena en el filo de los dos tercios. Lo que la
empuja del otro lado es cualquiera de los tres detonantes restantes: la base agraviada del sur, un golpe
desde Washington o el voto anti concentrado. No tienen que coincidir los tres. Basta uno, y los tres tienen
fecha en el calendario de 2027.
6.La derrota se decidiría en la Cámara, pero se fabricaría en los congresos locales: ahí es donde el
inconforme, el aliado resentido y el agraviado de la base pesan más, y desde ahí contaminan la boleta
federal del mismo distrito.
La causa de fondo es una sola: la pérdida de credibilidad. El movimiento que nació contra el robo y la
soberbia es percibido hoy como dueño de ambos. La aprobación de la presidenta en las encuestas disimula
el problema, pero no lo compensa: sostiene el piso, no el techo. Y los dos tercios están en el techo.
La variable decisiva es la participación de los agraviados. Ya ocurrió. En 2021, en la Ciudad de México que
gobernaba Claudia Sheinbaum, el aumento de la participación de las clases medias y de los jóvenes rompió
las previsiones de las encuestadoras.
Morena perdió nueve de las 16 alcaldías y la mitad poniente de la capital, en una elección que los sondeos
daban por ganada. No hubo un candidato opositor que lo explicara; hubo un electorado agraviado que
salió a votar.
Ese escenario se puede repetir a escala nacional, y en condiciones peores para Morena. En 2021 el agravio
era urbano y de clases medias. En 2027 se le suman agraviados que eran base del movimiento: maestros,
trabajadores de la salud, campesinos, víctimas de la violencia, especialmente las mujeres. Y la encuesta
tiene el mismo punto ciego que entonces: mide la aprobación de la presidenta, no la disposición de los
agraviados a salir. Si salen, las previsiones vuelven a fallar, y esta vez en los 300 distritos.
Si la base agraviada se moviliza y el voto anti se concentra por distrito, 2027 puede parecerse menos a
2021 y más a 1997, cuando el partido hegemónico perdió la Cámara. El indicador estará en la calle y en el
registro de candidaturas del PT, mucho antes que en las encuestas.
En una intermedia, el voto pone o quita contrapesos; el gobierno ya está electo. En 1997 bastó que un
electorado cansado decidiera que el poder necesitaba un límite. La pregunta de 2027 es la misma, y la
respuesta ya no depende de las cúpulas ni de las encuestadoras.
Al final, la decisión no está en las cúpulas ni en las encuestadoras, sino en los ciudadanos. La oposición no
ofrece un proyecto que entusiasme, y esperar a que lo ofrezca es condenarse a otro sexenio de lo mismo.
En una intermedia, el voto no elige un gobierno: pone o quita contrapesos.
Quien esté agraviado no necesita creer en el candidato de enfrente; le basta con olvidarse de quién está
en la boleta y votar por cualquiera que no sea de Morena. Así se perdió la hegemonía en 1997, y así se
puede perder en 2027.
