¡Viva la Independencia… de las encuestas!
En septiembre, México celebra su Independencia. Banderas, campanas, discursos y arengas nos recuerdan que hace más de dos siglos comenzó la lucha contra un poder central que decidía desde lejos el destino de las provincias.
Dos siglos después, algunas prácticas políticas parecen empeñadas en demostrar que la historia tiene un peculiar sentido del humor.
Hoy se habla de encuestas, democracia interna, transparencia y participación de la militancia. Pero cuando llega la hora de conocer quién ganó realmente, el misterio se vuelve más grande que el de la campana de Dolores: nadie sabe exactamente cómo se decidió, quién vio los resultados completos ni por qué algunos aspirantes terminan celebrando mientras otros cuestionan el procedimiento.
La llamada Coordinación Estatal de Defensa de la Cuarta Transformación se presenta como un proceso democrático, aunque para muchos militantes puede parecer más una estación intermedia rumbo a la candidatura oficial. Y ahí comienza la paradoja: se busca evitar actos anticipados de campaña mediante cambios de nombre, mientras la política real se adelanta a la política electoral.
La militancia participa, trabaja, organiza, promueve y defiende al partido; pero la información sobre las encuestas permanece bajo llave. La transparencia se convierte entonces en una especie de caja negra política: todos saben que existe, pero pocos saben qué contiene.
Y mientras las dirigencias nacionales administran el suspenso, los aspirantes se desgastan en los estados. Nuevo León, particularmente, observa el proceso con especial atención. Cada día de incertidumbre aumenta las especulaciones, profundiza las diferencias y alimenta la sospecha de que la decisión final podría depender menos de las bases y más de los acuerdos de la cúpula.
Glosario satírico de la realpolitik tropicalizada
Encuesta oficial: ruleta rusa con imanes, donde el ganador parece venir precargado desde el centro.
Transparencia partidista: caja negra de concreto donde se cocinan los acuerdos internos.
Disciplina partidaria: capacidad de tragar sapos, sonreír para la fotografía y aplaudir al adversario interno.
Militancia de base: quienes ponen las banderas, los votos y la energía, mientras otros reparten las posiciones.
Suspenso calculado: mecanismo mediante el cual los aspirantes se desgastan hasta que terminan aceptando cualquier desenlace.
Hueso plurinominal: premio de consolación para quien perdió la batalla, pero ganó la disciplina.
La Independencia de México nació precisamente contra la concentración del poder y la ausencia de participación real en las decisiones.
Por eso, en pleno siglo XXI, la pregunta incómoda es inevitable: ¿estamos construyendo una democracia interna o simplemente modernizando el viejo arte del dedazo?
Porque cambiarle el nombre a la decisión no necesariamente cambia la forma de ejercer el poder.
Y en política, como en la historia, tarde o temprano las campanas terminan sonando.
