octubre 11, 2026

“Mi vida… en cachitos” es el título del libro que Jorge Américus escribió y recién publicó. Al terminar de leerlo le escribí: “He gozado, enorme, la lectura de tu libro. Cada uno de los episodios de tu vida narra tu personalidad, temperamento, carácter, tu congruencia, pasión, determinación, tu amor por los tuyos y lo tuyo. En los proyectos que has emprendido expones tus capacidades de entrega, de dar lo mejor de ti, y la exigencia de respeto, de congruencia en los demás. Esa constante voluntad de saber dar, incluso más de lo que recibes, es ejemplar. Tu vida es única y no puedes trasferir a otros algún capítulo de tu biografía. La has vivido a tope. Y celebro a tus 84 años tengas gasolina en el tanque. Me consta -al compartir algunas batallas contigo para recuperar niveles democráticos a México en últimos años-, la pasión que sigues imprimiendo en lo que crees. Discrepo de algunos criterios, pero tu honestidad se expresa inquebrantable. He reído muchísimo, a carcajada abierta. También me estremecieron algunas viñetas. Me han reconfortado otras por tu espíritu indomable, o tu capacidad de perdonar y de disculparte…”.
Sus sentidos del honor y del humor impregnan memorias. Lean su libro, adquirible vía Amazon. No escribiré hoy del contenido; si de algunos “cachitos” omitidos.
Conocí a Jorge el miércoles 1° de mayo de 1996, a las 19:15 horas (apunté en mi agenda, las llevo desde 1972), en reunión convocado por el alcalde de Irapuato, José Aben Amar González. Mi hermana Lolita era regidora del ayuntamiento, integrante de la Comisión de Desarrollo Urbano; exigió las áreas de donación del fraccionamiento San Antonio de Ayala cumpliera con requisitos de ley, que la empresa de Jorge, UBSA, construía. El residencial, único en su tiempo, fue el desarrollo habitacional con mayor plusvalía, referente en la región.
Al tiempo, UBSA me convocó a sus fiestas de fin de año. Luego me invitó a algunas subastas de su ganado en Veracruz, tocando base en Tampico. Acudían postores de uno y otro lado del Rio Bravo, y yo con miles de celebrantes. Bonanza compartida bien.
Con Jorge escalamos capacidades de indignación. Para responder a las amenazas de la ingeniería de libertades y derechos, de contrapesos del poder y cimientos de civilidad, construida por generaciones, con Hugo Villalobos, José Ángel Córdova, y otros, determinamos qué haceres, como apoyar a Margarita Zavala para ser candidata de solvencia moral a la presidencia de la república, frente a Obrador. Perdimos. Marchamos juntos para defender al INE, al Poder Judicial autónomo, o a pedir el voto por Xóchitl Gálvez, en la marea rosa. Un día, entregando Jorge volantes en medio de vehículos en tránsito, frente al estadio de futbol, le sugerí no arriesgar el físico así.
Comí con Jorge antier. Me preguntó con cuáles de sus criterios discrepo. Entre los que le mencioné, le dije fue no mentarle la madre al gobernador Corrales Ayala, el día que a Fernando Barba y a él los citó en su oficina para, luego de reconocerles su liderazgo en obras inhibidoras de más secuestros (dos ciudadanos habían sido víctimas y provocó miedo), el gobernador les pidió no seguir construyendo casetas: la seguridad es tarea del gobierno, dijo. Los dobló. Me respondió que lo suyo no es hacer política.
Con Jorge ubicamos empresarios de Irapuato que desconocen su misión. Se decían “los siete magníficos”, a los que siguieron otros. Sin mucho hurgar sabemos los hay mediocres, malos patrones, evasores de impuestos, apañándose a los prójimos, hasta a los parientes. Y no se diga de voracidad de obras o proveeduría públicas. Ahora hasta franquicias hay.
Al comparar al gremio empresarial de acá con el de León o Celaya estamos desvalidos. Estos pueden competir ferozmente entre sectores, pero tratándose del bien general, subordinan sus intereses particulares y se unen, con visibles resultados en ámbitos de la vida pública. La miopía local la estamos pagando con desarrollo mediocre.
El auténtico espíritu empresarial, el emprender o iniciar una obra que antes no existía, o conservar y desarrollar lo existente, vinculado a la satisfacción de necesidades humanas, creando y conservando puestos de trabajo bien remunerados, pagando impuestos para contribuir al bien común, capaz de enfrentar los riesgos con energía prudente, satisfecho de emprender, es su misión.
Jorge es rara avis, ser humano excepcional. Y ha sido exitoso. Cómo nos hacen falta más. Espero leer tu siguiente libro pronto, amigo.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *