septiembre 3, 2026

TRUMP Y SHEINBAUM EN TRES PALABRAS:

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«COPELA O CUELLO»

Firmeza para los débiles, sumisión para el fuerte:

la geometría del doblez mexicano

«Los fuertes hacen lo que pueden; los débiles sufren lo que deben.» 

— Tucídides, Diálogo de los melios.

LA POLÍTICA DEL DOBLEZ DE LA 4T

En un mitin en Ohio, en 2022, Donald Trump se pavoneó ante sus seguidores ventilando una conversación 

privada de tres años antes. Contaba la visita a Washington, en junio de 2019, de Marcelo Ebrard —

entonces canciller de Andrés Manuel López Obrador— enviado a desactivar una amenaza de aranceles. 

Trump exigió, según su relato, veintiocho mil soldados en la frontera, «gratis», y el programa «Quédate en 

México». Y remató con la frase que lo dice todo: «Nunca he visto a nadie doblarse así.»

Era una bravata de campaña, y el gobierno mexicano se apresuró a responder que no se había doblegado: 

que no aceptó el «tercer país seguro», que negoció «en son de paz». El problema con la frase de Trump 

no es que fuera injusta; es que se volvió profética.

Aquel doblez de 2019 no fue el tropiezo de una negociación difícil: fue el estreno de una doctrina. La 

prueba es que el mismo hombre que cedió ante la primera provocación es hoy el secretario de Economía 

que negocia el comercio con Estados Unidos para Claudia Sheinbaum y la Cuarta Transformación. El 

negociador es el mismo. La postura, también. Solo cambiaron el sexenio y el expediente.

Hay una gramática añeja en la extorsión: «la bolsa o la vida». Trump la tradujo al idioma del comercio y se 

la impuso a México con un imperativo coloquial: copelas o cuello. Afloja, entrega, cede —o te aprieto el 

pescuezo con aranceles.

Desde el inicio del «Segundo Piso» de la Cuarta Transformación, en enero de 2025, cada amenaza 

arancelaria de Washington ha funcionado como una pistola en la sien; cada respuesta de Palacio Nacional, 

como el pago del rescate. Lo que conviene observar, a casi dos años de distancia, no es la coreografía de 

las prórrogas, sino la contabilidad fría: ¿qué ha entregado México y qué ha recibido a cambio? La 

respuesta, sin adornos, es que hemos copelado sin descanso y seguimos con el lazo al cuello.

EL PRIMER PAGO FUE MILITAR

Y fue calcado del libreto de 2019. Febrero de 2025: bastó la amenaza de un arancel del 25% para que 

México desplegara diez mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte a cambio de una tregua 

de treinta días. 

1.Treinta días. Donde AMLO mandó soldados al sur para frenar migrantes, Sheinbaum los mandó al norte 

para frenar fentanilo; el gesto es idéntico, y el precio —un mes de indulto— igual de humillante.

EL SEGUNDO PAGO FUE JUDICIAL

Y es el más grave. El 27 de febrero de 2025, en un operativo relámpago, el gobierno entregó a Estados 

Unidos a 29 capos —Caro Quintero, los hermanos Treviño Morales, Vicente Carrillo Fuentes— no por la 

vía de la extradición, con sus tiempos y sus garantías, sino mediante un «traslado» administrativo que saltó 

por encima del debido proceso. 

En agosto se repitió con 26 más. Para mediados de 2026 la cuenta superaba el centenar de personas 

trasladadas o expulsadas, varias con amparos en curso que simplemente se ignoraron. Se puede celebrar 

que salgan del país criminales de ese calibre. Lo que no se puede es fingir que el momento y la forma 

fueron una decisión soberana y no la moneda con que se pagó una amenaza comercial.

EL TERCER PAGO FUE EL AGUA

El Tratado de 1944 obliga a México a entregar agua del río Bravo en ciclos quinquenales, y en el que 

terminó en octubre de 2025 el país acumulaba un atraso histórico. Bajo la presión de Trump —que llegó a 

cortar entregas a Tijuana como palanca— Sheinbaum prometió «entrega inmediata» a Texas en abril de 

2025 y cerró el año enviando más agua que el requerimiento anual, en plena sequía, trasvasando de una 

cuenca a otra para cumplirles a los agricultores texanos lo que se les regatea a los tamaulipecos.

EL CUARTO PAGO FUE CHINA

En septiembre de 2025 el gobierno envió al Congreso una iniciativa para subir hasta 50% los aranceles a 

1,463 fracciones de mercancías —autos, textiles, acero, calzado, juguetes, muebles— provenientes de 

países sin tratado, con China como destinatario evidente. Entró en vigor el 1 de enero de 2026. 

Se vendió como «Plan México», como política industrial nacida antes de Trump. Pero el calendario no 

engaña: la medida llegó justo cuando Washington exigía a México cerrarle a China la puerta trasera al 

mercado estadounidense, y coincidió con el propio entendimiento Trump–Xi. 

México encareció el costo de vida para su propio consumidor y sofocó su estrategia de diversificación 

comercial solo para alinearse con la contención que Estados Unidos impone a China. Eso no es un Plan 

México: es un plan de Washington ejecutado por la Cuarta Transformación con manos mexicanas.

¿QUÉ OBTUVO MÉXICO POR TODO ESTO?

Nada que se sostenga. Los aranceles de la Sección 232 —el corazón del castigo inicial— siguen intactos: 

25% a los autos ensamblados en México, 50% al acero y al aluminio. 

Y aquí conviene detenerse en la fecha, porque este mismo 2 de septiembre, mientras ese 50% asfixia a la 

siderurgia mexicana, la Secretaría de Economía abrió en el Diario Oficial una investigación antidumping 

contra el acero japonés —una más, tras las que ya cursan contra China, Malasia y Vietnam—. 

2.El contraste lo resume todo: México sí sabe blandir el garrote comercial, lo saca contra Japón y contra el 

sudeste asiático, contra quien no tiene con qué apretarle el cuello a cambio; pero frente al único país que 

de verdad lo estrangula no opone un solo arancel de respuesta. Garrote para los de fuera; sombrero en 

mano ante Washington. 

La revisión del T-MEC arrancó en marzo de 2026 y, al 1 de septiembre, no hay documento firmado: solo 

«avances», «diálogo permanente» y la esperanza de «llegar a un entendimiento». En julio, por si faltara, 

Estados Unidos añadió nuevos gravámenes bajo la Sección 301. 

Las contrapartidas que Washington sí prometió —frenar el tráfico de armas de alto poder hacia los 

cárteles— nunca se materializaron. Y mientras México protestaba por drones de la CIA sobrevolando su 

territorio y por dos agentes estadounidenses muertos operando sin consentimiento, seguía pagando en 

todas las demás ventanillas.

Es el peor negocio imaginable: se paga por adelantado, en efectivo, con soberanía; y a cambio se recibe 

una promesa verbal de que quizá, más adelante, se aflojará un poco la soga.

EL VERDUGO Y EL DOBLADO SIGUEN SIENDO LOS MISMOS

Y aquí reaparece el doblez de 2019, ya sin disfraz. El mismo Ebrard que entonces juraba que México «no 

se doblegó» reconoce hoy que el objetivo ya no es recuperar el viejo libre comercio «porque no tenemos 

el poder para imponerlo», y viaja a Washington a pedir, textualmente, que le «apliquen un descuento» a 

los aranceles. 

No es un lapsus: es la capitulación narrada por su propio protagonista. El negociador ya ni siquiera finge 

que negocia entre iguales; administra la rendición y la llama realismo.

El 1 de septiembre de 2026, durante su Segundo Informe de Gobierno, Sheinbaum lo dijo con solemnidad: 

«la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte», para luego apelar a una «cooperación sin 

subordinación». Son frases rotundas que le valieron el aplauso de pie.

El problema es que la contabilidad de veinte meses las contradice renglón por renglón. La soberanía sí se 

negoció —cada vez que una amenaza arancelaria movió una política interna—; sí se entregó —capos por 

la puerta de atrás, agua bajo coacción—; y sí se compartió —el espacio aéreo con los drones, la política 

comercial con la agenda anti-China de Trump. «Cooperación sin subordinación» es, en los hechos, el 

eslogan que la 4T le pone encima a la subordinación para que no se le vea la cara.

Copelar, en metalurgia, es fundir el metal para quemarle las impurezas y quedarse con lo puro. En esta 

relación se ha copelado, sí, pero al revés: el fuego de la amenaza no ha purificado nada; ha ido 

consumiendo, entrega tras entrega, lo único que le daba a México capacidad de negociar: sus cartas. Se 

juegan una por una, sin exigir que la contraparte muestre las suyas, y sin contrato que las respalde.

Porque ese es el error estratégico de fondo. A un extorsionador no se le paga sin garantías. Cada pago sin 

contrato no compra tranquilidad: enseña. Le enseña que la amenaza funciona, que el pescuezo mexicano 

cede a la primera, y que siempre habrá una ventanilla más —agua, capos, aranceles a terceros, mañana lo 

que se les ocurra— dispuesta a copelar con tal de no sentir el apretón. Así no se termina una extorsión. 

Así se garantiza la siguiente.

3.Trump dijo que nunca había visto a nadie doblarse así. El peligro, a estas alturas, no es que la frase fuera 

un insulto. Es que, entrega tras entrega, la estemos convirtiendo en una simple descripción.

Sheinbaum y Morena no necesitan gritar más fuerte que la soberanía no se entrega: necesitan dejar de 

entregarla a plazos. Mientras la fórmula siga siendo copela o cuello, y sigan eligiendo copelar, el cuello 

seguirá exactamente donde está: en el lazo que ahorca a México

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