El masoquismo de la «Asesora de Trump»
La autora cierra su diatriba dictada al vapor con una declaración que pretende sonar a victoria militar: «Conozco muy bien a los misóginos, pedantes, maquiavélicos y soberbios, y sé muy bien cómo manejarlos. Lejos, muy lejos de mí».
Sin embargo, cualquier analista de la psique humana —o cualquiera que haya visto un melodrama de televisión— notará de inmediato que la señora padece un severo y crónico masoquismo político, o bien, un preocupante síndrome de abstinencia de los personajes que jura despreciar.
1. El imán de los «monstruos»
Si de verdad supiera mantener a este tipo de personas «lejos, muy lejos», no estaría compartiendo una mesa de debate con el señor Cerda todas las semanas. Nadie que odie el fuego se sienta voluntariamente sobre las brasas a discutir el presupuesto. Su insistencia en permanecer en el programa demuestra que tiene una adicción patológica a la confrontación con los «pedantes». Le fascina el papel de víctima heroica; necesita al «monstruo» para justificar su existencia en el aire. Sin el señor Cerda para personificar la «maldad», ella se quedaría sin guion.
2. La carta que nadie le pidió
El acto masoquista definitivo es el mensaje en sí. Si alguien te tiene «sin cuidado» y deseas tenerlo «lejos», aplicas la ley de hielo. Bloqueas el número. Te das la vuelta. Pero ella no. Ella se toma la molestia —entre sus múltiples y ocupadísimas labores de supuesta estratega geopolítica— de activar el micrófono de su celular para dictar un ensayo de cinco párrafos. Le regala su tiempo, su energía y su bilis a un hombre que, según ella, «no merece la pena ni siquiera». Si eso no es buscar activamente el castigo y la interacción, la psicología debería cambiar de nombre.
3. El próximo lunes en el mismo canal
La gran paradoja de su «lejos, muy lejos» es que termina con una cita agendada: la promesa de volver a la mesa a «contestarle con todas las letras» y «ponerlo en su lugar una y otra vez». Es el comportamiento clásico del masoquista retórico: te insulto hoy para asegurar que me mires mañana; te amenazo con la distancia mientras me acomodo la silla para estar más cerca de ti en el próximo bloque del programa.
