La aparición del señor de Palenque: ¿una casualidad?

Ahora viene el tejido fino, cerrar los acuerdos con AMLO para mantener el control de los Congresos y para eso reapareció el señor de Palenque. Eso es un problema de quienes juegan el papel de partido hegemónico.
Una vez más, López Obrador aparece para mostrar su irresponsabilidad y atizar la polarización del país; es lo que sabe hacer y de lo que ha vivido.
Se hace presente en una coyuntura crítica, justo en el momento en el que Claudia Sheinbaum acaba, al parecer, de dar muestras de tomar los hilos de su “movimiento”, que no es lo mismo que los de la conducción de la responsabilidad ejecutiva del país. Una cosa es presidir un partido político y otra gobernar para todos.
Hay que reconocer que AMLO diseñó la reconfiguración del Estado, desgraciadamente en un sentido regresivo en términos ideológicos, programáticos e históricos.
No pudo materializar su pretensión durante su sexenio, ya que se encontró con dos escollos: por un lado, los resultados adversos de las elecciones del 2021 y, por el otro, una SCJN que ejerció su autonomía. Pero dejó su legado, el “Plan C”, que fue ejecutado al pie de la letra en los dos primeros años del actual gobierno.
Lo anterior fue reconocido por su sucesora el pasado domingo 27, al cerrar en el Zócalo su gira nacional con el pretexto del Segundo Informe de Gobierno: “Hoy tenemos una nueva Constitución, una norma fundamental acorde con los tiempos de la Cuarta Transformación de la vida pública de México”.
Sostuvo que la actual Legislatura, gracias a su mayoría calificada, se había convertido “en un Congreso constituyente” y había realizado reformas que modificaron de manera profunda la Constitución.
Agregó que en los dos primeros años se había “revertido buena parte” de las reformas del periodo neoliberal que, según ella, habían alejado a la Constitución de 1917 de su sentido social, como si no hubieran transcurrido más de cien años.
El grave problema es que, si esa era la intención, debió convocarse a un referéndum con ese propósito y no recurrir al “asalto” del Congreso —no puede calificarse de otra manera la sobrerrepresentación otorgada gratuitamente por el Tribunal Electoral— para cambiar las reglas de la convivencia social, económica y política construidas por décadas, que, si bien deben ser susceptibles de revisión, merecían un tratamiento democrático y no una imposición sin más.
El análisis de esos cambios y sus consecuencias, muchas que aún no sopesamos, merecen un estudio profundo, pero dejémoslo para estos efectos en que estamos ante la reforma constitucional de mayor calado desde 1917, sin que hubiera mediado una deliberación que convocara a los diversos actores implicados.
En otra ocasión seguiremos abordando este ángulo.
Volvamos ahora a la aparición en escena de López Obrador. Bien se dice que en política no hay casualidades y menos es el caso de alguien como el expresidente, hombre calculador, dado al mensaje simbólico, oportunista y ambicioso, que ya se vio como prócer en las páginas de la historia.
Sin duda enfrenta un gran dilema, reconocer la impecable ejecución de Sheinbaum a costa de su nivel de influencia y su impronta, o bien recordarle que él sigue teniendo mucho que decir sobre lo que hay que hacer, además de cuidar a los suyos.
Ya en otras ocasiones hemos sostenido que entre ellos dos no hay diferencias ideológicas, ni respecto al diagnóstico de la situación del país y, por lo tanto, ni programáticas, pero lo que ahora está en juego es quién gobierna, quién ejecuta el designio y con quién.
Las pasadas nominaciones de quienes serán los candidatos de Morena y sus aliados a las 17 gubernaturas en las próximas elecciones deben leerse en ese entramado.
Al parecer, la presidenta tuvo mucho que ver en todo ello, acordando con los gobernadores en funciones, influyendo para que algunas de sus propuestas fueran consideradas —ha quedado claro que las encuestas son más una fachada que un método—, lo que implicó que cercanos a AMLO fueran desplazados.
Se trata de una reconfiguración de las fuerzas dentro del bloque dominante.
La presidenta está buscando renovar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, y si bien para ello cuenta con el Tribunal Electoral, no quisiera depender sólo de esa instancia.
Así que, al acordar quiénes encabezarán sus listas en las elecciones locales, está cuidando el siguiente paso, las postulaciones a las diputaciones federales, de interés también para quienes continúan en las gubernaturas y para quienes contenderán por esos cargos.
No es menor la consideración de los efectos sobre la conformación de los Congresos locales, necesarios también para la aprobación de reformas constitucionales.
En seis años, Morena y sus aliados pasaron de gobernar 5 a 23 gubernaturas.
Desde 2022 es el partido con más ediles en el país y en uno de cada tres congresos locales cuenta con suficientes representantes para aprobar reformas legales sin negociar con otras fuerzas políticas.
Sí, la presidenta operó en los últimos meses para designar a sus embajadores en los estados; así la 4T confirma su coincidencia con los gobiernos autoritarios al avanzar concentrando el Poder en el Ejecutivo federal, lo que implica también derruir el federalismo. La República federada pasa a ser una metáfora.
Ahora viene el tejido fino, cerrar los acuerdos con AMLO para mantener el control de los Congresos y para eso reapareció el señor de Palenque. Eso es un problema de quienes juegan el papel de partido hegemónico.
Para la oposición y la ciudadanía, estar a la altura de las circunstancias: actuar o dejar pasar.
