septiembre 21, 2026

El apellido Ruffo vuelve a la batalla política de Baja California

El PAN de Baja California acaba de poner sobre la mesa una carta que, por su apellido y por las circunstancias que la rodean, difícilmente pasará inadvertida: Verónica Ruffo Sánchez, hija del exgobernador Ernesto Ruffo Appel, ha sido invitada a participar en el proceso interno para definir la candidatura a la gubernatura de 2027.

Verónica no ha confirmado todavía que aceptará. Ha dicho que lo está considerando y que, si su participación contribuye a construir unidad opositora, no descartaría encabezar el proyecto.

Pero su eventual candidatura tendría un ingrediente inevitable: la situación judicial de su padre.

Ernesto Ruffo se encuentra en prisión preventiva y fue vinculado a proceso por acusaciones relacionadas con contrabando de hidrocarburos y delincuencia organizada. Su defensa impugnó judicialmente esa situación y un tribunal colegiado confirmó una suspensión que, por ahora, frena la apertura del juicio oral mientras se resuelve el amparo. Esto no equivale a una absolución ni determina su culpabilidad o inocencia.

Verónica se ha convertido públicamente en la principal defensora de su padre. Ha denunciado violaciones a sus derechos humanos y sostiene que es un preso político; esas son sus declaraciones y su postura, no hechos judicialmente establecidos.

Aquí aparece la paradoja política.

El caso puede perjudicarla, pero también puede darle una enorme visibilidad.

Puede perjudicarla porque sus adversarios tendrán un argumento sencillo: intentar convertir la elección en un juicio político sobre el padre, aun cuando ella no sea responsable de los hechos que se investigan. También podría obligarla a responder permanentemente por un expediente judicial que no es suyo.

Pero puede beneficiarla porque la defensa de su padre ya le dio notoriedad pública y la colocó en el centro de una causa que sectores del panismo y de la oposición han asumido como propia. La dirigencia panista incluso explicó que Verónica manifestó interés en encabezar esa causa.

El PAN, por tanto, enfrenta una decisión delicada: apostar por el apellido Ruffo como símbolo de su historia opositora o convertir una tragedia familiar en el eje de una candidatura.

Verónica tendría que construir su propia identidad política y demostrar que su proyecto para Baja California va mucho más allá de la defensa de su padre.

Porque una cosa es heredar un apellido con historia y otra, muy distinta, convertirlo en una propuesta política para el futuro.

En 1989, Ernesto Ruffo simbolizó el primer gran triunfo opositor en una gubernatura mexicana. En 2027, su hija podría intentar escribir un nuevo capítulo de esa historia.

Pero esta vez, la batalla electoral estaría inevitablemente acompañada por una pregunta incómoda:

¿El apellido Ruffo será un activo político para el PAN o terminará convertido en el principal campo de batalla de la elección?

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